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Guillermo Pérez Villalta: “Siempre he vivido mi homosexualidad de forma natural, y a veces me ha traído problemas”

19 febrero, 2021
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La Comunidad de Madrid dedica exposición a uno de nuestros pintores posmodernos más singulares y únicos, Guillermo Pérez Villalta, miembro de aquella Nueva Figuración Madrileña de los setenta y también retratista oficioso de la movida.

No es El arte como laberinto una antológica al uso: es un auténtico viaje donde el artista se convierte en Dédalo, y te invita a pasear por el laberinto de sus ideas. Efectivamente, un laberinto, diseñado por el propio Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, 1948), que estudió arquitectura antes de dedicarse al arte, sirve de recorrido para esta travesía por la obra de un manierista consumado, a modo de subrayado sobre uno de los temas más evidentes de su ‘cultista’ pintura: las arquitecturas imaginativas, algunas imposibles, que el arte nos ha dejado a través de las pinturas que realizaron sobre todo los primitivos flamencos y los renacentistas entre los siglos XIV y XVI.

Guillermo Pérez Villalta siempre se ha reconocido como un amante de la belleza, sin necesidad de más excusas. La lleva practicando a su aire, sin vincularse a corrientes ni modas, desde que fuera uno de los miembros de esa Nueva Figuración que incluía personalidades y estilos muy dispares (Alcolea, Quejido, Gordillo o Sigfrido Martín Begué, por citar algunos). Y también cuando a finales de los setenta entabló amistad con una generación mucho más joven, que igualmente huía de lo progre, la instrumentalización política del arte y lo conceptual, y admiraban aquello que era simplemente bonito.

Foto: Luis Daza

Durante la movida se convirtió en uno de sus pintores ‘oficiosos’, junto a Las Costus, Ceesepe (quizá su imitador) o Martín Begué, y realizó el cuadro que los definió como generación, Personajes a la salida de un concierto de rock (1979). De todo esto, incluido el deseo homosexual y su pasión por la desnudez, hablamos con él.

SHANGAY ⇒ ¿Cuánto llevas preparando esta exposición, tan meditada? ¿Cómo surgió la idea?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ El comisario Óscar Alonso Molina y yo llevábamos casi dos años dándole vueltas. Desde que se planteó la posibilidad de hacerla, decidimos, en vez de una retrospectiva al uso, tirar por algo más apetecible: establecer un hilo conductor, una historia… Lo más curioso fue que al estudiar la planta de la Sala Alcalá 31, que no es un sitio fácil porque era un antiguo banco, me di cuenta de que estaba pensada según la “proporción armónica”. Una cosa muy sencilla que se emplea desde la antigüedad, y que se utiliza para todo: desde la arquitectura hasta el diseño de objetos.

Viene a decir que, cuando haces una división de un espacio, cada parte es igual en proporción al todo, al conjunto de ese espacio. Eso alivia mucho a nivel estético, perceptivo… y al espíritu. Me venía muy bien esto, ¡porque es lo mismo que hago de siempre en mis pinturas! Y comencé a elaborar el trazado del laberinto, pensándolo ya de una manera expositiva: qué espacios podía crear y dónde y para qué. Las únicas correcciones han sido de orden de seguridad: ampliar una zona de paso si era estrecha…, esos detalles. Esto ha permitido que la exposición tenga un carácter muy simbólico.

“De siempre he estado un poco al margen de las modas oficiales”

SHANGAY ⇒ Y te ha permitido trabajar con la arquitectura, que es otra de tus disciplinas…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Sí, claro. He visto la maqueta que han hecho de mi construcción, que está a la puerta de la exposición, y es una maravilla. Pero claro, es una cosa que se queda la Comunidad de Madrid… y me da mucha pena, porque es preciosa [risas].

