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Relatos gais (des)conectados: “Me he vuelto a tirar a una chica”

1 octubre, 2021
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Capítulo 32

“Me he vuelto a tirar a una chica”

Joder, qué culo. Sábanas que huelen bien, libros de ciencias en el escritorio y ella sudando conmigo. Me da la espalda, mientras le aprieto uno de sus pezones. Una coleta improvisada con mis dedos para poder verla mejor, botando encima de mí, con ese culazo. Se deja tocar, le gusta, le pregunto si puedo seguir follándomela por detrás, y sin decir nada se baja de mí, apoya los antebrazos en el colchón y me ofrece enteras esas curvas inmensas.

Le cuesta un poco. Escupo, dejando caer mi saliva entre su cuerpo y el mío, aunque aún la tengo mojada por su propia esencia, y termina girando la cara para mirarme mientras se la meto. Entonces le entra entera. Comienza a gemir más fuerte que antes, comienza a perder las uñas entre la tela y el cabecero de metal. No puedo más, hacía meses que no follaba durante tanto tiempo con nadie, pero no voy a acabar hasta que ella se corra.

Me tumbo un momento intentando recuperar aliento. Se pone a mi lado. “Qué caliente me pones”, me dice mientras me la agarra y empieza a pajearme con suavidad. Yo apenas puedo asentir mientras sigo respirando y seco el río que baja por mi frente con una de las almohadas. Ella me mira mientras se chupa el dedo indice, haciendo brillar aún más el rojo de sus uñas, del mismo tono teñido en sus mejillas por el placer. Empieza a descender con sus labios mientras me mantiene agarrado, y parece que se la va a meter en la boca pero frena. Se queda muy, muy cerca mientras baja su mano hasta dentro de mis muslos. Me mete un dedo. Yo pego un brinco, cogiéndole la muñeca, pero ella me pide que me tranquilice. Me quedo quieto, me da un beso corto y vuelve a humedecerse las yemas. Después me cruza la cara con la mano abierta. La hostia resuena aún en mi oído cuando se vuelve a subir encima, esta vez de frente a mí, y se la mete hasta el fondo. Con la espalda arqueada vuelve a buscar mi entrada para seguir jugando. Yo entrecierro los ojos porque no puedo con su calor, con cómo se mueve ella sola hasta que termino subiendo los brazos y poniéndolos detrás de mi cabeza. El dedo empieza a hundirse dentro de mí, y yo dentro de ella cada vez más rápido.

No lo mueve demasiado, solo gira lentamente alrededor, mientras sigue follándose ella sola. Termina metiéndolo un poco más, y yo aprieto mi propio pelo. Un poco más, y tengo que bajar las manos hasta sus caderas. Un poco más… y tengo que abrir los ojos, agarrarla con fuerza hasta que siento cómo se queja, levanto las rodillas y empiezo a llevar yo el ritmo. Pero cada vez que se la meto ella se sigue introduciendo un poco más en mí, y no puedo dejar de hacerlo, con fuerza, cada vez más rápido. Se ríe desde ahí arriba, mirando mi cara de esfuerzo, de toro hambriento y furioso.

No puedo más, le aviso, ella asiente y me agarra del cuello hasta que me pongo encima. Se tumba sin sacar ni un momento su mano de dentro de mí, mientras empieza a tocarse con la que le queda libre. Empiezo a palpitar dentro, vuelvo a avisarle y levanta un poco más las piernas para que sea yo el que tenga el movimiento completo. Uso ese espacio, levanto mi espalda entera y me dejo caer una y otra vez de nuevo. Y grito, mientras empiezo a notar cómo estallo mientras ella me aprieta desde dentro, hasta que empieza a gemir. Se moja ella misma todo el torso, yo noto el veneno salir de mí.

Caigo sobre ella. Al contrario que los últimos polvos, no me quiero ir enseguida, no me disgusta la situación, pero tampoco me apetece hablar. Ella parece ir del mismo palo, y no me mira mientras entra al baño de su habitación. Sale con una toalla y un cepillo de dientes. Pillo la indirecta para pirarme. Cuando ya tengo el vaquero puesto y mis zapatillas blancas en la mano me dice que ha molado, le respondo que sí. “¿Lo harías con otro tío y conmigo?”, me pregunta mientras su mirada no de despega de mi pecho aún sudado. “¿Los dos contra ti?”, le digo en coña. “No, que él te folle a ti mientras tú me la metes”. Me quedo mirando al suelo mientras me termino de abrochar el cinturón y luego observo cómo espera una respuesta, tranquila, aún cepillándose los piños. Me he vuelto a tirar a una chica porque me la ha puesto dura y porque he sentido algo con ella, después de casi un año corriéndome solo con tíos. Pero no le he contado nada, no debería de saber nada. No quería darle explicaciones a nadie, no sabía siquiera si iba a volver a verla. No quería líos raros, pero el corazón se me acelera cuando me hace esa pregunta.

¿De dónde ha salido esta tía?

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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ILUSTRACIÓN: EVA DE LARA

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