La política internacional también tiene momentos que trascienden lo diplomático. La llegada de Roberto Velasco a la Cancillería de México es uno de ellos. Designado por la presidenta Claudia Sheinbaum tras la salida de Juan Ramón de la Fuente por motivos de salud, Velasco asume el cargo –equivalente a ministro de Asuntos Exteriores– en un contexto geopolítico complejo, pero con un simbolismo que ha eclipsado incluso los retos inmediatos del puesto.
Con una trayectoria consolidada dentro de la propia Secretaría de Relaciones Exteriores –donde ha sido pieza clave en la relación con Estados Unidos y en negociaciones estratégicas–, su perfil técnico y su juventud ya eran motivo de atención. Sin embargo, su visibilidad como hombre abiertamente gay convierte su nombramiento en un hito político y social en México.
Colectivos y organizaciones LGTBIQ+ han celebrado el gesto como un avance tangible en la representación institucional. No es solo una cuestión de identidad, sino de ocupar espacios de poder históricamente vetados. Según distintas asociaciones, Velasco se convierte en el funcionario LGTBIQ+ con mayor rango en la historia del Gobierno federal mexicano, un símbolo de progreso en un país donde los derechos LGTBIQ+ han avanzado notablemente en las últimas décadas.
Su ascenso también refleja una nueva generación política: formada, internacionalizada y alineada con valores progresistas. Licenciado en Derecho y con estudios en políticas públicas en la Universidad de Chicago, Velasco ha crecido bajo la tutela política de figuras como Marcelo Ebrard, y ha participado en momentos clave de la diplomacia mexicana contemporánea.
Pero más allá de la simbología, su reto será inmediato: gestionar una relación cada vez más tensa con Estados Unidos, especialmente en un contexto de renovadas fricciones políticas y comerciales. La visibilidad, en este caso, no sustituye a la responsabilidad.
Representación que importa
La llegada de Roberto Velasco no es solo una conquista individual, sino un reflejo del cambio social. En un país donde el matrimonio igualitario es legal en todo el territorio desde 2022, la presencia de referentes LGTBIQ+ en las más altas esferas del poder consolida una narrativa de inclusión que ya no puede ignorarse. La política exterior mexicana, ahora, también habla en clave diversa.


