25/10/2020

El Billy Elliot gallego que se dislocó la cadera bailando con Shakira, nueva reina travesti de esta cuarentena

5 mayo, 2020
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Y al otro lado, una voz tímida, sincera y cercana me responde al teléfono. Su acento gallego es inconfundible. ¡Y de Vigo! Muy orgulloso de su origen y rebosante de talento, Aitor acaba de convertirse en la reina de esta cuarentena. Hace una semana se hizo con este codiciado título tras ganar el concurso Cuarentena Queen en el perfil de Instagram de quien escribe estas líneas. Un concurso con las limitaciones propias de estos tiempos de confinamiento.

Aitor adolescente

Y este es su sueño y el premio por su triunfo. Que conozcáis su historia. El pasado de Aitor, pero también el nacimiento de su “otro yo”. Una fantasía nacida del amor de su madre y de su tía. Los pilares de su vida. Los amores que lo animaron a disfrazarse por primera vez de mujer en el carnaval de Vigo cuando apenas tenía 12 años. Entonces algo nació…, pero no tenía nombre todavía.

Una realidad venida para quedarse y romper con el pasado; y con esa palabra, bullying, que, tristemente, a muchos nos marcó nuestra infancia. En su caso, ni los profesores le apoyaron, e incluso incentivaron este acoso. Pero Aitor sabía que lo suyo era bailar. Y lo hacía en casa, con la única compañía de los videoclips de las divas de los 90. Hasta que bailando con Shakira, se dislocó la cadera. Entonces su madre entendió que era el momento de apuntarlo a baile, en el nuevo colegio al que trasladó a su hijo. El pequeño Aitor era el único chico en la clase de baile, pero no se volvieron a repetir las pesadillas del pasado. Contra todo pronóstico, abrió el camino a muchos más niños cuyo sueño era, simplemente, bailar.

Y de tanta danza, clase y ejercicio, Aitor modeló un tipín que –sin saberlo– marcaría su futuro. ¡Qué tipín se te está quedando, Aitor! ¡Qué tipito tienes! Y de entre tanto piropo, y de esas ganas de libertad con sabor a ría, nació Ketty Pinn, la fantasía drag con la que Aitor está fascinando a las redes sociales. Ahora ya tenía nombre… y muchos gastos.

La existencia de Ketty ha obligado a Aitor a hacer casi de todo para costear a su reina (la chica es de gustos caros). Desde ser camarero, azafato, maquillador o peluquero hasta repartir cruasanes de madrugada. “De los ocho años que llevo en el drag, los dos últimos ya me han dado rentabilidad”. Y su secreto ha sido no parar. Y a la pregunta de cuánto cuesta ser Ketty Pinn, Aitor prefiere no hacer cálculos para evitar sustos.

He vivido homofobia incluso dentro del colectivo, no solo por ser drag, sino porque cuando soy Aitor visto tacones y llevo las uñas pintadas”. Es de locos, incluso ha tenido novios que desaparecieron al enterarse de la existencia de Ketty. “Conmigo los chicos tienen una relación a tres…”. A su prometido, Ketty le parece un poco mandona: “¡Incluso tiene su propia habitación en casa!”

Una habitación llena de sueños e ilusiones que conviven con las inseguridades propias de un artista en un mundo, el del drag, en el que hay muuuucho salseo. “Hay quienes buscan pisarse para destacar. Yo opto por la colaboración con los míos. He peinado a drags, y ayudado a hacer vestuarios”. Ketty Pinn ha superado zancadillas dentro de su mundo, y ha tenido que apoyarse mucho en los suyos para convertirse en quien es hoy. “Ketty nunca dice que no a nada. Me ayuda a romper mi timidez. Y este año hago ya diez con mi doble personalidad”.

Años en los que ha visto que en España quedan muchas mentes por abrir. “No es solo ponernos tacones y subirnos a un escenario. Es reivindicar los derechos LGTBI”. Además, junto a la Asociación PVLSE recauda dinero contra el cáncer infantil y protagoniza campañas de prevención contra el VIH: “Siendo Ketty puedo dar visibilidad a muchas más causas que siendo solo Aitor”.

“Desde fuera nos ven como maricones pintados, no ven el trabajo que hay detrás”. Horas, maquillaje, vestuario, una producción desconocida incluso dentro del propio colectivo. Una de las reivindicaciones de Ketty es esa, “que valoren el trabajo del drag, que no nos intenten pagar con un vale por dos copas. Yo quiero que mi trabajo se recompense, que se me remunere“. Pero cuando hay compañeras que aceptan estas ofertas, “infravaloran nuestra profesión”.

Y durante estos meses confinado en casa, Ketty Pinn se presentó al casting, lo pasó y se convirtió en concursante de Cuarentena Queen. “Es el concurso más complicado en el que he participado. Me he enfrentado a retos en los que no me sentía cómodo”. Cada semana y en directo, las concursantes tenían que prepararse y defender un show completo (maquillaje, vestuario y escenografía). “No podíamos salir de casa a comprar nada. ¡Estábamos en estado de alarma! Y siempre, juzgadas por Peka Mimosa y María Lady Curvy. “Me llevo amigas para siempre, y te he conocido a ti. Me ha dado pena que termine, ¡quiero una segunda temporada!”.

Y lo ganó. Y ya es la Reina de esta Cuarentena. Y este sueño suyo, que era salir en la Shangay, ya lo ha cumplido. La Ketty, que tan pronto te hace una Shakira como una Whitney Houston, ya no tiene límites. ¡Brindo por tu futuro con una crema de orujo de tu tierra! ¡Ole por ti, Ketty Pinn!

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Shangay

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