19/10/2020

Relatos gais (des)conectados: “Me invitan a un chill”

17 septiembre, 2020
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Capítulo 16

Llevo una semana de curro horrible, sin poder pensar en nada después de salir. Necesito fiesta, distraerme y correrme, pero a la vez me arde la cabeza. Llego a casa, es jueves por la noche, sin plan, y mañana descanso. Me quedo mirando el móvil. Miro su número, pensando en aquella última mamada, pero no sé qué decirle, es tarde y tampoco sé si tiene sitio. Así que me conecto. No hay casi nada abierto, no sé a dónde salir, y empiezo a preguntar por la app.

Me encuentro a un chaval que me ofrece ir a su casa, está de fiesta con otros tíos allí. Lo llama estar de chill. Pero me dice que allí a todos les va hacerlo a pelo, y me pregunta si tomo PrEP. Apenas sé lo que es, y me pregunta si quiero hacerlo sin condón con él y otro amigo mientras me pasa foto de dos culos juntos, sin un solo pelo, demasiado delgados para mi gusto. Me dicen que buscan activos, que si tengo algún amigo que llevar, que por ocho euros tenemos bebida y entrada, como si fuera un local. No me suena mal de precio desde luego. Le pregunto al colega que me invitó a la sauna, y me dice que él se viene conmigo, que los chill le encantan. Aunque la sauna no me flipó, sigo con ganas de probar cosas nuevas. Él se la meterá a esos dos culos depilados mientras yo veo lo que se cuece por allí.

Cuando llegamos nos abre el tío que me ha hablado y me ha pasado fotos. Es el mismo, pero tiene las pupilas muy dilatadas y está más delgado aún de lo que creía. Me echo para atrás del todo, mientras mi colega se relame y empieza a quitarse la camiseta. Me dicen que me la quite yo también. Creía que como era una casa no iba a tener que ir sin ropa, pero me equivocaba. Me quedo en calzoncillos y calcetines, como norma de la fiesta, y me suben a una segunda planta para dejarlo todo encima de una cama. Después de pagar me indican dónde está la bebida, pero solo hay ginebra, y apenas un poco de tónica, no hay nada más. Me ofrecen droga entonces, algo llamado G, pero con ese dolor de cabeza no voy a tomar nada. Así que con un gin tonic que me va a sentar como el culo en la mano empiezo a pasear por un salón y una cocina llena de tíos semidesnudos. Esto es otra sauna, pero en casa.

Salgo a una especie de terraza, donde está todo el mundo fumando. Las vistas son espectaculares, y mi mente empieza a distraerse del todo pensando en cómo se podrá pagar ese chico este pedazo de piso, lleno de chicos desnudos, cobrando unas monedas por la entrada. Me doy la vuelta y empiezo a mirar a un tío musculado, con el flequillo largo, unos calcetines de Adidas subidos casi hasta las rodillas y un calzoncillo blanco que le marca paquete.

Pienso en entrar y hablar con él mientras pego otra calada, pero entonces le veo sacar una minúscula cuchara del bolsillo, llena de polvo blanco, se la acerca a la nariz y lo esnifa. Vuelvo a girarme y a disfrutar de las vistas, hay poco que me interese detrás de mí, al menos para esa noche. No me apetece drogarme, no me apetece follar a pelo, no sé qué hago aquí.

Mi colega entra en la terraza y me dice que está arriba, en una habitación, con dos tíos esperándonos para chupárnoslas a los dos. Le digo que subo ahora, que empiece él, mintiéndole, pensando en pirarme en cuanto se vaya y yo me acabe el piti.

Observo entonces a los chicos que me rodean, todos hablando, socializando, bebiendo algunas cervezas que parece que han traído ellos mismos y bailando algo de música. Hay algunos paquetes que me gustaría descubrir, alguno me devuelve la mirada, pero me sigue doliendo la cabeza. No, no ha sido buena idea venir, prefiero ir a casa, hacerme una paja y dormir.

Tiro el cigarro al vacío y entonces subo, cojo mi ropa, veo una puerta abierta justo al lado y me asomo. Veo cómo mi amigo se la está metiendo a un tío mientras besa al anfitrión. Me río y empiezo a bajar las escaleras, algunos chicos me siguen con la mirada, pero yo cierro la puerta detrás de mí.

Cuando estoy en la calle veo un grupo de chicos riéndose descaradamente con unos vasos en la mano, pienso que van a subir al piso de donde vengo yo seguro. Cuando se acercan más me fijo en sus caras, y es él. Es Y, con los amigos que estaban en la sauna. Se para de repente, y yo freno también. Sus amigos siguen andando.

–¿Qué tal? –le pregunto, mientras me mira con asombro.
–¿Bien y tú? ¿Vienes del chill?
–Sí… –le respondo con vergüenza.
–¿Y qué tal está?
–¿Estar? Lleno, no sé. No es mi rollo. Me voy a casa.
–Ah, vale… ¿No quieres subir un rato más con nosotros?
–No, hoy no. Mal día de trabajo, me va a explotar la cabeza. Oye, pero te tengo que escribir.
–Sí… –me responde él bajando la cabeza–. Cuando quieras. Pero en vez de decirme que me mandarás un WhatsApp y luego no hacerlo podrías quedarte un rato más –me dice mientras se tambalea un poco, y me vuelve a señalar a sus amigos, que están abriendo el portal de donde acabo de salir.
–¿Tenéis alcohol? –le pregunto.
–Sí, pero whisky no… –me dice con una sonrisa–. Solo ron.
–¿Aliñado? –le pregunto.
–Por supuesto. –Yo chasqueo los labios. Él se queda mirándome, tiene los ojos cansados y se nota que está borracho. Pero veo cómo me mira la boca.
–¿Tenéis cerveza al menos? –le vuelvo a preguntar.
–Él abre la bolsa que lleva colgada en el brazo y me lanza una lata fría.

Después empieza a andar en dirección a sus amigos. Se me quita el dolor de cabeza tan pronto como oigo el sonido del gas escapando del aluminio de la chapa abierta debajo de mis dedos. Me giro mientras pego un trago y veo su pantalón apretado, marcándole la cintura y los glúteos.

Le sigo.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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