En el mirador del Troncoso, en Zamora, junto al río Duero, ha aparecido este fin de semana unas pintadas con insultos homófobos sobre el mural que rinde homenaje al poeta granadino Federico García Lorca.
El mural, obra del pintor local Carlos Adeva, representa la figura de Lorca acompañada de versos alusivos al paisaje zamorano, con las barcas y la emblemática cúpula de la catedral de Zamora como telón de fondo. Lamentablemente, en la mañana del domingo aparecieron sobre él palabras ofensivas escritas con pintura negra, entre las que se leían términos como «marica», «maricón» y «perdedor».
El acto vandálico ha causado consternación entre la ciudadanía y las autoridades locales, ya que el mural no solo tiene un valor artístico sino también simbólico, al recordar a uno de los mayores referentes de la literatura española, además de su condición histórica como persona abiertamente homosexual y perseguida por ello. Aunque algunos responsables municipales han sugerido que las pintadas podrían haber sido un enfrentamiento entre grupos de jóvenes sin un motivación ideológica clara, la naturaleza de los insultos despierta inquietud social ante la persistencia de mensajes discriminatorios en espacios públicos.
La respuesta institucional fue rápida: personal del Ayuntamiento de Zamora y el propio autor acudieron el mismo domingo a eliminar las pintadas, para devolver al mural su aspecto original y evitando que la ofensa quedara visible por más tiempo en un entorno turístico clave de la ciudad.
Debate sobre la mesa
Más allá de la restauración física del mural, este hecho ha encendido de nuevo las alarmas sobre la homofobia en el espacio urbano y la necesidad de proteger el patrimonio cultural.
El incidente llega en un momento en el que asociaciones y estudios advierten del incremento de casos de acoso y discriminación hacia personas LGTBIQ+ en España, y destacan cómo incluso actos aparentemente “menores” como pintadas en una pared pueden tener un impacto simbólico profundo en comunidades ya vulnerables.