Hombre dibujando (2002)

SHANGAY ⇒ Al fin tienes una muestra oficial… ¿Sigues sintiéndote apartado o ninguneado, como has manifestado alguna que otra vez?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ De algún modo, sí. No tanto apartado, es que creo que no encajo en el arte oficial español, tan dogmático. Pero no me voy a quejar: realmente he hecho muchas exposiciones, y hay un cierto sector del arte que me reconoce. De siempre he estado un poco al margen de las modas oficiales, por decirlo de alguna manera. Mi criterio estético lo adquirí muy temprano, a los veintiún o veintidós años, cuando me di cuenta de que el arte contemporáneo tomaba una dirección dogmática, unas líneas obligatorias que había que seguir que coartaban la libertad e individualidad del artista, y ahí cambié. Incluso adopté la pintura: porque yo nunca me he considerado pintor, siempre me he definido como “artífice”, una persona que hace cosas: arquitectura, diseño de objetos, escultura, pintura… cualquier cosa.

“No comprendo esa manía de deshacernos de la representación del sexo masculino”

SHANGAY ⇒ Pero el grueso de tu trabajo ha estado siempre vinculado a la pintura…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Por un tema puramente práctico: era algo que podía dominar de principio a fin, no intervenía otra gente. Desde realizar el bastidor o preparar la tela, hasta el momento que me digo “el cuadro está acabado”, no ha intervenido nadie más. Con lo que me libero de muchos problemas. Al principio trabajaba con obras tridimensionales, lo que entonces se denominaba “ambientes” y después “instalaciones”. Eso a finales de los sesenta. Y eso no lo dominas, participa más gente. Pero con un papel y un lápiz puedes crear con una sencillez material tremenda: no intervienen terceros, no hay costes elevados… Mi absoluto amor a la arquitectura está muy condicionado a que cuesta mucho materializarla. Por eso lo he hecho muy poco. La pintura, sin embargo, te da una absoluta libertad de pensamiento, que para mí es lo más importante.

Artistas en una terraza o Conversaciones sobre un nuevo arte mediterráneo (1976)

SHANGAY ⇒ En esta exposición creo que se ven claramente tres amores tuyos: el primero, por la arquitectura imaginativa, tan propia de la pintura renacentista, y que realmente se ha dado pocas veces fuera de la pintura…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Es así, efectivamente. En la Escuela de Arquitectura, cuando estudiaba, tenía ya grandes peleas con mis profesores y catedráticos. Era ese momento del predominio de la arquitectura moderna, sobre otros criterios más amplios, más estéticos, imaginativos, distintos… Recuerdo mis grandes broncas con el urbanismo, que por aquel momento proponía una arquitectura de bloques que, a favor de la economía, genera una vida social muy poco grata, un paisaje demoledor para el alma. Hay cosas que valoro mucho de la arquitectura, como que fomente la relación entre personas, esa ágora latina como espacio de reunión, y veía alrededor una ignorancia absoluta sobre el tema. A mí me interesa mucho la relación emocional, estética e intelectual de las personas con el espacio que habitan. Y no me veo como un reaccionario, es que siempre me ha parecido más lógico, más orgánico, más humano.

SHANGAY ⇒ Más que reaccionario, un visionario… De hecho fuiste el primero, en los ochenta, en reivindicar un tipo de arquitectura muy vilipendiada entonces, y hoy más admirada: la de la Costa del Sol de los años sesenta y setenta. ¿Ves alguna relación entre esa arquitectura y la imaginativa de tus cuadros?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Mi defensa de esa arquitectura surgió de una forma muy sencilla. La familia de mi madre residía en Tarifa. Y la de mi padre, en Málaga. Desde que nací, iba de un sitio a otro constantemente. Y claro, en esos viajes, a lo largo de los años vi cómo se desarrollaba la Costa del Sol. Esa fascinación mía por la arquitectura viene de muy niño, tendría unos cinco años; vi cómo se construía el Pez Espada, los chalets modernos… Para mí ese viaje, lejos de ser aburrido, resultaba fascinante, y me sigue impresionando, aunque la Costa del Sol ha ido degenerando por sobreexplotación. Pero hay muchos sitios en donde sigo pensando que no quedó del todo mal [risas].

