Adam Prieto trabajaba de soldador cuando recibió la llamada de la joven directora gallega Anxos Fazáns para protagonizar su segunda película: Las líneas discontinuas. Una oportunidad con la que ha podido demostrar que en su interpretación hay mucha sinceridad y sensibilidad. Un nombre que seguro que nos sonará en unos años cuando se haga un hueco en el mundo del cine.
«Siempre me ha interesado el arte, pero nunca me he atrevido a hacer teatro o interpretar nada porque me daba vergüenza exponerme. No fue hasta que pude hacer mi transición, ya de mayor, cuando me sentí mucho más cómodo conmigo mismo y me lancé a hacer el casting para la película. El rodaje ha sido un aprendizaje continuo con el que he podido aprender a soltar mi cuerpo y mostrarme mucho más vulnerable. Además, cuando hicimos la peli aún no me había operado el pecho y nunca iba con la espalda recta porque así podía esconderme, así que supe cómo usarlo para el personaje: para mostrarlo más cohibido y avergonzado», explica el actor.

El actor Adam Prieto.
No obstante, la transexualidad es una característica más del personaje, no está en el centro de la trama, algo que le da naturalidad y que refleja cómo deberían ser las historias LGTBIQ+: «No solo me han faltado referentes trans en el cine, me han faltado en mi vida… Vivo en un pueblo en el que me han aceptado increíblemente bien, pero cuando empecé mi transición no tenía a nadie cerca de mí que fuera como yo. Llegué a cumplir 24 años sin saber que quería ser un tío y no tomaba la decisión por miedo, porque tenía mucha desinformación. Incluso creía que si tomaba testosterona me iba a morir porque lo había visto en Internet. Tenemos que hablar más de las personas trans para no sentirnos unos bichos raros y sentirnos acompañados. Cuando tu abuela vea a alguien trans en televisión, o la carnicera del pueblo que no tiene Instagram me vea en el cine, y vea un personaje trans interpretado por un chico trans, empezará a verlo con normalidad».
Nos merecemos historias felices, y sobre todo la comunidad trans, cuyas narrativas siempre han estado salpicadas por el ostracismo y el dramatismo. «Esta peli es una historia de amor personal, de quererse a uno mismo y cuidarse. Hacen falta más películas de amor, sea del tipo que sea. Historias de amor sexual, de pareja, de amistad, de amor propio. Todas las personas nos merecemos vernos reflejados en películas con finales felices, con narrativas que nos hagan sentir bien con nosotros mismos. Esta película va a hacer mucho bien», afirma con entusiasmo.
¿De qué trata?
Bea, una mujer de 50 años, se separa de su marido. El día que abandona el hogar donde vivió veinte años, encuentra la casa revuelta y a un ladrón dormido en su cama: Denís, un chico trans que lucha contra la precariedad laboral. Después de tres días juntos, ambos se ayudarán el uno al otro a quererse un poco más.
LAS LÍNEAS DISCONTINUAS SE ESTRENA EN CINES EL 20 DE FEBRERO



