21/06/2018

La OMS retirará la transexualidad de la lista de trastornos en 2018

3 febrero, 2017
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El colectivo LGTB puede estar hoy de celebración, y es que la Organización Mundial de la Salud descatalogará la transexualidad como enfermedad mental para su próxima actualización en 2018.

Aunque realmente se trata más bien de una ‘celebración a medias’, porque abandonará su lugar en el capítulo denominado “trastornos de la personalidad y el comportamiento” (en el subcapítulo “trastornos de la identidad de género”) para ser incluida en la lista de “condiciones relativas a la salud sexual” y a llamarse “incongruencia de género”.

“Se barajó eliminarlo de la lista pero muchos países solo cubren con las políticas públicas lo que está mencionado en la clasificación. Así que se ha decidido colocarlo en un lugar menos estigmatizante”, señalan algunos miembros de la OMS.

Esperamos que esta situación mejore de una vez por todas, y que se les otorgue a las personas transexuales el lugar que merecen. Algunas figuras transexuales bastante conocidas han manifestado públicamente su disconformidad con este hecho, como por ejemplo Mar Cambrollé, que celebra que “nos saquen del grupo de enfermedades mentales” y reprocha que “se siga situando a las personas trans en una inferioridad validada desde la comparativa de lo que es congruente y lo que no”.

Carla Antonelli, diputada socialista en la Asamblea de Madrid, ha definido estos nuevos acontecimientos como un paso hacia delante, pero opina que “lo ideal hubiera sido incluir una definición que mostrara la transexualidad como una manifestación más de la diversidad del ser humano y reconociera el derecho a la autodeterminación de género”.

Así, la nueva definición de transexualidad para 2018 quedará del siguiente modo: “Una incongruencia marcada y persistente entre el género experimentado del individuo y el sexo asignado, que a menudo conduce a un deseo de ‘transición’ para vivir y ser aceptado como una persona del género experimentado a través del tratamiento hormonal, la cirugía u otras prestaciones sanitarias para alinear el cuerpo, tanto como se desee y en la medida de lo posible, con el género experimentado. El diagnóstico no puede asignarse antes del inicio de la pubertad. El comportamiento y las preferencias de género por sí solas no son una base para asignar el diagnóstico”.

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Shangay

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