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Relatos gais (des)conectados: “Cambiarme la foto para que me escriban”

13 enero, 2022
Léetelo en 6 minutos

Capítulo 46

“Cambiarme la foto para que me escriban”

Llevaba semanas sin conectarme y suele pasar; cuando vuelves después de un tiempo renegando de la app, de repente parece que eres el nuevo del barrio. No dejan de escribirte perfiles que no habías visto nunca, aunque no tengas foto.

Pero la buena racha se acaba, llevo unos días sin recibir ningún mensaje ni ninguna contestación, y decido cambiarme la foto. Solo para salir entre los perfiles nuevos, para dar un rostro diferente a mi perfil, esperando que me digan algo más.

No sé cuál poner. No me gusta nunca enseñar directamente mi cuerpo, ni mi rostro, me parece exponerse demasiado. Pero estoy harto de ser el que no tiene cara y va buscando entre los perfiles, hoy quiero que me encuentren a mí. Bajando por la galería la localizo, un selfi con gorra que siempre me ha traído suerte. Miro la fecha, es de hace más de tres años. ¿Pero qué más da? Si salgo de perfil y el brazo flexionado me saca más bíceps. Recortar, seleccionar como foto de perfil.

Bingo. Me escribe un culito, me dice que está cerca, que quiere chupármela hasta que me corra. Me pregunta si soy XL, le contesto que muy lechero. Me dice que si puede venir a mi casa, que le dé el desayuno. Le digo que suba, que estoy solo. Me pide la dirección. Por fin. La conversación no va más allá, no me pide más fotos ni él me pasa ninguna, pero me apetece correrme y empezar el día a tope, después tengo mucho que hacer. Al llegar me parece un poco más bajo de lo que decía en su descripción, pero está bueno. Se me queda mirando un momento de arriba a abajo, parece frenarse en el marco de la puerta sorprendido. No sé por qué, a lo mejor me tendría que haber puesto algo más porque le he abierto con el pantalón corto de deporte que he usado de pijama, sin camiseta, tal y como he dormido. A lo mejor tendría que haberme peinado un poco. Pero le invito a pasar hasta la habitación, y viene conmigo sin decirme nada más. Me siento en la silla de mi escritorio, estiro las piernas y me bajo un poco el chandal hasta enseñársela. La agarra con la mano, aún no está dura pero no pinta que vaya a tardar mucho en cuanto se la meta. Esnifa un poco de popper que saca de su bolsillo y se pone a trabajar. Solo le veo la coronilla, no me mira ni un momento. Le toco un poco la cabeza para marcarle el ritmo, se emociona. Le termino agarrando del pelo, haciendo que llegue hasta el fondo y después puedo echar la cabeza para atrás y disfrutar. No lo hace mal.

Me corro en su boca, se sube el pantalón que ni siquiera había visto que se había bajado, pero parece que no se ha corrido. Le doy un poco de papel que tengo en la mesita y lo escupe todo sin decirme nada, ni pregunta dónde está el baño. Se despide con la mano antes casi de que pueda darme la vuelta. Me quedo con una sensación extraña, no suelo hacerlo pero decido escribirle. “¿Ha pasado algo raro?” Me contesta que mejor no quedamos otra vez y ya. Le pido una explicación, me responde que prefiere no decirlo. Pues OK. Es verdad que en la foto parezco más fuerte, más masculino incluso con esa Nike puesta. ¿Habrá sido por eso? Recuerdo su cara desde el marco de la puerta. He engordado un poco en estos años, ya no se me marcan tanto los abdominales, o puede que sea porque tenga la barba más larga. Puede que haya flipado con las greñas que llevo, con los pendientes, ¿con el collar? Pero qué digo, si él tampoco medía lo que decía, a lo mejor él ha pensado lo mismo de mí en otro sentido. Tampoco le he dicho que fuera pollón, pero no la tengo nada mal. Nadie se ha quejado. ¿De qué va? Pues muy bien. No quedamos más, no te preocupes. Le bloqueo, me quedo mirando la foto, la borro y vuelvo a ser un icono gris de incógnito. Por si acaso.

¿Acaso puedes ver de verdad a la persona en una foto? Me acuerdo de todas las veces que me he sentido ridículo forzando una postura delante del espejo, más fuerte, más sombra en los brazos o en el torso. Otro ángulo, más lejos, menos ropa… ¿Desde cuándo soy así?¿Desde cuándo me la ha dejado de sudar que me escriban o no? Si al final me escribían mucho más cuando no tenía foto, por la curiosidad supongo, solo por poner que soy activo. Siempre he tenido lo que he querido, cuando lo he querido. Pero ahora… llevo una mala racha. Antes era diferente porque siempre había otro que venía justo detrás, pero ahora…

La de veces que me he sentido ridículo porque una conversación que iba bien desaparece justo después de enviar una imagen. La sensación de no ser suficiente, de no ser más. Que frustración, cómo hiere el ego, cómo me hace sufrir sin necesidad. Joder, me acuerdo de las palabras de “Y” otra vez…, de cómo me decía que parecía hetero. De cómo él nunca se quejó, pero claro, me conoció en persona y eso es muy diferente. Me acuerdo de cómo me hacía sentir, de cómo me escribían los tíos cuando estaba quedando con él, parecía que lo olían, pero yo cogía el metro a tomar por culo para darle a él. Ojalá fuera así de fácil, cambiarme la foto y que de pronto me escribiera de nuevo. Pero no, porque él me conoció más que en una foto, me conoció de verdad. Lo que yo le dejé al menos, pero para él sí que era suficiente, sí que era más. Puede que sea porque me acabo e correr, pero quiero que me escriba. Quiero volver a follar con él, que me abrace después. Dejar de buscar putas fotos en la galería o de hacerme nuevas de los pies.

A él le hubiera gustado mi foto de la gorra. Entro en WhatsApp y la selecciono como mi foto principal. Allí da igual, allí todos me conocen y saben que soy yo, aunque haya cambiado un poco. Puede que haya seleccionado esa foto porque eche de menos a ese yo, lo feliz que era, lo tranquilo que estaba.

Busco su nombre, encuentro su conversación, pero sigue sin aparecer su foto… ¿Y si le escribo yo?

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: MANO MARTÍNEZ

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