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Herb Ritts, el gran renovador del homoerotismo

27 septiembre, 2016
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Celebridades y voluptuosa carne. Con estas palabras podría resumirse la carrera de uno de los fotógrafos más famosos y deseados del planeta, el que condujo a la fotografía publicitaria al estatus de arte y que, siendo un esteta de una pureza clasicista férrea y obsesiva, se convirtió en el gran renovador de los cánones de belleza durante los años ochenta.

Herb Ritts empezó su trabajo casi por casualidad, cuando aquel joven judío de los suburbios de Los Ángeles, destinado a hacerse cargo de la tienda de muebles familiar, comenzó a probar suerte retratando a sus amigos. Tuvo mucha suerte eligiéndolos: primero al modelo Matt Collins, prototipo de la masculinidad en los años 70, que le presentó al columnista de GQ Charles Hix, con el que realizaría su primer libro de moda masculina: Dressing Right: A Guide for Men (1978). Un año antes, con otro amigo, un jovencísimo y aún desconocido actor, había realizado una pequeña sesión en un garaje de coches, con el muchacho vistiendo unos vaqueros y una camiseta. En 1978, cuando Vogue pidió un retrato de este debutante, el propio actor les enseñó la foto. Esa imagen de Richard Gere convertiría a ambos en mito.

Ritts creó con esta foto un canon que hasta él mismo explotaría: hombres sexys en entorno obrero, mecánicos que cargan ruedas, musculados y manchados de grasa, que incluso se comercializaron en pósters para adolescentes hasta bien entrados los noventa. Su falta de pudor para mostrar cuerpos hipersexualizados al modo de inocentes esculturas clásicas se iría construyendo de forma continuada, con fotos cada vez más contrastadas de cuerpos trabajados y pieles brillantes, cargando las tintas en composiciones con elementos armónicos (esferas, penachos, cadenas), líneas corporales subrayadas y un estricto blanco y negro. Richard Gere no sería el único mito que ayudara a crear: nadie conocería hoy a Mark Wahlberg si no hubiera sido por él y su anuncio de Calvin Klein.

Es curioso que en la carrera de Herb Ritts prácticamente no exista un trabajo personal. Todas sus fotos fueron encargos, generalmente de marcas de moda o de revistas. Es curioso porque desde el principio Ritts investigó y coleccionó fotografía y se dejó llevar por los maestros anteriores a él: de Edward Weston tomó ese sentido liberador de la naturaleza; de Avedon y Penn, la férrea objetivación de la moda en imágenes y el exquisito tratamiento del blanco y negro; de Horst P. Horst o George Hoyningen-Huene, el sentido plástico compositivo y la morosidad en el cuerpo masculino, que ya en los noventa se llena de reflejos homoeróticos en sus series de dúos.

Pero Herb Ritts no solo se limitó al desnudo masculino. Sus primeras fotos lo convirtieron en un retratista de fama, y también lo condujeron al mundo de la moda. Él apuntaló el fenómeno de las supermodelos en su retrato conjunto de Stephanie Seymour, Cindy Crawford, Christy Turlington, Tatjana Patitz y Naomi Campbell para Rolling Stone en 1989. Todas ellas, y otras coetáneas o posteriores como Claudia Schiffer o Alek Wek, fueron constantes musas para sus editoriales y sus fotos de campañas. Madonna lo requirió para una de sus imágenes más absolutas, la portada de True Blue (1986), y una Elizabeth Taylor ya anciana para que suavizase su edad en sus campañas para Elizabeth Arden. También realizó vídeos musicales para gente tan dispar como Madonna, Tina Turner, Michael Jackson, Britney Spears o Shakira.

La muerte de Herb Ritts a los 50 años, en las Navidades de 2002, fue un shock. Pilló una neumonía precisamente haciendo su trabajo: quiso aprovechar una tormenta natural en una sesión con Ben Affleck, y a los dos días fue ingresado. Abiertamente gay toda su vida, Ritts nunca confesó públicamente que era seropositivo. Lo que no le impidió ser el mayor apoyo de Liz Taylor en su fundación, o donar constantemente obras para subastas y presentarse en cualquier evento relacionado con la lucha contra el sida. Al publicarse la noticia de su muerte por neumonía, sin decir nada más, muchos activistas vieron otro caso de escamoteo de la realidad –la neumonía era la complicación derivada del VIH que más mortandad causaba– y reprocharon al fotógrafo no haber dado la cara. Hoy sabemos que esto no fue exactamente así, y hasta su representante y amigos cercanos dejaron claro inmediatamente que, si nunca llegó a encajar del todo bien su enfermedad, tampoco trató de ocultarla.


Herb Ritts: en pleine lumière puede visitarse en la Maison Européene de la Photographie (5/7 rue de Fourcy, París) hasta el 30 de octubre. INFO: www.mep-fr.org

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