16/10/2019

Filosofía sin camiseta: a dios lo matará un niño

9 mayo, 2019
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Hay algunas personas mayores que conservan valores caducados. Valores que reinaban en la sociedad cuando esas personas fueron educadas y que, poseyéndolas como un espíritu, se han arrastrado hasta el presente. El progreso existe, y nuestro tiempo cada vez combate un poco más las ideas rancias como el machismo, la homofobia o el racismo. Sin embargo, aún nos queda un largo recorrido para exiliar a los fantasmas del pasado al pasado al que corresponden. Y es importante identificar las fuentes de las que nacen.

Una de esas personas mayores es el Anciano. Como cualquier otro ente, el Anciano no tuvo la culpa de nacer. No fue su decisión hacerlo, y seguramente fuera inevitable que lo hiciera. Quizá ni siquiera fuera inherentemente maligno, sino solo una víctima del tiempo. Abarcar con su vida épocas demasiado diferentes puede ser peligroso.

Aun así, el Anciano no es de ninguna forma un abuelo adorable: es un hombre vampírico que se niega a abandonar este mundo y que, de manera antinatural, ha prolongado su existencia más allá de lo saludable. Muchos lo respetan por su edad, pero los años le han pasado factura: sus discursos ya solo son balbuceos desagradables o un eco delirante de algo que en otros tiempos quizá tenía sentido.

Pero lo peor del Anciano es su hambre.

Hace tiempo, el Anciano sobrevivía gracias a una dieta nutritiva de ignorancia, miedo y esperanza. Hoy en día, la ignorancia, el miedo y la esperanza saben diferentes y son menos nutritivos, así que el alimento predilecto del Anciano ha cambiado. Ahora, el Anciano necesita niños, son sus cerebros tiernos lo que le mantiene vivo. Antes de cumplir la edad de tener razón propia, el Anciano invita a los niños a una de sus casas. Cuando salen de ahí, los niños de los que se ha alimentado ya están preparados para cumplir el ciclo. Crecerán y llevarán a sus propios hijos a que alimenten al Anciano. Todos podemos decidir combatir ese abuso y ayudar al Anciano a que encuentre la paz descansando en el pasado. Podemos salvar a un niño de ese ciclo para que generaciones de niños supervivientes se conviertan en adultos que, a su vez, evitarán que la libertad de raciocinio de otros niños sea devorada. Porque, algún día, esos niños serán los que maten a los dioses.

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