“Para mí, el arte está hecho para reconciliarnos con la vida”

SHANGAY ⇒ El segundo amor que se ve en esta exposición es por la historia de la pintura: el gótico, los primitivos flamencos, todo el renacimiento italiano, con especial énfasis en el manierismo, y el rococó francés. ¿Por qué siempre te saltas el barroco español?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ No, no. Quizá, relacionándolo con la arquitectura, es porque el barroco español es muy poco barroco [risas]. Pero tengo adoraciones absolutas por Velázquez o Zurbarán, que siempre me produce una sensación especial cuando estoy delante de uno de sus cuadros. Tiene el don de la gracia y una belleza muy esencial. Lo que pasa es que a mí me gustaban las cosas bonitas desde niño, y al final he llegado a tener un conocimiento muy vasto y profundo de toda la historia del arte. No solo del occidental, ¡también el japonés o el chino!

La excavación (2020)

SHANGAY ⇒ Ese es el tercer amor tuyo en esta exposición: la historia y el conocimiento de la cultura. ¿Cómo ves el mundo hoy, que gracias a las redes sociales, está tan anclado en una obsesiva contemplación del presente individual?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Pues he de reconocer que me entra un poco de sensación de angustia. Es como una nueva Edad Media, pero tecnológica, con todo ese oscurantismo a través de los aparatitos. En vez de haber creado una sociedad que fomente la belleza, la fe en la cultura, es como una exacerbación de lo banal, de la nada. Lo que veo no es tanto una falta de cultura como una falta de amor por la belleza de las cosas. Un cultivar el gusto. Es todo excesivo y hortera. Pero es la época que nos ha tocado vivir, y también hay cosas interesantes. Lo que no impide que sea un poco pesimista… Esto del crecimiento económico continuo afecta a todo, y no para bien. Recuerdo de joven bañarme en las playas de Tarifa desnudo y sin nadie alrededor. Hoy es imposible: están a rebosar de turistas. Creo que se desborda la escala humana en todo. Y resulta todo demasiado impositivo: no puedes huir de ello.

“¡Me gusta mucho estar desnudo! Así me paso todo el día”

SHANGAY ⇒ Ya que has mencionado la desnudez: los hombres desnudos son una constante en tu trabajo. A veces eres tú mismo. Y se reproducen entre lo incitante y lo desvalido…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ [Risas] Es lógico. He sido totalmente consciente de mi homosexualidad desde siempre. Y desde ese punto de vista, lo he pintado. No lo voy a convertir en lo que no es: la presencia del hombre desnudo es algo que evidentemente me atrae. Aunque haya utilizado también la imagen de la mujer. Y tienes razón, hay un poso de autorrepresentación, aunque a veces dudo que sea yo mismo…

Mi pintura siempre ha hablado de mi vida, de las cosas que me han pasado, de la soledad frente a los objetos, de la melancolía, y también tienen un lado… bueno, aunque la palabra no me gusta, digamos “místico”. Algo un poco más profundo. He utilizado mucho en mi obra, aunque en esta exposición no hay nada, la idea de la unión de Cristo y Dionisos. Es algo que reviso constantemente: esa contraposición del sufrimiento y la evasión, relacionado con el mundo de la iconografía de Cristo, pero representado claramente desde otro punto de vista. Aunque a veces la gente esto lo interpreta de una forma muy errónea.

Los baños (1993)

SHANGAY ⇒ ¿Por qué te gusta tanto autorretratarte desnudo?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ ¡Porque me gusta mucho estar desnudo! Me paso el día desnudo y mi compañero me dice: “Te van a ver los vecinos”. Pues si no quieren verme, que dirijan su vista hacia otro lado, vamos. Es algo que me resulta muy placentero. Incluso en invierno llevo poca ropa; ni calcetines, me gusta el contacto de mis pies con el suelo. Es algo de corte sensorial, entre otras cosas [risas].

