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Israel Elejalde: “No pienso en el público”

9 febrero, 2017
Léetelo en 11 minutos

De un tiempo a esta parte, es como si Israel Elejalde figurara en todo lo que merece la pena ser visto, ya sea teatro, cine o televisión. A saber: La función por hacer, Veraneantes, La fiebre, Doña Perfecta, Maridos y mujeres, Gente en sitios, Misántropo, Magical Girl, Carlos, rey emperador, La clausura del amor… Y no parece que en 2017 vayan a cambiar mucho las cosas.

El actor ha inaugurado el año recuperando el Hamlet que Miguel del Arco versiona y dirige. “Sufro cierta esquizofrenia a la hora de estudiarme los textos”, nos cuenta. El de Del Arco es un Hamlet de espadas y pistolas, que se ambienta a caballo entre un siglo XIX conceptualizado y un XX de corte contemporáneo, y que incorpora, como exige la tradición de la compañía Kamikaze Producciones, un número musical que da que hablar. “Con Miguel siempre hay música”, apunta.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo termina un estudiante de Políticas metido a actor?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Había hecho teatro en el instituto y me había enganchado. Pero como no es una profesión precisamente estable y mis padres tenían miedo, me puse a estudiar Políticas porque me gustaba y mi padre había sido político. En tercero de carrera, un compañero me habló de un curso de interpretación en la escuela de William Layton y decidí apuntarme un verano. Ahí me quedé enganchado absolutamente. Lo único que me dijo mi padre era que me lo pagaría él si acababa la carrera. Y así lo hice.

SHANGAY ⇒ ¿Qué opina un licenciado en Políticas de la insólita situación actual y con ex compañeros de facultad en el Congreso?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Yo creía recordar que Juan Carlos Monedero era profesor cuando yo estudiaba, pero el otro día un compañero me dijo que no. Por edad, creo que debían estar por allí, porque yo estuve en la facultad desde el 91 al 96, pero otros me dicen que vinieron después, no lo tengo muy claro. Veo difícil el panorama. Lo que pienso es que después de todas las cosas que se han ido haciendo mal, particularmente después de 2008, se ha producido un cambio en la forma de ver la política. Es una situación problemática porque no tenemos costumbre de pactos y provoca enormes dificultades para formar gobierno. Los intereses de los políticos están por encima de la situación social a la que tienen que responder. Creo que habrá elecciones, si no es en tres meses, en poco más.


“ES NUESTRA LABOR REINTERPRETAR HAMLET, TODOS LO HEMOS VISTO O LEÍDO”


SHANGAY ⇒ Debutaste en el Teatro de la Comedia con la última obra que dirigió Pilar Miró para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, a la que volviste con Hamlet, que antes de estar en el Kamikaze se estrenó allí. ¿Fue un reencuentro nostálgico?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Fue el primer teatro que pisé como profesional. Recuerdo perfectamente el primer día de ensayos y aquella mesa con Pilar Miró y todos los actores alrededor. Fue una experiencia muy buena empezar en la CNTC haciendo El anzuelo de Fenisa, porque conocí a Miguel del Arco. Es inevitable hacer balance y estoy muy satisfecho del viaje que me he pegado. Es un regalo volver a pisarlo con uno de los personajes más grandes que existen en la dramaturgia mundial.

SHANGAY ⇒ Con 42 años, ¿Hamlet te pilla algo mayor?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Me temo que voy a tener que responder a esta pregunta todo el rato… La edad ideal sería en torno a los 30, pero yo, desde luego, con 30 no estaba preparado para afrontarlo, me habría negado. Hamlet empieza la obra con veintitantos y, de repente en el quinto acto, hay un salto temporal y tiene treinta y pico. Hasta el propio Shakespeare juega con la edad. No es algo que me preocupe demasiado, tampoco es lo mismo un hombre de 20 años del siglo XVII que un veintañero de hoy. En España no he visto ningún Hamlet con actores jóvenes. Recuerdo el de Juan Diego Botto, que era un poco más joven que yo, los de Eduard Fernández y Alberto San Juan, que tenían mi misma edad, Blanca Portillo era mayor, Lluís Homar me dijo que lo hizo con 42, José Luis Gómez con cerca de 40 y, en Londres, lo acaba de estrenar Benedict Cumberbatch con 38.


