26/05/2018

David Delfín: larga es la noche

5 junio, 2017
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Junto al escritor y poeta José Infante, en la sala Villa Rosa de Madrid a principios de los 90

De noche se dio a conocer, de noche le conocí, durante una larga noche realizamos una extensa entrevista y de noche se fue el pasado sábado 3 de junio. Porque David Delfín comenzó su trayectoria apoyándose en su llamativa y andrógina imagen, en su pasión por el baile y en su vocación interpretativa. El coreógrafo y director Dani Pannullo fue el primero en fijarse en el potencial de Delfín, y fue el principal responsable de que David decidiera venirse a Madrid. Muy apenado tras la muerte de su amigo, lo recuerda así: “Nos conocimos en Marbella a finales de los 80. Hicimos en Málaga un show, en verano, con Productos Lola, mi grupo de cabaret underground del que, un par de años más tarde, entró a formar parte. Entre nuestro público estaban Mariola Fuentes, Pepón Nieto, Jaro y el propio David”. Conectó de inmediato con los que Pannullo denomina “los más modernos de la ciudad”. Y su mánager le propuso que se llevara a Mariola y a David a Madrid para formar parte del grupo, y así sucedió un par de años después de aquella primera toma de contacto. 

La noche llamaba poderosamente a Delfín, que comenzó a actuar en el mítico local de la calle del Barco Escueto, como parte de Productos Lola, y poco después a trabajar como camarero en otro local imprescindible en el Madrid de los primeros 90, el Corazón Negro. Ahí conocí yo a David. Al menos, ahí me fijé en él. Imposible no hacerlo, porque tenía un look poderoso, inconfundible. “Siempre fue un príncipe, y no solo porque era bello”, recuerda Pannullo. “Tenía un gusto natural por las cosas que fui descubriendo más tarde. Guardo cantidad de cartas delicadamente escritas y dibujadas que me enviaba; ya en esa época, entre sus dibujitos naífs se encontraban sus pequeños delfines”


FOTO Gorka Postigo

En 1994, Pannullo creó el seminal club House of Devotion en colaboración con Alaska, por aquel entonces directora artística de Morocco. Marcó un antes y un después en la noche madrileña, y entre los futuristas gogós que bailaban en el club cada jueves estaba David Delfín. Allí fue la primera vez que hablé con él, fascinado por aquel joven que parecía venido de otro mundo. Fue entonces cuando empezó a asentar su alter ego artístico, que según Pannullo, podía haber dirigido en muchas direcciones. “Porque también era un gran actor. Juntos creamos aquellla figura del primer club kid made in Spain en House of Devotion, definitivo a la hora de crear su último gran personaje, que fue la marca Davidelfin”. Dani no oculta la enorme pena que siente. “Le querré siempre. Aunque hace años que nuestra amistad del pasado se había roto, volvería a fundir mi vida con la suya”.


“La inseguridad me resulta atractiva, la seguridad está sobrevalorada” (David Delfín, 2007)


No puedo decir que él y yo tuviésemos una estrecha amistad, pero indudablemente, el roce hace el cariño, y nuestros caminos no dejaron de cruzarse desde aquellos primeros 90 hasta que la enfermedad le hizo retirarse de la vida pública. Compartíamos la pasión por la noche, la música y la cultura de clubs, y casi siempre nos veíamos de fiesta, bien bailando, bien pinchando –él o yo–. Siempre cercano y cariñoso, cuando su carrera como diseñador despegó a lo grande no vi un cambio de actitud en él, ni un atisbo de divismo. Algo que le honraba. Y lo curioso es que tuvimos que irnos a Turquía para intimar un poco más y hablar largo y tendido. Fue a principios del verano de 2007, cuando fuimos a realizar un reportaje de portada para Shangay en donde iba a mostrar sus nuevas creaciones. En el equipo se encontraba también su pareja de aquel entonces, en lo personal y lo profesional, Gorka Postigo, que firmó las fotos de aquel reportaje.

Recordamos nuestro revelador viaje a Turquía con David Delfín, sigue leyendo


FOTOS Gorka Postigo

Fueron varios días muy intensos, viviendo una aventura como de cuento en la Turquía profunda. Y, como no podía ser de otra manera, dejamos la entrevista para hacerla de noche. En realidad, cuando empezaba a amanecer, en lo alto del monte Nemrut, a más de 2.000 metros de altura, casi en la frontera turca con Siria. Ni a la hora de plantear una entrevista iba a resultar convencional David. Repasando ahora nuestra conversación, hay declaraciones que provocan escalofríos. Al preguntarle si se veía ya asentado y con un reconocimiento, declaraba: “Cuando lleve cincuenta años en esto igual empiezo a creerme que he conseguido algo, pero de momento no”. Desgraciadamente, el cáncer nos la ha arrebatado antes de que llegara a ese punto. 

Al echar la vista atrás y regresar a lo alto de aquel monte donde, envueltos en rústicas mantas –que él encontraba sugerentes– y muertos de frío ambos –yo más que él, todo sea dicho–, releo las cosas que me dijo y compruebo que se mantuvo muy fiel a sus principios, vitales y artísticos, hasta el final. Allí confesaba que su obra era un fiel reflejo de su persona. “En ocasiones me resulta terrorífico pensarlo”, me dijo. “Porque todo lo que hago está tan conectado con una parte íntima mía que me parece superfuerte. Soy muy contradictorio, y me interesa mucho la dualidad. Me resulta fascinante todo lo que resulta complicado de definir, y ahí incluyo la ambigüedad estética”. Que él mismo practicó desde su etapa como club kid, recordemos.
    
David también desdramatizaba su trabajo y apostaba por quitarle trascendencia. “Nunca pienso en las prendas como obras de arte”, decía. “Pero sí busco despertar el imaginario de la gente; crear imágenes abiertas a lecturas e interpretaciones”. No llegó a sentirse plenamente realizado, y quizá ese era uno de sus mayores atractivos como creador, al menos para mí. “La inseguridad me resulta atractiva, incluso sexy”, me dijo. “Me parece que la seguridad está sobrevalorada. No me interesa el equilibrio, me parece un muermo. Sigo moviéndome en búsqueda de una estabilidad que espero no encontrar nunca”. Con cada nueva colección buscaba sorprender, eso es incuestionable, y marcó el legado que nos deja. “A mí, que vengo del teatro, de trabajar con Dani Pannullo, me encanta la sorpresa”, afirmaba. “Yo no quiero dar lo que se espera de mí; es una manera también de molestar y de provocar que las más modernas se lleven de vez en cuando las manos a la cabeza con mis propuestas”. Logró su objetivo continuamente, a nadie le cabe duda.

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Shangay

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