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Edu y Jacinto, una historia de amor LGTBI en la posguerra española (que te emocionará)

28 junio, 2021
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El amor entre Edu y Jacinto en la España de la posguerra, o el despertar de Cecilia son un regalo para el lector de Cecilia y otras mujeres que se creyeron muertas de Esther Arencibia Urién.

Destaca en el título esa idea de colectividad y solidaridad que nos impone el sabernos frágiles, Cecilia y otras mujeres que se creyeron muertas de Esther Arencibia Urién lo define. No vale pensar que lo que pasaba en los años 50 no nos atañe, porque si miramos a nuestro alrededor, lo que ocurría entonces, el tiempo en el que transita esta novela, se repite ahora en momentos en los que la ultraderecha define planes políticos machistas y homófobos en ciudades como Madrid.

La protagonista de nuestra recomendación literaria, editada por Libros Indie, es Cecilia, una niña, obligada a hacerse mujer con 14 años, que encontrará en la amistad con Edu –el único amigo de verdad con el que compartirá sus cuitas– un asidero y el socio perfecto para su plan. Es Edu, desde su visión de la sororidad, quien abre la mente de Cecilia y la instruye, con su ejemplo, en el amor y la imprescindible igualdad.

“Eduardo, el chico de los recados, iba solo los viernes y subía el correo que la portera le guardaba durante toda la semana. Era un muchacho escuálido con mucho pelo, poca barba y que vestía siempre de gris; quizás para disimular su interior, morada del arco iris. Eduardo tenía pareja: Jacinto el limpiabotas del barrio. Era un amor que los vecinos pasaban por alto y no por respeto, sino porque no habrían sabido qué decir y además tenían todos demasiado trabajo”.

Era aquella España vetada a la diversidad, con la ley franquista “de vagos y maleantes” que hacía detener a los homosexuales, en la que, sin embargo un chico de los recados y Jacinto, su novio limpiabotas, abren los ojos de una niña de coordenadas de barrio a la que no le encajan ciertos comportamientos de su jefe. Es en definitiva, la pequeña y gran historia de dos hombres valientes, un pintor de brocha gorda y un humilde zapatero (acostumbrado a cepillar los andares), quienes desde la sensibilidad y la ternura servirán de lanzadera en la lucha por la igualdad a su amiga Cecilia que, sin embargo, acabará en el peor de los sitios.

“Jacinto estaba allí, había llegado como yo con media hora de anticipación. Entre todos los señores antiguos, organizados en un cuadrante, se alzaba él con unas flores que anhelaban llamarse ramo y que rogué no fueran para mí. Me divisó y levantó su mano con la timidez de un alma femenina obligada a permanecer en la sombra. Me acerqué con cierto optimismo porque aquel gesto delicado me encajaba en la estampa de quien debió tener el amor de Edu”.

“Era un hombre, enjuto, pelo ralo y repartido por cara y cabeza, arrugas sin orden, ojos claritos y dulces; bigote, frazada de unos dientes que ya no eran, que disimulaba su poco cuerpo en un traje claramente del Rastro con pespuntes de más de un tono con camisa limpia y corbata buena, zapatos limpios y uñas morenas”.

Juntos, Jacinto y Edu, al albor de la lucha de Cecilia y otras mujeres que se creyeron muerta, descubrirán que la desigualdad, aunque asentada firmemente en la España que les toca vivir, es combatible desde una guerra de trincheras, en cada casa, en la que el primer enemigo a batir será Braulio, guionista de fama efímera e ínfulas de gran cineasta, que encontrará en Cecilia remedio a sus múltiples carencias. Una historia de abusos en la España machista de los años 50 que, sin embargo, arroja una luz ante la desigualdad  que sufría la mujer de aquellos años de copla y boda irremediable: la diversidad entroncada íntimamente con la sororidad.

¿Acaso es esta solo una historia literaria que habla del pasado? No, porque la imbricación de la diversidad en la sociedad española de hoy, a través de leyes democráticas, se da contra un muro cuando aparece de nuevo el machismo y la homofobia, que pervierten la democracia de esta sociedad. Ya no vale decir que aquellos eran otros tiempos cuando hoy día escuchamos “a un llamado párroco” manifestando que a las mujeres antes no les mataban sus hijos porque aguantaban a sus maridos borrachos y sucios, y los hombres la locura de sus mujeres. Mientras los gais siguen siendo apaleados al grito de “¡maricón!” en muchas ciudades españolas. Hablamos de 2021, no de los años 50. Son necesarios libros como este de Esther Arencibia sobre el pasado, para comprender el presente.

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