05/08/2020

‘Kooza’: había una vez… un Cirque (du Soleil)

26 octubre, 2019
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Cada vez que en una ciudad se levanta el Grand Chapiteau, esa mole azul y amarilla de veinte metros de altura, cincuenta de diámetro, capacidad para unas 2.600 personas y una atmósfera inigualable, es sinónimo de que algo mágico está a punto de ocurrir. Y así sucede desde 1984, cuando la célebre e icónica lona del Cirque du Soleil –y toda la compañía– echó a andar en Montreal (Canadá) con alrededor de 70 trabajadores y la intención de reinventar el circo, transformarlo y llevarlo sobre los escenarios de un teatro. Y eso es lo que han hecho en los últimos 35 años, en los que han superado la barrera de los cinco mil empleados y han creado todo un imperio audiovisual, con una amplia propuesta de grandes producciones –hasta 27 espectáculos se representan en la actualidad por todo el mundo bajo su firma– centradas tanto en las acrobacias como en la música y el baile.

Sin embargo, como no conviene olvidar ese “de dónde venimos” para seguir creciendo, echar la vista atrás nunca está de más. Y precisamente de eso se trata en Kooza –nombre procedente del sánscrito ‘koza’, que significa caja, baúl o tesoro–, escrito y dirigido por el clown David Shiner, un ‘back to basics’ que reivindica el circo más puro, y que durante unas dos horas hará aflorar el maravilloso y angustiante miedo que todos hemos sentido alguna vez bajo una carpa. Un show que según su creador, propone un viaje introspectivo hacia la libertad, formado por un equipo de 50 artistas más el soporte de 122 técnicos y personal administrativo y de atención al público. Incluye algunos de los números clásicos de Cirque du Soleil como contorsionismo, aros, el charivari –piruetas aéreas y pirámides humanas–, la báscula, el alambre suspendido, el trapecio individual, equilibrismo sobre sillas y la famosa rueda de la muerte, que cruza el escenario en diagonal para que la acción se desarrolle lo más cerca posible del público y este tenga que aguantar la respiración… en varias ocasiones.

Junto a ellos, como no podía ser de otra manera, habrá un maestro de ceremonias, una extraña combinación entre bufón de la corte e iluminado incomprendido que hará las veces de hilo conductor, y del que no llegaremos a saber si sus intenciones son del todo buenas. El Trickster –nombre que recibe en homenaje al pícaro, figura presente en diversas mitologías, así como en el carnaval de la Europa medieval, y cuya estética a lo Mad Max fue ideada por el director artístico Michael G. Smith y el propio Shiner– será el protagonista de “un show fantástico, una historia que se centra un en joven e inocente chico que se adentra en un mundo lleno de diversión y aventura… Y ahí surge el circo”, nos explica desde Málaga –lugar donde se representa Kooza antes de su aterrizaje en Madrid este mes de octubre, y donde estará hasta el 22 de diciembre– Mike Tyus, encargado de darle vida. El norteamericano, involucrado en el Cirque du Soleil desde 2007, reivindica el valor de su personaje para que esta vuelta a los orígenes sea auténtica. “En este modelo, siempre ha habido una voz cantante. Él es una especie de líder, coge a ese joven y le guía por este nuevo universo que nunca antes ha visto. Tiene mucha responsabilidad; en parte, de mí depende que la gente se lo pase bien y entienda Kooza”, afirma entre risas. “También interactuamos mucho, así que nos vamos a acabar conociendo muy bien. Mucha presión, pero mucha diversión”. Y pone en valor esta genuina vuelta al pasado: “Hoy en día parece muy irónico que el Cirque haga algo tan circense, pero es así. Queríamos hacer algo tradicional y volver a los buenos y viejos tiempos, con todas esas emociones que te produce”.

Ese abanico de emociones es la clave de la función, así que quien quiera ser seducido por Kooza ha de saber que tiene que estar preparado para lo que se le avecina, escalofríos incluidos. “El espectador va a pasar por todos los estados emocionales. Pero me encanta, porque llega hasta lugares que te remueven por dentro… Que nadie se asuste, pero va a ser terrorífico”, reconoce Tyus, que también añade que no piensa compadecernos. “Tengo ese punto masoquista que me hace disfrutar cuando escucho los gritos del público, al ver cosas que ellos jamás se atreverían a hacer. Al final, creo que nos acaba gustando ver a los acróbatas jugar con el peligro… Eso es el circo”. Unas acrobacias que marcarán el ritmo frenético y que esta vez, a diferencia de otros espectáculos más líricos y tecnológicos, juegan un papel fundamental en la identidad del espectáculo. “Creo que en este caso las acrobacias son esenciales, y nos hacen entender la historia. Sin ellas no tendría mucho sentido, hace que todo sea más potente”.

Se percibe en Tyus una ilusión especial, esa que desprenden las personas que han encontrado su lugar en el mundo. Celebra con nosotros los 35 años de la fundación de Cirque du Soleil, y desvela cuál es el secreto para que la compañía esté más en forma que nunca. “Hay un equipo que busca la inspiración en la vitalidad del cuerpo humano. La gente quiere ver cómo nos superamos, buscamos nuestros límites, lo que también sirve para evadirse y soñar. Y creo que funciona, por eso amo esta compañía. Y espero que continúe al menos otros 35 años”. Por si fuera poco, al mencionarle sus sensaciones cuando se sube a un escenario en España, se le escapa un “Oh my goodness” que no es necesario traducir. “Sinceramente, sois el público más cariñoso que tenemos, te lo juro. En otros lugares a veces siento que puede una relación un poco forzada entre artistas y espectadores, pero el calor que no dais, y cómo os movilizáis cada vez que venimos… Sois tan generosos. Creo que conectamos bien”. Un tándem perfecto desde que en 1998 llegaran por primera vez a nuestro país con Alegría.

Tyus también se enorgullece de trabajar para una compañía cuya filosofía abraza la diferencia. Por cierto, tal y como ha hecho el circo desde sus inicios allá por el siglo XIX. No solo se trata de manifestar una clara y estricta política de no discriminación en sus contratos, en el Cirque du Soleil se puede decir que la diversidad sexual desempeña un importante papel que va más allá de lo que se ve a simple vista. “Es que a mí, como hombre gay, el circo también me ha hecho crecer como persona, me ha cambiado la vida, y me ha permitido viajar por todo el mundo y poder dar este mensaje. Fíjate que trabajo rodeado de compañeros rusos a los que han educado con una concepción totalmente diferente en relación a qué pasa si eres homosexual. Y pese a ello, hemos conseguido superar esas barreras y darnos amor y respeto”. En tiempos donde los derechos LGTBI se ven amenazados y, en su país, la Administración Trump propicia la segregación racial, ni un paso atrás: “Este siempre será un lugar que luche contra la discriminación y las ideas que nos intenten hacer sentir inferiores. Nos seguiremos expresando libremente independientemente de nuestro aspecto. He crecido en una ambiente que me acepta tal y como soy, y así es como tenemos que hacer sentir a los demás”.

EL ESPECTÁCULO KOOZA DE CIRQUE DU SOLEIL SE REPRESENTA EN EL GRAND CHAPITEAU EN PUERTA DEL ÁNGEL (CASA DE CAMPO) DE MADRID HASTA EL 22 DE DICIEMBRE. MÁS INFO EN CIRQUEDUSOLEIL.COM

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