“CON 30 NO ESTABA PREPARADO PARA AFRONTAR A HAMLET, ME HABRÍA NEGADO”


SHANGAY ⇒ Sobre todo porque las nuevas generaciones tienden a ser más ‘peterpanescas’…
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Claro, porque la vida se alarga más. Ahora un actor con 20 ó 30 años está empezando a incorporarse a la profesión. Pero, sobre todo, lo que hay son unas dificultades brutales con el propio texto que te obligan a tener un repertorio como actor para poder afrontar el personaje. Tu edad física no tiene nada que ver con tu edad escénica a efectos de verosimilitud, y no me siento más mayor que ninguno de mis compañeros anteriores. Cuando cumples años, se te cierran ciertos personajes, pero se te abren otros. De todos modos, desde que empecé siempre he interpretado personajes más mayores que yo, por eso siempre he trabajado con barba. Ahora me sucede lo contrario, me quito la barba para hacer personajes más jóvenes.


Israel Elejalde junto a sus compañeros de reparto en Hamlet
 

SHANGAY ⇒ ¿Tienes algún Hamlet de cabecera?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ El de Blanca, que por el hecho de ser una mujer se te queda en la memoria. De las inglesas, me gustan cosas de la de Kenneth Branagh, pero sobre todo la de David Tennant con la Royal Shakespeare Company. Sin querer, hay partes que hacemos igual.

SHANGAY ⇒ Miguel del Arco dice que tiene mucho de suicida enfrentarse a Hamlet. ¿Cómo ha sido esta readaptación?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Miguel siempre hace versiones, que es algo que hay que dejar claro, y siempre es muy respetuoso con los autores. Nos movemos en una época indeterminada y hay una gran reinterpretación del primer acto, que se muestra de una manera muy diferente recolocando el texto de Shakespeare y jugando con los recuerdos. Con el final, intentamos introducirnos en la cabeza de Hamlet con cosas que no queremos desvelar si están sucediendo o están solo en su imaginación. Yo diría que el 95% del texto es de Shakespeare y el resto es un juego de puzle. También creo que es nuestra labor reinterpretar Hamlet, todos lo hemos visto o leído.


“HE TENIDO UNAS DISCUSIONES CON GENTE QUE DECÍA QUE HACÍAMOS LO QUE QUERÍAMOS CON LOS CLÁSICOS…”


SHANGAY ⇒ ¿No hay riesgo de despertar la furia de espectadores indignados, como os pasó con Veraneantes?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ De esos siempre habrá, ya verás cuando empiece el primer acto… He tenido unas discusiones con gente que decía que hacíamos lo que queríamos con los clásicos… Me quedo un poco sorprendido, creo que somos tremendamente respetuosos. No los hacemos exactamente igual, pero el texto de Molière estaba en Misántropo más allá de cuatro cambios o de que estuviéramos en una discoteca. Los clásicos están para jugar con ellos, reinventarlos. Si ellos hacían lo mismo, Shakespeare cogía novelas, obras, cuentos y crónicas de otras personas y hacía un mejunje.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo fue ese primer ensayo del soliloquio ‘Ser o no ser’?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Cuando lo estaba estudiando pensé: “Dios mío, estoy aquí y tengo que hacer algo con lo que todos en esta profesión hemos soñado”. Las dos primeras semanas estuve aterrado, pero me di cuenta de que la mejor manera de interpretar a Hamlet era hacerlo como cualquier otro personaje, mirándolo frente a frente. Si no, te come. Para mi sorpresa, los grandes momentos han sido más fáciles que las escenas de transición, que me han dado más problemas porque Shakespeare se pone complicado y mezcla géneros. El ‘Ser o no ser’, más allá de que todo el mundo lo está esperando, va como un tiro. Sin haberlo reflexionado, ya has estado trabajando en él toda tu vida.

¿Qué tal la experiencia de interpretar La clausura del amor con Bárbara Lennie? Pasa página

SHANGAY ⇒ En La clausura del amor intercambiabas una salvaje batería de resentimientos y odios con Bárbara Lennie. ¿Era para hacer honor al nombre de vuestra compañía, Kamikaze?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Trabajamos en aquello que nos mueve, que muchas veces tiene que ver con una sensación de peligro artístico y vital. Hacer esa obra tan bestia sobre la destrucción de una pareja con tu propia pareja es un reto y algo tremendamente turbador. Al mismo tiempo, nos facilitó mucho el trabajo. No ha sido nada duro, la zona de juegos estaba muy clara. Nos ha venido bien como una especie de juego macabro donde soltábamos nuestras cosas para poner el contador a cero. Y aunque parezca nihilista, Bárbara y yo hablábamos de La clausura como un canto al amor, a la importancia que tiene en tu vida si desaparece, como si te llevara a la muerte.

