Paquetes, paquetes, paquetes… Vivimos rodeados de paquetes, y no nos referimos a los que te trae un mensajero a casa. Basta con revisar tus redes sociales –concretamente Instagram y TikTok– para ver cómo, en los últimos años, estas se han llenado de vídeos de paquetes.
Pero no hablamos de vídeos directos ni explícitos, no es contenido para adultos, son vídeos que juegan a la confusión. Un chico que te enseña a hacer pan de masa madre, otro que te explica cómo hacer una rutina de ejercicios en casa, un artista que da consejos para pintar bien… Tantos tipos de vídeos como hombres hay en el mundo, y en todos ellos los ojos se te van siempre al paquete.
La subtrama de este tipo de contenido es que veas lo que no se muestra principalmente. Esto no solo es una manera de que los usuarios se queden viendo el vídeo y beneficie el algoritmo de quien lo publica, también es la manera con la que estos creadores de contenido sortean las estrictas normas de las redes sociales.
Los influencers se mueven continuamente en esa delgada línea entre mostrar lo suficiente para que resulte muy atractivo y ser sutiles para evitar la censura. La normativa de estas apps prohíbe la estimulación sexual física y los comportamientos fetichistas. Además, suelen reconocer que las ideas sobre la ropa y la exposición del cuerpo varían entre culturas, por eso sí da espacio a tipos de desnudez que formen parte de comportamientos y contextos culturales. Una grieta de la que se aprovechan estos profesionales de las redes para justificar el mostrar sus bultos ante la cámara.
Hay quien conoce ya este fenómeno como “cebo de paquete”, quien piensa que, más allá de la temática del vídeo, son solo ganchos para caer en sus páginas de Onlyfans… Cada creador tendrá su propia intención, lo que está claro –y millones de visualizaciones lo corroboran– es que se trata de una tendencia que funciona y engancha a la gente. Así que parece que seguiremos rodeados de paquetes en redes sociales.


