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Relatos gais (des)conectados: “Quiérete más a ti mismo que a tus ganas de correrte”

19 junio, 2020
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Capítulo 5

Son las dos de la mañana, estoy empalmado y el videojuego me está aburriendo. En el móvil veo un perfil al que ya he hablado varias veces, está muy cerca. Su Nick es BB, pero yo le conozco como míster bíceps-enormes cara-cortada. Le vuelvo a escribir y me contesta, al contrario que otras veces mi respuesta a todas sus preguntas es un sí, a la espera de que me pase alguna foto. Lo hace, y paso a conocerle como míster pectorales-enormes-con-lunares cara-cortada, y en la segunda es míster-rabo-gordo dentro de la boca de algún desconocido. Algo en mi cabeza me dice que no, tengo un presentimiento y sé que lo que voy a hacer está mal, pero decido hacerlo de todas formas. Por una vez no pasa nada. Lo pienso en el ascensor, en mi calle, girando la esquina, y dejo de pensarlo debajo del número doce.

Una espera en aquel portal, un primero abierto. Al entrar miro su cara, él está detrás de la puerta, vestido. Cuando la cierra todo se queda a oscuras y solo siento su mano en mi espalda indicándome el camino. Míster cara-cortada cobra identidad, y suelto una pequeña sonrisa. Le conozco, he follado antes con él, unos años atrás, en otro piso. El comedero de su perro junto a la habitación me confirma que es él. Míster cara-cortada es ahora míster capullo-que-usa-fotos-falsas, o mister fofisano-sin-ningún-lunar-ni-ningún-pectoral. Por un momento, mientras veo la cama a la luz de una lámpara tapada con unos calzoncillos, pienso en decir algo, en irme, en que aquella no era la casa que ya había visitado, que aquel polvo no me gustó nada. Tengo que volver a darme la vuelta para comprobar que es él, que me ha engañado, y vuelvo a confirmarlo. Pero ya tengo los pantalones bajados, está empezando a meterme un dedo, y extrañamente decido no irme. Al menos no es un desconocido, pienso, aunque tiene la cara muy dura. Me pregunto si habrá engañado a alguien más, si al entrar por la puerta alguien le habrá recriminado algo y se habrá ido, o siempre se sale con la suya, como conmigo. Supongo que decide no invitar a nadie más grande que él, alguien que le pueda hacer frente. Aunque seguro que eso no le cuesta, porque es bien grande. Vuelvo a pensar en irme, pero entonces empieza a metérmela.

No es el mejor polvo de mi vida, me siento aprisionado entre la toalla que protege las sábanas y su peso, y a los pocos minutos dejo de sentir apenas cómo entra y sale. Durante un momento me pregunta si estoy bien, no le contesto. Después de un rato dice que quiere que me corra, y me pone a cuatro patas. Lo hago, no le pregunto a él si ha terminado, pero sí dónde está el baño. Con la puerta cerrada, y frente al espejo, empiezo a enjuagarme la boca, pero ni siquiera le he besado. Me paso un poco de papel y veo sangre, me preocupo.

Cuando salgo a por mi ropa le pregunto por la casa nueva, por el perro y por el novio con el que le había visto pasear algunas veces por la plaza. Al parecer, ahora está soltero. En la puerta me da un pico, y me pide que sea discreto. Me voy de allí mirando al suelo, me da vergüenza que me vea entrar mi portero a esas horas, cuando me ha visto salir de allí hace quince minutos escasos.

Un vez arriba, mientras me enjabono en cuclillas en la ducha, miro el cajón donde guardo mis pastillas, pensando en doblar la dosis esa noche. No lo hago, total, es una tontería que a lo largo de los años me he planteado hacer algunas veces y hasta lo he consultado para asegurarme que no era contraproducente. Sí lo es. Una vez en la cama me enciendo un piti, y agarro el móvil pensando en bloquearle después de volver a ver las fotos que me había pasado, para comprobar al menos si en alguna no me había mentido. Cuando voy a hacerlo descubro que ya me ha bloqueado él. Me vuelvo a reír, no me siento mal, creo, o al menos no del todo. Lo que sí pienso es si la próxima vez que mi instinto me diga que no, le haré caso, o volveré a ser míster gilipollas-con-cara-de-inocente para alguien más, o míster subnormal-por-una-vez-no-pasa-nada. Cierro los ojos y pienso de nuevo en por qué no dije nada, ni me fui, en cómo me había quedado paralizado y me resultó más fácil quedarme, y aguantar, que hablar. Pienso en cómo pude correrme, pienso en cómo me fui sin temblar. Solo encuentro una respuesta; lo hice para no volver a hacerlo. Para que me saliera tan mal, tan, tan mal, que de verdad no quiera repetirlo nunca. Vuelvo a cerrar los ojos, y pienso en escribir esto en grande, en algún folio y colgarlo en alguna pared, para que no se me vuelva a olvidar, porque me temo que volveré a hacerlo. Ya he caído otras noches. Abro los ojos y busco el móvil. En la app de recordatorios escribo: quiérete más a ti mismo que a tus ganas de correrte.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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