“Mi capacidad de imaginación ha ido aumentando con el tiempo”

SHANGAY ⇒ En tu pintura ni ocultas ni subrayas tu condición de homosexual. No sé si esto te llegó a causar problemas en algún momento…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Siempre lo he vivido de una forma absolutamente natural. Otra cosa es que lo fuera para la gente… Sí, me ha producido problemas. Hace años iba a exponer en Barcelona un díptico que me parecía muy interesante, sobre el hombre y la mujer. Una exaltación de los cuerpos. El hombre, lógicamente, tenía una erección, y el galerista enseguida reaccionó de manera absurda. Llegó a llamar a Soledad Lorenzo [su galerista durante años] para pedirle que hablara conmigo y retirara la pintura.

Esas cosas me han pasado mucho. Y nunca las he comprendido bien: nunca he tenido el propósito de provocar, es que una erección me parece lo más natural del mundo, ¿no? No comprendo esa manía de deshacernos de la representación del sexo masculino, no sé qué puede tener de ofensivo. Están todos los museos y jardines del mundo llenos de desnudos femeninos y a nadie le importa un pimiento. Ahora, colocas así unos atributos masculinos generosos, o en su bendito estado de exaltación, y es un escándalo. No lo entenderé nunca.

Vísperas de Pascua (1999-2000)

SHANGAY ⇒ ¿Tienes alguna opinión sobre el arte queer que se produce desde los años noventa y que no busca precisamente la belleza, como has hecho tú, sino la anomalía?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Es un tema sobre el que practico una lucha activa, de siempre. Para mí el arte está hecho para reconciliarnos con la vida, para hacérnosla más llevadera en todos los sentidos. La utilización del arte por la ideología es algo que me pone de los nervios, sea la ideología que sea: política, religiosa o sexual. El arte tiene que estar fuera del marco de la imposición de ideas. No creo para nada en el arte como una herramienta de lucha o reivindicación política. Incluso me molesta.

No puedo, es superior a mis fuerzas, el arte tiene que ser algo más profundo que un eslogan. Y para mí esa profundidad ha sido de siempre la belleza y el placer. Que las junto en una palabra: “bellezaplacer”. Y eso siempre se confunde. Pasa con el desnudo: la gente siempre lo relaciona con el sexo. Y no, responde a un goce mucho más profundo. La belleza produce otro tipo de placer.

SHANGAY ⇒ Hemos hablado de tu condición de no pintor, y también de cierto misticismo. Leí un texto tuyo de hace años donde te describes casi como un monje que acude al altar, tu caballete… ¿Te ha supuesto algún sacrificio monástico la pintura?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ No, no, al revés. Me ha aportado muchísimo. Ha ido llenando mi espíritu de una manera tremenda. Me ha dado mucho. El conocimiento puede que a veces te deje un cierto poso amargo…, es cierto que la felicidad vive en la ignorancia. Pero para mí no ha supuesto otra cosa que ir subiendo de nivel en mi condición humana. Ser mejor cada vez. El hombre y su conciencia están hechos para conocer. Ese creo que es nuestro papel en el universo.

Arca del cielo

SHANGAY ⇒ En esta exposición estarán presentes algunos de tus objetos y tus esculturas. Una parte mucho menos conocida de tu trabajo, e igualmente pensada para la belleza…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Con la escultura pasa lo mismo que te comentaba con la arquitectura: todo lo que pasa por otras manos, comienza a ser un problema. Por eso la he desarrollado poco. En mis esculturas interviene un taller, y en ese proceso… se complica. En esta exposición, escultura como tal hay poca. Sí hay objetos, prefiero llamarlos así, como vasos barrocos. Para realizarlos trabajé con artesanos de la Semana Santa de Sevilla. Nunca entenderé cómo unos artesanos tan dotados, con esa sabiduría tan grande sobre materiales y técnicas, pueden estar tan infrautilizados, y se limitan a realizar altares barrocos [risas]. Realmente estoy muy orgulloso de esas piezas: me encantan.