SHANGAY ⇒ Se extendió la falsa creencia de que su autor, Pascal Rambert, solo escogía a actores que fueran pareja en la vida real…
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Y nosotros lo desmentimos constantemente. Pero es cierto que jugó a favor de la liturgia teatral, lo cual está bien, porque el misterio del espectáculo también hay que generarlo. Esa especie de energía turbadora surgió sola, y a la gente le interesó mucho. Para nuestra sorpresa, el espectáculo fue muy bien recibido y solo hubo unos pocos que no entendieron absolutamente nada y a los que aquello les pareció una estupidez. Porque es verdad que ese tipo de teatro es muy poco habitual en España. Tiene una dinámica muy francesa, es reflexivo e irónico, con un tono intelectual que por momentos roza la pedantería. Y creo que el teatro está para hacer preguntas y sugerir estados, para que el espectador rellene los huecos.


“A BÁRBARA (LENNIE) Y A MÍ SIEMPRE NOS LLAMAN PARA HACER DE PAREJA PERTURBADA”


SHANGAY ⇒ ¿En ningún momento pensasteis que interpretar una obra así podía ser arriesgado como pareja?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ No. Bárbara y yo hemos interpretado a cuatro o cinco parejas y ninguna funcionaba bien. En Veraneantes, Misántropo, Magical Girl… Siempre son horribles y nos llevamos fatal. No es algo que hayamos escogido, a Bárbara y a mí siempre nos llaman para hacer de pareja perturbada. La gente debe proyectar en nosotros ese tipo de comportamientos porque nunca nos han propuesto hacer de una pareja que se ame profundamente y le vaya bien. No nos afecta, es un juego divertido que nos libera después de haber caído en ciertos errores en nuestra vida.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo se os quedaba el cuerpo después de un combate tan feroz?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Destrozados, es la función más dura que hemos hecho en la vida. Era un trabajo casi deportivo y no podíamos hacer nada más durante el día, solo dormir, comer y permanecer en un estado de hibernación para estar preparados y soltar todo aquello a la tarde siguiente. Era una vida de monje para afrontar un cuadrilátero, pero dentro de esa dureza, reconozco que encuentro placer. Hay algo bonito, casi místico, en ello. 

SHANGAY ⇒ Hace un año estabais en plena carrera a los Goya con Magical Girl. Este año tú los viste desde la barrera…
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Nos pasaron cosas muy surrealistas. De las nominaciones nos enteramos al despertarnos porque estábamos en Uruguay, y el día de la gala yo estaba trabajando en un bolo de Misántropo en Torrelavega con una nevada enorme. Tardé diez horas en llegar porque tuve que cambiar de tren cuatro veces. Así que esa fue mi gala de los Goya. Es como si el teatro se hubiera puesto celoso… Al margen de eso, como actor de teatro, para mí fue una enorme sorpresa estar metido ahí, un regalo, un juego. Disfruté muchísimo viendo a Bárbara doblemente nominada y recogiendo un premio.


“EL DÍA QUE NOS VAYA MAL, NOSOTROS LO SABREMOS ANTES QUE EL PÚBLICO”


SHANGAY ⇒ Kamikaze Producciones se ha convertido en una suerte de fenómeno de culto teatral. ¿Os preocupa mantener el listón?
ISRAEL ELEJALDE
⇒ La presión siempre la tenemos, sabemos que está ahí, pero no creo que nos pueda. No pienso en el público, pienso en mí, porque yo no sé lo que piensas tú, no soy omnisciente. Solo tengo un referente: hacer lo que me gusta. Mantengo la esperanza de que si a mí me gusta, habrá gente a la que le guste. Pero no puedo ponerme a trabajar pensando qué es lo que demanda el público, porque el público no existe, es un ente indeterminado. Mi brújula es mi propio pensamiento, y el día que nos vaya mal, nosotros lo sabremos antes que el público. 

SHANGAY ⇒ Hemos llegado al final de la entrevista sin mencionar a Laurence Olivier…
ISRAEL ELEJALDE
⇒ Era un gran actor, pero su versión clásica ya está muy lejos de nosotros. La he revisado por una cuestión historicista, pero hay poca tela que cortar desde mi punto de vista.

Fotos: Miguelangelfernandez.net

HAMLET SE REPRESENTA EN EL PAVÓN TEATRO KAMIKAZE (C/PRÍNCIPE, 14) DE MADRID HASTA EL 5 DE MARZO.

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