Este pasado 2 de enero, RuPaul’s Drag Race estrenó su esperada 18ª temporada con una invitada sorpresa: Cardi B. La rapera formó parte del espectáculo como jueza invitada junto a RuPaul y Michelle Visage. Desde su entrada al werkroom, la neoyorquina irradiaba entusiasmo, saludando con simpatía a las reinas y ofreciendo críticas constructivas, algo que el público valoró como una muestra de respeto profundo por la cultura drag y por todo lo que ese arte representa para la comunidad queer.
Más allá de su carisma, lo que dio que hablar fue la manera en que Cardi B reconoció y celebró las raíces ballroom y la influencia trans en el movimiento drag. Además, la acompañaron dos artistas trans que forman parte de su propio equipo creativo: Tokyo Stylez y Erika La’ Pearl, de las que destacó no solo su talento, sino también la importancia de visibilizar y poner en valor a personas trans que han sido fundamentales en su trabajo.
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Este gesto de apoyo y reconocimiento se percibió como un contraste claro con la reciente polémica que rodea a Nicki Minaj, otra rapera con quien Cardi B ha tenido una larga y notoria rivalidad. Minaj, cuya relación con el fandom se ha visto erosionada en las últimas semanas por comentarios públicos en los que atacaba directamente a las personas trans, con frases como «los chicos deben ser chicos».
Dos caras de una moneda
Aunque las trayectorias de ambas artistas incluyen momentos de cercanía con la comunidad LGTBIQ+ —Minaj incluso fue jueza invitada en Drag Race en el pasado— la recepción de sus posturas actuales no ha sido la misma. Mientras Minaj llamó la atención por sus declaraciones en el mismo programa: «Odio, odio, odio tu pelo y maquillaje«, llegó a decirle a una concursante; la participación de Cardi B en ha sido celebrada como un recordatorio de que el talento y el respeto por la diversidad siguen siendo pilares del show.


