09/08/2020

Relatos gais (des)conectados: “Me pregunta si quiero que se una un amigo”

11 julio, 2020
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Capítulo 8: parte 1

Ya he venido a esta casa antes. Un quinto con ascensor, un piso pequeño a la derecha en el que tengo que tener cuidado de no hacer ruido al entrar.

Él siempre me espera completamente desnudo detrás de la puerta, sujetándosela, y me saluda mientras me pide que cierre. Me pone mucho que se haya rapado. Es bajito, pero está fuerte como un toro, y me agarra como uno de verdad. Siempre quiere que se la chupe durante bastante, bastante rato, y espera que me agache nada más entrar. Me dice que soy el que mejor se lo hace, que nunca ha tenido una puta tan buena como yo mientras se ríe. Me va indicando, diciéndome cuando lo hago bien con un “ahí, ahí”, y pidiendo que le toque bien por debajo mientras tanto, que sea una buena zorra. Me dice muchas cosas, no para de hablar y de darme órdenes mientras me va sujetando la cabeza y exhala de forma exagerada por placer, y yo asiento sin poder decir más porque tengo la boca llena. A veces coge el móvil y se pone a contestar mensajes mientras yo sigo a lo mío, a veces coge un bote de popper y me da él directamente, tapándome uno a uno los agujeros de la nariz para que yo no aparte ni un momento siquiera las manos de sus huevos. Y mientras vuelve a levantar el bote, y aspira, me mantiene la mirada, y me dice que se la empape bien, y después se escupe él mismo, de pie, apretando los cuádriceps desnudos y curvando los abdominales hasta que su saliva llega a mi lengua, y la esparzo hasta tener que respirar solo por la nariz. Y de repente le da el subidón, y me agarra con las dos manos y me folla la boca apretando todos los músculos de su cuerpo mientras siento cómo cada una de las yemas de sus dedos se hunden en mi cabeza.

Cada vez que voy allí sé que voy a pasar un buen rato, porque sus palabras me colocan más que aquellos gases, y cuando se sienta en el sofá y sube los brazos hasta poner las manos detrás de la cabeza, y se deja hacer mientras me mira entornando los ojos, apretando sus muñecas entre ellas marcando inconscientemente los bíceps hasta que su nariz toca uno de ellos y sonríe, hago una foto mental porque me pone tan cachondo que aunque me vaya de allí sin correrme podré hacerme pajas pensando en ese momento durante días. Y no suelo correrme, él no me toca, y suele tardar en acabar, pero no me importa, porque cuando está casi a punto siempre se levanta y me pide que abra la boca todo lo que pueda mientras se pajea y me mira desde arriba.

Hoy está tardando más de lo normal, y noto que está blanda. A veces ni siquiera lo consigo y me dice que vuelva otro día, pero aún no ha dicho nada y también está hablando por el móvil más que de costumbre. Está de pie, y yo de rodillas, y le veo la cara desconcentrada, iluminada por la pantalla, mientras que de vez en cuando me suelta un “uff”. ¿Con quién estará hablando tanto? Otros días me ha pedido hacerme una foto para algún colega mientras se la comía, las primeras veces me negué, hasta que un día me prometió que no se me reconocería de ninguna forma, y me la hizo. Se le puso durísima, y no la envió hasta enseñármela. Otra vez me dijo que iba a cogerle una videollamada a un tío, pero que no me preocupara, que no me iba a apuntar con la cámara. Lo hizo, y mirando la pantalla de un vistazo vi que no se me reconocía, pero sí que vi a un hombre mayor, gordo, alguien que no me cuadraba nada que le pusiera tan cachondo como para contestar con vídeo mientras yo se la chupaba.

De repente me pregunta si quiero que se una un amigo, que tiene mejor rabo que él y que me va a encantar. Le pregunto quién es, que me enseñe una foto, pero solo me enseña un pollón en manos desconocidas, sin ninguna cara. Me dice que no le voy a ver, que me va a vendar los ojos cuando suba y que cuando llegue se la tengo que chupar igual que a él. Me dice que hoy está difícil que le saque la leche, pero que así me la voy a ganar seguro. Me quedo pensando en la nota que tengo escrita en el móvil, en que no debería… y él me insiste. Me enseña el pañuelo con el que me quiere cegar y me pone otra foto más, donde parece aún más grande. Le digo que sí, y me aprieta la cara con éxtasis, diciéndome que así le gusta, que me lo voy a pasar genial. Me la mete hasta el fondo varias veces y aprieta, y noto que se le ha puesto durísima.

Sigo de rodillas cuando me venda los ojos, y de repente me dice que a lo mejor viene otro más después, si lo hago bien. Que antes me va a enseñar su rabo también. No le digo nada.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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