SHANGAY ⇒ No incluyes en esta exposición ninguna obra relacionada con los habitantes de aquella movida con la que te relacionaste, aunque no quieras considerarte como uno de ellos. Pero, finalmente, pintaste los cuadros que los definieron como generación…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ No es que no quiera que me relacionen, es que llegado un punto se convirtió en un tópico sobre mí. Y uno ha de tender a separarse de los tópicos. Efectivamente, estuve con ellos: ten en cuenta que eran trece o catorce años más jóvenes que yo. Cuando conocí a Alaska, ella debía rondar los trece… Aun así, era una generación con la que tenía mucha más sintonía que, por supuesto, con la anterior a la mía, pero es que también mucha más que con la inmediatamente posterior, la intermedia entre ellos y yo. Digamos que con una parte de este grupo, quizá con su lado más pop pero también con el lado más intelectualizado, tuve muchísima relación. Eran muy amigos míos. Desgraciadamente, la muerte se ha llevado a muchos. Pero para mí fue importante en más de un sentido.

Cuando pinté el cuadro Personajes a la salida de un concierto de rock (1979), que por cierto está en el Reina Sofía y siempre lo tienen guardado, lo hice porque me parecía estar retratando un momento histórico, ejecutando un cuadro con esa idea. Fue a la salida de un concierto de Kaka de Luxe y otra gente, Los Zombies creo. Ahí se me apareció el momento: cuando bajaban unas escaleras. Y apareció el cuadro. Pero claro, cuando te identifican con algo, generalmente nadie se molesta en valorar el resto de las cosas que haces, lo que puede suscitar errores de interpretación. Y como también ese es mi lado más conocido por todo el mundo, pues he dedicado esfuerzos a señalar otras cosas de mi trayectoria que no tienen que ver con esto.

SHANGAY ⇒ ¿Pintaste ese cuadro de memoria, o tomaste una foto del momento?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ No, el cuadro está totalmente imaginado, desde un recuerdo. Fue en un sitio que todavía existe, unos locales de ensayo que en aquella época se llamaban Ateneo Libertario, y que como estaba muy cerca de mi estudio, pues pasaba muy a menudo a ver a los grupos ensayar y los conciertos. Pero el cuadro es pura invención: incluso procuré que las personas dibujadas no se parecieran demasiado a las reales. Se reconocen, pero podrían ser otros, no son retratos. Es un cuadro que trabajé mucho, con varios bocetos grandes y estudios de composición.

Insisto en que lo pinté al modo de Jean Louis David: como si fuera un cuadro neoclásico de un momento importantísimo. Jugando un poco con esa idea. Porque entonces, entre el 77 y el 79, era el momento de la Nueva Ola, el surgimiento del punk…, estaban pasando cosas. Los setenta habían sido unos años muy oscuros, los años del plomo como los llaman los italianos, y de pronto había un despertar, una nueva generación. Para mí fue un momento vibrante. Siempre he estado muy pendiente de lo que pasa en el mundo: aún hoy, siempre estoy en contacto con lo que está pasando.

Dédalo y el minotauro (2017)

SHANGAY ⇒ Para terminar, y al hilo de esta exposición, ¿en qué laberintos te gustaría perderte ahora mismo?
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ ¡Uy, estoy yo ahora para laberintos! [risas]. Me basta con el gran laberinto que es mi propia mente. La verdad es que mi capacidad de imaginación ha ido aumentando con el tiempo. Y claro, muchas veces me quedo en Babia, pensando e imaginando cosas tremendas… Como conozco tanto arte, me paso el día mezclando cosas inverosímiles en mi cabeza: el rococó con la modernidad…, unas ideas delirantes. He intentado varias veces en mi vida plasmar un rococó moderno, que es algo que me fascina. El rococó, como el manierismo, es que son… y la gente los desprecia, cuando son pura maravilla en torno a la belleza. Hice en una época cuadros con formas como de ameba, y dentro como imágenes chinescas u orientales… Mi cabeza no para. Ni parará hasta que un día haga catacloc.

SHANGAY ⇒ Esperemos que eso ocurra dentro de muchísimos años…
GUILLERMO PÉREZ VILLALTA ⇒ Pues no sé yo: el problema es que cuando mejor está la mente, peor está el cuerpo. Ya os llegará el día en que os deis cuenta.

El arte como laberinto, EXPOSICIÓN de Guillermo Pérez Villalta, se puede visitar en la Sala Alcalá 31 de Madrid hasta el 25 de abril.

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