06/06/2020

Eduardo Mendicutti: “En la vida de muchos gays las mujeres siempre han sido importantes”

31 mayo, 2018
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En Malandar, el escritor sanluqueño Eduardo Mendicutti aporta una mirada retrospectiva de un amor sentimental a tres en el que, por primera vez en toda su bibliografía, una mujer cobra protagonismo. Desde el subtexto de esta historia, como es costumbre también en sus novelas, asoma una visión de España que abarca desde el tardofranquismo hasta la actualidad, para mostrar la evolución político-social del país.

SHANGAY ⇒ Malandar es un espacio físico, pero también un encuentro sentimental…
EDUARDO MENDICUTTI ⇒ Malandar y toda La Algaida son espacios emocionales que encajan dentro de mi ficción. De pequeño, veía la duna de Malandar, en el Coto de Doñana, y para mí era algo prohibido. Por ello encajaba como un espacio idílico. Con La Algaida pasa exactamente lo mismo; es una ciudad emocional de mi infancia y adolescencia.

SHANGAY ⇒ En este espacio sentimental es donde se construye la trama de la novela: una historia de amistad que esconde otra amorosa.
EDUARDO MENDICUTTI ⇒ La novela arranca como una amistad a tres, y hay una historia de amor que no se materializa y otra que sí. La voz del narrador va mostrando cómo se mantiene esa situación a través del tiempo y de la distancia. Pero no quiero hacer ningún spoiler… [risas]. Lo que hace Miguel, el protagonista, es recordar lo vivido, pero sin lamentar lo perdido. No puedo con la melancolía…, porque te engatusa, te bloquea.

SHANGAY ⇒ ¿Sufren los protagonistas una insatisfacción positiva?
EDUARDO MENDICUTTI ⇒ Me parece una buena definición. Toni, otro de los protagonistas, lleva una doble vida, y de vez en cuando, a Miguel le gustaría tener una vida de pareja como la de sus dos amigos. Hay un punto en el que Miguel envidia el hogar convencional, aunque el lugar que él desea no es el clásico de a dos, sino a tres… Quería escribir una novela en la que una mujer cobrara protagonismo. Porque en la vida de muchos gays las mujeres han sido importantes. Amigas o falsas amantes que han sido confidentes, tapaderas…, voluntaria o involuntariamente. Además, quería reflejar algo que me pone un poco nervioso: una vez que se aprobó el matrimonio igualitario, muchos gays se casaron y se encerraron en el modelo heterosexual típico de toda la vida. Al ir encajando en lo convencional, un chico gay aceptado por su familia parece que está obligado a casarse con un igual. Por ello, en el libro planteo una propuesta del matrimonio a tres que va más allá, para romper con esa ortopedia del matrimonio convencional.

SHANGAY ⇒ No falta la plasmación de las mejoras en cuanto a derechos LGTB a lo largo del periodo en que se desarrolla la novela…
EDUARDO MENDICUTTI ⇒ Hay un momento en que un personaje dice que esta es una lucha política, y gracias a ella las cosas han cambiado mucho. El narrador no tiene ningún problema con las críticas; le dicen que ser gay es pecado y dice… pues a pecar [risas]. El peso de la Iglesia ha influido en que muchos gays lo hayan pasado muy mal, que la homosexualidad haya estado mal vista por la sociedad… La reivindicación se ha ido cristalizando y haciéndose visible hasta el día de hoy. Gracias a esa lucha política, las cosas han cambiado mucho, pero la sociedad no ha evolucionado al ritmo de las leyes. Cuando se aprobó el matrimonio igualitario, parecía que todo el mundo estaba feliz, porque oponerse era de catetos. Pero si rascabas un poquito, iban saliendo comentarios y ataques homófobos. Hay ámbitos donde esto sigue pasando mucho, como en el deportivo.

SHANGAY ⇒ Fuiste uno de los primeros escritores en tratar temas gays. En los últimos años del franquismo, publicas dos libros que te censuran… ¿Cómo recuerdas ese tiempo?
EDUARDO MENDICUTTI ⇒ Empecé muy joven a escribir y a mandar los textos a certámenes. Vivía en Sanlúcar y no sabía qué hacer con mi vida [risas]. Cuando me mudé a Madrid, me lancé a escribir novelas como Tatuaje, en la que aparecía algún personaje gay, y me lo censuraron automáticamente. Estuve unos años sin escribir porque pensé “si no puedo escribir de lo que quiero, no merece la pena que lo siga haciendo”. Hace poco, una editorial ha querido recuperar Tatuaje, pero les he dicho que no, porque tenía 25 años cuando la escribí y es una novela inmadura. Cuando ya fui consciente de que podía escribir lo que me daba la gana, encontré la voz que doy ahora a mis novelas. Creo mucho en las obras en que se ve al autor reflejado: es decir, si lo ha escrito un gay, quiero que se vea que tras ellas hay una persona homosexual. Por eso decidí escribir de lo que sabía, de lo que sentía.

Foto iván giménez

LA NOVELA MALANDAR ESTÁ EDITADA POR TUSQUETS

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