Hay pocos fotógrafos en España que gocen de un reconocimiento crítico paralelo a una amplia popularidad. Miguel Trillo (Jimena de la Frontera, Cádiz, 1953), en su dualidad de pródigo, excelente retratista, pero también afinado documentalista antropológico, es uno de ellos.

Madrid, 1986.
Con una carrera que abarca desde principios de los años setenta hasta hoy (sigue en activo), su archivo es un catálogo de los modos y maneras de los jóvenes en estas cinco décadas, y no solo en España. Más allá de su adhesión a una fotografía urbana y callejera, con esa juventud y sus looks como epicentro, Miguel Trillo es, probablemente, el gran fotógrafo de la actitud.
Una actitud ligada a un modo de enfrentar la vida basado en la estética, la ruptura y la singularidad. Da igual si lo retratado eran los grupos de esos primeros conciertos de la movida en Caminos, Sala Sol, Carolina o Rockola; su público; transexuales cubanas al modo de amazonas yacentes o cosplayers asiáticos: la profunda, dignísima humanidad de sus retratos traspasa los márgenes de la imagen y cala hondamente. Al igual que divierte, porque es en lo lúdico donde se gestó todo.

París, 2023. Serie ‘Pasarelas’
El Trillo fotógrafo comenzó documentando la lucha libertaria, proletaria y social, como muchos otros. Pero él fue de los pocos en girar su objetivo hacia otro fenómeno en aquel momento, el de una cultura juvenil ansiosa de la libertad negada que quería olvidar un pasado gris a toda velocidad. Sin mirar atrás. Los primeros punks, mods, siniestros y skins como subculturas globales inviables dentro del franquismo. Esas primeras fotos de manifestaciones, pero también las primeras de sus jóvenes a las puertas de las discotecas, están presentes, en una expo que va casi en sentido inverso: de lo más actual a lo más fundacional. Porque al entrar, te dan la bienvenida los grupos de la movida, y frente a ellos, un universo juvenil diverso cincuenta años después. Casi nada.
Trillo, que se dio a conocer publicando y distribuyendo su propio fanzine fotocopiado, Rockocó (1980-84), y que ya exponía en galerías como Ovidio o Amadís en esos años, ha aprovechado los materiales de sus múltiples exposiciones institucionales. La ha titulado Existencias, y define la memoria en imágenes del fotógrafo, también de nuestra sociedad. “Existencias” son también, por supuesto, las de cada uno de sus retratados.
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En el título hay una obvia alusión a que el material viene de su propio almacén: una puesta a la venta que es como una descarga a lo grande de toda esa memoria. Como si quisiera hacer sitio, recuperar espacio físico, pero también mental. Por último, es casi una respuesta a su conocido leitmotiv: “Insisto, luego existo”, suele decir. Aquí existe e insiste. Esa insistencia temática y formal (Trillo no varía demasiado su forma de encuadrar y la manera en que retrata, salvo en ocasiones) es un elemento clave de su concepción del medio y de la unidad de su corpus artístico.
Y si en algo hay sobre lo que insistir en esta Existencias es que supone una generosa descarga por parte del fotógrafo para con su público. Está planteada casi como una experiencia inmersiva a la que se debe dedicar tiempo. La sensación de sorpresa es constante, y la posibilidad de hacer asociaciones mentales, o incluso ojear las fotografías que no están colgadas, sino en palenque, invita al juego.

La Mode, 1981. Serie ‘Pop Purrí’
Se exhiben copias producidas y creadas bajo su estricta supervisión para exposiciones institucionales, o sea, de calidad. Una selección del propio fotógrafo de más de 300 imágenes de entre un ingente archivo, que incluye muchas series posteriores a los ochenta: Souvenirs, Geografía Moderna, Habaneras, Gigasiápolis, Afluencias Costa Este Costa Oeste… y mucho material documental (varios de sus catálogos, incluso los publicados en 1992 para Souvenirs, con forma de tiras de tarjetas postales), también a la venta.
Si insistimos en la venta, es por un motivo concreto: la horquilla de precios está extremadamente baja, a partir de los 140 euros. El artista quiere traspasar y compartir, quiere que te lleves sus piezas a tu casa. Pocas veces alguien de su importancia histórica y estética es capaz de hacer algo así de generoso.







