09/08/2020

Relatos gais (des)conectados: “La mejor mamada que me han hecho nunca”

24 julio, 2020
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Capítulo 9

Me estoy acostumbrado a lo fácil. A correrme y a pirarme. A no darle explicaciones a los tíos que se ponen de rodillas delante de mí, a bloquear al que me escribe luego de más. Creo que por eso empezó a atraerme todo esto, por lo fácil que era. Recuerdo la primera vez que vi el icono, me lo enseñó uno de los amigos gais de mi exnovia. Me dijo que follaba todos los días si quería, que solo hacía falta conectarse. Y tenía razón, me lo tiré a los pocos meses, le encontré por la app. Ella nunca se enteró, él tampoco contó nada.

Me estoy acostumbrando, pero como todo lo sencillo se vuelve aburrido, a veces busco más. El otro día le meé a un tío por primera vez. Le metí en la ducha y se dejó. Lo había visto en vídeos, me había corrido viendo cómo lo hacían, pero siempre que se lo pedía a alguna chica me decía que no, y hasta algún tipo de la app también se había negado. El tío con el que lo hice me ponía, no estaba mal, pero sobre todo quedé con él porque me prometió que lo iba a hacer. Y, como siempre, cuando me subía la bragueta bajando en el ascensor… me dejó de importar. A veces miro si está online, por volver a hacerlo, pero preferiría encontrar a uno nuevo, diferente.

Por eso me he vuelto a conectar hoy, para buscar algo más. Y de repente un tipo rapado, y con más músculo que yo, me contesta después de varios días hablando. También me daría morbo darle bien por detrás a un cachas de estos que van de chulos, pero me dice que no sería con él, que está montando una fiesta con otros dos. Me reincorporo y empiezo a leer mejor. “¿Me la chupáis los tres?”, le pregunto mientras voy sintiendo cómo se me pone dura, pero me dice que no, que un chaval nos la chupa a nosotros, pero que tengo que ir ya. Me río, suena divertido, sobre todo fácil, y nuevo. Me visto rápido y salgo, estoy cerca.

Llego a un quinto con la puerta entornada, huele raro, como al fondo de la discoteca. Cuando abro les veo, un tío que me recuerda a mi antiguo profesor de matemáticas, con un rabo como mi brazo saliendo de su bragueta, al cachas desnudo al lado, y en medio de ambos, de rodillas y con los ojos tapados con una venda estaba él, un chaval joven, parece delgaducho con unos vaqueros ajustados y una camiseta básica verde.

–¿Así de fácil? –pregunto, y el cachas se me acerca y me lleva hasta el chico.

Le vuelvo a mirar la cara. Parece tranquilo, atento a lo que oye a su alrededor. Al acercarme veo cómo sonríe un poco y me enseña los dientes. Me pone a mil. Empiezo a bajarme la bragueta y le agarro del pelo para que sepa dónde estoy. De repente sube las manos y empieza usarlas. Nunca me la habían comido así, tan bien, tan fuerte. Me aprieta con los labios mientras me pajea en círculos como si nada, y me empieza a agarrar los huevos con la otra. Casi pego un salto cuando se la mete él solo hasta la garganta, y le aprieto la cabeza para que se quede ahí un momento. Parece que lo entiende, y lo hace. Gimo un poco, yo que no suelo abrir apenas la boca, y este capullo me la está mamando tan bien como para hacerme decírselo.

–Joder –digo. Los otros dos se ríen y me miran con complicidad mientras se tocan entre ellos, pero les dejo de prestar atención enseguida. Le vuelvo a ver la sonrisa mientras se aparta un poco para respirar. Me encanta.

Entonces ellos se me acercan y me distraen. El cachas me toca el hombro y se pone cerca como para que se la pajée, pero tengo una mano en la cabeza del chico de rodillas y la otra sujetándome la camiseta, no pienso quitarlas de ahí. El mayor se me acerca más, por el otro lado, y me intenta dar un beso. Me aparto, y miro al cachas, como para decirle que ni de coña. El otro se queda pillado, pero no dice nada. Los dos se vuelven a quedar a un lado y siguen magreándose mientras me miran. Cuando veo que me han dejado tranquilo vuelvo a lo mío, y me quedo mirando cómo lo hace. Es guapo, o eso parece viéndole tan poco. Me pregunto quién será. Me está poniendo como ningún otro.

Rápido, me subo la camiseta detrás de cuello, le aparto la mano y empiezo a follarle la boca. El cabrón lo va a conseguir antes de tiempo. Se dedica a seguir moviendo la lengua por debajo, como si lo buscara, y me aparto un momento. Respiro, le miro, se la vuelvo a dar porque no puedo más y le meto una hostia en la mejilla con mi polla dentro. Le fuerzo un poco, agarrándole del pelo de más, y apoyando la rodilla en su pecho. Me vuelve a hacer gemir. La saco justo a tiempo, miro al techo mientras la siento salir sin fijarme siquiera en dónde cae. Le vuelvo a mirar, está quieto, con las manos apoyadas en sus piernas, expectante. Vuelve a sonreír, como si pudiera verme. Le devuelvo la sonrisa. Me subo la bragueta y el cachas se acerca y abre la puerta, invitándome a largarme mientras el profe me mira con cara de perro.

–¿Quién es? –le pregunto antes de pirarme, mientras veo como el mayor se vuelve a poner frente al que está de rodillas y me da la espalda. “Esto no va así”, me dice bastante cortante. Cuando voy a decir algo más me cierra en la cara. A ellos no les habrá molado, yo estoy en el aire. Menuda corrida. La mejor mamada que me han hecho nunca.

No sé si ha sido la situación, la venda en los ojos, los otros dos mirando…, aunque casi seguro que eso último no. Me han dado igual, el que me ha flipado era aquel chico. ¿Cómo se puede ser tan guarro? ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Si ni siquiera me ha visto…

Bajo a la calle y entro en el bar de en frente. Estoy seco. Me tomo una caña rápida mientras miro en la tele un partido, unos frikis borrachos le gritan a los jugadores a mi lado. Justo antes de salir pido que me activen la máquina de tabaco. A través del cristal veo a un chico cruzar el mismo portal por el que he salido yo. Le sigo con la mirada hasta una farola y me fijo en sus vaqueros ajustados, con una pernera mojada, y en la camiseta verde. Le veo encender un cigarro. “¿Te la activo otra vez?”, me dicen desde la barra, viendo que la máquina se ha vuelto a bloquear.

–No, no hace falta –le respondo saliendo por la puerta.

–Perdona, ¿te puedo pedir un cigarro? –le pregunto al chico mientras le miro a la cara. Tiene los ojos más bonitos de lo que me esperaba. Él se extraña, pero me vuelvo a sonreír. Es él seguro.

–Claro –me contesta. Me da el piti y se me queda mirando con una ceja levantada. Él no me ha visto, no sabe quién soy. Juego con ventaja, y me gusta jugar. Me gustaría jugar mucho más con él. Pero de repente miro por el cristal y los cuatro tíos que estaban en la barra conmigo me están mirando cuchicheando como viejas de pueblo.

–Muchísimas gracias –le digo, y empiezo a alejarme.

–De nada, guapo –me contesta.

En la esquina me vuelvo a dar la vuelta. Me está mirando. Volver a encontrarte, para que me la vuelvas a chupar así. Eso sí que no será fácil.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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