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Relatos gais (des)conectados: “El polvazo que me hacía falta” (parte 1)

20 enero, 2022
Léetelo en 4 minutos

Capítulo 47

“El polvazo que me hacía falta” (parte 1)

La cena se ha alargado de más, las copas se me han hecho cortas. Me siento en la puerta del metro sin querer entrar. Vuelvo a responderle al chico que ya me había hablado mientras estaba en el restaurante. Solo una foto suya, blanco como la leche que me quiere dar. Me pregunta si soy sumiso, le respondo que sí. Otra foto de un mulato musculado que altera la posición de mi calzoncillo sin que yo lo toque. Les pregunto si están tomando algo, me responden que no y que quieren que todo sea seguro. Demasiado bonito para ser verdad, pero hoy quiero cumplir mis tres normas.

Llego allí y los dos están desnudos, en un salón oscuro y desordenado. Menudos dos, qué pasada. Les pido entrar al baño. Odio esta parte, ir sin estar preparado y encima después de cenar y beber. Es un poco jodido y te da vergüenza porque intuyes que te están esperando fuera, que todo el tiempo que tardes estarán pendientes de la puerta, pero saben perfectamente lo que estoy haciendo. Salgo desnudo, sin pensármelo mucho porque ellos ya lo están. El moreno está en el sofá, solo, no sé dónde está nuestro anfitrión pero su amigo me invita a sentarme. Lo grande que es contrasta con su ternura, me acaricia y me da besos blandos en el cuello. No sé si es su acento o el color de su piel, pero me pone muy cachondo. Le aprieto sus enormes pectorales alimentados de aguacate y arroz que no consigue nadie en esta parte del Atlántico, y me pongo de rodillas. Él no me lo ha pedido pero empiezo a comerle, me sonríe y se deja mientras abre sus piernas con poco vello. Me pide que me acerque más.

Después de un rato me doy cuenta de que el dueño del piso nos está mirando desde detrás del marco de la puerta. Me pregunto si solo me ha llamado para que me folle su amigo mientras él se queda ahí, observando. Me da igual, estoy dispuesto a hacerlo todo aquí. Pero el anfitrión se termina acercando, se pone a mi lado y su amigo se levanta del sofá. Se empiezan a besar, yo les chupo a los dos a la vez con algo de miedo por morderles, porque son muy grandes y no me caben las dos en la boca. Pero lo intento. Todo es todo.

Estoy hambriento, estoy caliente, me pone verles besarse. El chico blanco me coge entonces con fuerza del pelo, con la otra mano me exprime el brazo, y me obliga a levantarme. Me lleva agarrado por el pasillo hasta una habitación y me lanza contra un colchón. Este tío va a ser un bestia. El mulato se tumba a mi lado y me mira con dulzura, mientras que el otro vuelve a desaparecer por el pasillo. Me pide que me siente encima de él mientras le veo coger un condón de la mesita de noche. Le vuelvo a lubricar con saliva antes de que se lo ponga, él me mira desde arriba mientras se toca los pezones. Le hago caso, y empiezo a descender mientras me sujeta la espalda. Voy entornando la boca cada vez que le dejo entrar un poco más hasta que me hace suyo, entero, y con su propia fuerza me levanta y me vuelve a bajar. No deja de mirarme ni un momento, de recorrerme con sus dedos, de agarrarme y acercarme a él cada vez más. Menuda conexión.

El anfitrión vuelve, y por un momento creo que me la van a meter los dos a la vez. El mulato lo propone, yo digo que no sé si seré capaz, pero que adelante. El otro no lo entiende, o no quiere entenderlo. Hay algo en su mirada que ha cambiado, se ha encendido. Me vuelve a agarrar del pelo, antes me ha dolido igual pero no me he quejado aunque me sigue poniendo cachondo. Me dice que me ponga cuatro patas, que ahora le toca a él.

‘RELATOS GAIS (DES)CONECTADOS’
BREVES RELATOS homoeróticos de ficción ESCRITOS POR el periodista pablo paiz

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FOTO: CUÉNTASELOANTO

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