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‘No hay gacelas en Finlandia’: entrevistamos a Dimas Prychyslyy

23 abril, 2021
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Este año, con motivo del 25º aniversario del Premio Primavera de Novela, la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés convocaron, con carácter excepcional y único, el premio ’25 Primaveras’ para novelas escritas por autores menores de treinta años.

El jurado falló por unanimidad que el ganador fuera  Dimas Prychyslyy, español de origen ucranio, por su novela No hay gacelas en Finlandia.

De la pluma de Dimas han salido otras obras en prosa y en verso como Molly House, en la editorial Hiperión, Con la frente marchita, de la editorial Dos Bigotes, Tres en raya o De la intimidad. Distintas caras de la misma moneda, para acercarse a temas como la identidad, la marginalidad o el homoerotismo.

En No hay gacelas en Finlandia, concretamente, Dimas trata temas como la soledad, el sexo, la identidad sexual y el anonimato en redes sociales, cada uno desde una perspectiva distinta. Una plétora de personajes en primera persona os hará perderos y encontraros en una trama común y poliédrica que mantiene el suspense hasta la última hoja.

La novela es, más que un puzle, un mosaico de pequeñas teselas en el que, conforme avanzas, puedes ir encajando las diminutas piezas –96 capítulos cortos– de una historia magnífica. El estilo potente y la capacidad que tiene el joven autor para cambiar de voz hacen de esta novela un verdadero regalo para el lector.

Muchos os preguntaréis, a lo largo de la novela, el porqué del título. Dimas asegura que surgió de un diálogo muy curioso y cómico con su pareja, hablando de conceptos contrapuestos y de combinaciones imposibles:

No hay ucranianos andaluces me dijo para provocarme.

¡Venga ya! le respondí.

Y soltó:

No hay gacelas en Finlandia.

¡Titulazo! el tiempo se detuvo.Y se acabó la discusión.

SHANGAY ⇒ ¿Has notado mucho el cambio de una editorial pequeña y alternativa como es Dos Bigotes a una consolidada y con más alcance como Espasa?
DIMAS ⇒ Con lo que está pasando todo se ha achicado. Son dos formas muy distintas de trabajar, además, con el premio, la edición del libro fue en tiempo récord. Ver cómo el texto del ordenador pasa al papel y llega a las librerías en cuestión de un mes impresiona mucho, está en la categoría de lo milagroso.

SHANGAY ⇒ Hace unos días leíamos en redes que algunos amigos te presionaban para que escribieras más a menudo… ¿Tienes alguna manía excéntrica a la hora de ponerte a teclear?
DIMAS ⇒ Lo normal es leer, escribir es casi antinatural, así que me obligo y pido a las personas de confianza que me presionen. El miedo mezclado con la pereza es un mal cóctel. Bebo mucho té, muchísimo, y fumo, y prefiero la noche al día… Pero eso no es ninguna excentricidad, lo excéntrico para otras cosas.

SHANGAY ⇒ ¿Qué ha cambiado del Dimas de Molly House al de No hay gacelas en Finlandia?
DIMAS ⇒ Yo pensaba que con los años me iba a volver más valiente, y a cada día que pasa me siento más acojonado y más indefenso. El ‘valor’ de Molly House me produce vergüenza y nostalgia. Aparte de eso, pasa que cuando dejas de poder enrollarte con la misma facilidad que a los 19, te enrollas por escrito… Hay cosas que no caben en la poesía.

SHANGAY ⇒ Versos en Molly House, relatos en Con la frente marchita, ahora novela… ¿Qué será lo siguiente?
DIMAS ⇒ Dicho así, lo que me falta es hacer un show de variedades [risas]. Me cuesta mantener una rutina, pero puedo presumir de escribir muy rápido. Ahora tengo dos proyectos entre manos, uno a punto de concluir; es una lástima, pero no puedo disfrutar del caché que dan las crisis creativas, a mí eso no me pasa.

SHANGAY ⇒ Sorprende la facilidad que tienes para describir la ansiedad y las frustraciones de Misha, que está haciendo su transición de género. ¿En quién pensabas cuando construiste este personaje?
DIMAS ⇒ Me inspiré en una persona cercana que no se reconoció en absoluto. De hecho, dijo que Misha le caía fatal; es lo que tienen los espejos. Creo que la historia de Misha es una de las más complejas, por su entorno familiar, por sus relaciones con los demás y con ella misma… Menos mal que aparece la centenaria Mar y la encarrila.

SHANGAY ⇒ Es de agradecer encontrarnos con personajes LGTBIQ+ que no están envueltos en tramas básicas de bullying, sexo desenfrenado o desamor. ¿Cuál consideras que es la función de tu personaje en la trama?
DIMAS ⇒ Está hecha un lío, y la familia no ayuda; aun así, hace una vida normal y supera los problemas y celebra las alegrías como todo el mundo. El personaje salió solo, me parecía obvio y significativo del momento que vivimos. Misha y su madre representan dos Madrides, uno que adoro y otro que detesto. Bueno, a la vista está, basta con poner la tele.

SHANGAY ⇒ No hay gacelas en Finlandia encierra una reflexión profunda sobre el trabajo asalariado. ¿Hasta qué punto todo es prostitución, el tiempo una mercancía, la vida un número en la cuenta a fin de mes?
DIMAS ⇒ Sí, hay una reflexión sobre la precariedad relacionada con la soledad. Incluso los que deciden bajarse del tren social, convertirse de un modo voluntario en marginados, pongamos los mendigos, tienen que dar cuentas a la autoridad e incluso pagar por su mendicidad. En Con la frente marchita ya reflexionaba sobre estos temas, y aquí vuelvo a ellos. Y la conclusión es la misma: no tenemos miedo al pobre, tenemos miedo a la pobreza, y con tal de esquivarla somos capaces de hacer lo que sea. Incluso recibir limosnas en trabajos miserables a cambio de nuestro tiempo. Ese temor se denomina aporofobia, y es un virus que asola nuestra sociedad.

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