Temas: Derechos LGTBIQ+, Representación LGTBIQ, Teatro
En 1596, en La Habana colonial, sesenta marineros fueron acusados de sodomía y arrojados a un horno de cal. La maquinaria de la Inquisición española y el teniente general Lucas Gomes Ronquillo lo llamaron justicia. Hoy lo nombramos por lo que fue: una masacre contra cuerpos sospechosos de desear diferente. Cuatro siglos después, 60 sodomitas a los cuales hice quemar recupera aquella herida y la coloca, sin anestesia, sobre el escenario de un teatro madrileño.
La propuesta, que podrá verse todos los viernes de abril en El Umbral de Primavera dentro del ciclo ‘Abril imaginario’, supone el debut en la dirección de Ian Loren y transita entre el teatro documento, el drama poético y el teatro para la memoria. Pero, sobre todo, es una pieza profundamente LGTBIQ+, porque habla de persecución, de culpa impuesta y de deseo castigado.
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El punto de partida es un escueto legajo conservado en el Archivo General de Indias. Una frase seca, brutal: “Sesenta sométicos delincuentes a los quales hise quemar”. Frente a esa voz institucional, la obra elige escuchar a siete de aquellos hombres. Desde la ceniza (literal y simbólica) emergen sus cuerpos semidesnudos. Respiran con dificultad. Se rozan. Se sostienen. El escenario se convierte en el horno donde fueron quemados vivos y también en un espacio de memoria histórica LGTBIQ+.
El elenco coral (Ignacio Visca, Santi Carbonell, Ányelo Mérida, Luis Carrasco, Sebastián Muñoz, Israel Arpa y Daniel Bravo) construye un microcosmos atravesado por la jerarquía, el miedo y el silencio. Hay un capitán orgulloso que se aferra a su épica, marineros que confiesan bajo tortura, hombres que se inculpan para terminar antes el martirio… La violencia institucional no necesita pruebas: le basta la sospecha.

’60 sodomitas a los cuales hice quemar’
La pieza va mutando hacia un drama que explora la sexualidad disidente, el deseo clandestino y la culpa inoculada por el poder. La escritura, inspirada en un hecho real y en el poemario Fiebre en el Arca de Ángel Enrique Melians, conecta pasado y presente para recordarnos algo incómodo: ningún derecho está blindado para siempre.
Porque no hablamos solo de 1596. Hablamos de todas las personas que, ayer y hoy, siguen siendo juzgadas por SER. De cómo los discursos de odio encuentran legitimación política, religiosa o social. De cómo la historia dialoga con nuestro presente más inmediato.
60 sodomitas a los cuales hice quemar no busca escándalo fácil: busca memoria, dignidad y reparación simbólica. Y en tiempos de retrocesos y negacionismos, convertir el teatro en un acto de resistencia LGTBIQ+ es, quizá, el gesto más urgente.

’60 sodomitas a los cuales hice quemar’









