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01/02/2023

Relatos gais (des)conectados: “Me la trago sin más, la costumbre”

5 junio, 2020
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Capítulo 3

Hay dos condones usados encima de mi mesa, uno de ellos está manchado de sangre, y está roto. Estoy solo, con un pantalón corto de deporte y el teléfono en la mano. El chico con el que acabo de tener sexo se ha largado hace unos minutos, y me agobio buscando la conversación que he mantenido con él por la aplicación. El condón lo he manchado yo, y se ha roto dentro de mí, y no sé si el tío no se ha dado cuenta cuando se lo ha quitado o no ha querido decírmelo. El caso es que la luz estaba apagada, las persianas bajadas y los dos estábamos tomando popper. No hemos hablado mucho, estaba de paso y no tenía sitio porque compartía Airbnb con unos amigos. No sé su nombre. Y la conversación ha desaparecido, la única vía de contacto que tenía con él ya no está. Mientras él recogía sus cosas yo he entrado en la ducha, y al salir ya estaba vestido y se ha despedido con la mano. Me ha debido bloquear nada más cruzar la puerta, mientras me lavaba los dientes. Reviso y reviso la app por si le veo, pero no está. No sé si no le ha gustado o simplemente no quería dejar rastro, y no lo entiendo porque menuda follada me ha metido, de esas que avergüenzan a tus vecinos. Tenía un buen rabo.

En cuanto he ido a recoger el desastre, las bolas de papel de entre las sábanas, una toalla tirada en el suelo y la silla que hemos volcado, he visto el último condón que hemos usado y se me ha borrado la sonrisa de la cara, me he puesto muy nervioso y he cogido el móvil. He dudado un momento, pero tenía que escribirle solo por si acaso, por las dudas… aunque no tuviera ni idea de qué preguntarle, ni cómo, pero ya no estaba allí. Me asomo al balcón en el último intento desesperado, pero no le veo. Y aunque hubiera estado en la calle… ¿qué iba a hacer? ¿Gritarle?

Me sigo poniendo nervioso recordando que al empezar me la había rozado por detrás, y me la ha metido a pelo un par de veces. Sé que no debería, pero con el popper ha entrado prácticamente sola mientras apretaba mis piernas contra sus hombros. Pero no puedo dejar de pensar en cómo me ha agarrado del pelo llevándome contra el escritorio, en cómo me hablaba, en cómo me metía dos dedos en la boca mientras me embestía. Vuelvo a mirar el móvil, fantaseando con la posibilidad de que le encuentre en otro perfil mañana o pasado, sabiendo que es casi imposible, a no ser que me haya mentido y sí que viva en la ciudad. Le doy por perdido.

Miro al techo y pienso en todas las veces que me he hecho la misma pregunta después de que un tío se largara de mi casa. Miro a la ventana, sintiéndome mal conmigo mismo y deseando que al chaval no le pase nada, aunque sé que es imposible, al menos por mi parte. Tras un rato, pienso que es mejor que no vuelva a verle.

Cojo de nuevo el móvil de encima de la mesa, abro la aplicación, me pongo a ver los perfiles que hay en línea en ese momento. Veo un chico que me gusta, le escribo ‘Hey’ y le mando una foto mía. El chico no me contesta, vuelvo a deslizar el dedo entre los perfiles. Después de un rato me aburro, y veo que ha anochecido. Cierro la ventana, ya no huele tanto a sexo. Voy hasta mi mesita de noche, abro el cajón, saco mi medicación aún guardada en su caja, agarro el frasco cilíndrico y abro el tapón de seguridad. Me meto en la boca una pastilla del tamaño de dos antibióticos, de color morado, y vuelvo a guardar el bote en el cartón. No bebo agua, me la trago sin más, la costumbre.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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