Se agradecen propuestas teatrales como la nueva escrita y dirigida por Lucía Miranda, Las últimas, que el actor Juan Paños explica que tiene tantas capas que no es fácil de resumir en pocas palabras: “Se mezclan muchos planos, entre la realidad histórica, la actual y todo lo que ha investigado Lucía”. Su propuesta habla principalmente del poscolonialismo, de la relación entre Filipinas y España, partiendo de un hecho concreto que marcó su investigación.

Foto: Koldo Olabarri
Días antes de marchar allí para comenzar el trabajo de campo, cuenta Juan Paños, le dijeron a la madre de Miranda que tenía cáncer. Un shock que le hizo replantearse muchas cosas, de igual manera que esa relación entre Filipinas y la ‘madre patria’ –de hecho ella interpreta un personaje llamado Matria– sobre la que quería hablar: “Es un espectáculo de teatro documental, que incluye una técnica en la que Lucía (con su compañía Cross Border, con la que he colaborado varias veces) es experta: la del verbatim”.
De manera que los actores recibieron el texto real de las personas que la creadora había entrevistado para no solo decirlo tal cual, con las palabras exactas, también para reproducir su timbre y su prosodia, respetando incluso sus silencios. “Todo esto tiene que ver con un arduo trabajo de investigación que Lucía ha hecho sobre la colonización, la relación de España y Filipinas y la herencia cultural”, explica. “Además, los miembros del elenco fuimos entrevistados también, junto a miembros de nuestras familias. Porque todos, en mayor o menos grado, tenemos ascendencia filipina”.
«Esta obra invita a abrir el diálogo entre la compañía y el público»
Paños, por ejemplo es nieto de filipino, de ahí que forme parte de un reparto que incluye incluso una actriz filipina, Julia Enríquez que ha venido expresamente a hacer la función. “Mi desconocimiento sobre el tema era absoluto”, confiesa, “pero sí tengo compañeros con mucha memoria en este sentido y que han destacado por su activismo. De manera que la obra trata también sobre el encuentro que se ha generado entre todo el elenco. Además, hay una parte histórica, porque Lucía incluso ha investigado obras como los diarios de navegación de Antonio Pigafetto, que fue el traductor de Magallanes cuando viajaron para colonizar Filipinas”.
Muchas capas para una función que termina por ser política en base a los elementos que conforman la dramaturgia de una obra viva: “Lo fue durante la creación y lo será durante las funciones”, en las que el espectador se sorprenderá con la presencia disruptiva de un bailarín (Chris Angelous, también coreógrafo de Las últimas) e incluso de la tuna femenina de la Complutense. “Tiene que ver con la manera en que ella plantea el revisionismo histórico, con ingredientes que invitan a abrir el diálogo entre la compañía y el público que venga a vernos”.
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Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Momento de 'Las últimas'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero
Cuenta Juan que el proceso de creación de Las últimas durante los ensayos fue tan divertido y exigente como enriquecedor. La propuesta en el Teatro Valle-Inclán invita a dejarse sorprender, a reflexionar y a establecer nuevos vínculos: “Porque se está haciendo una actividad importante para conectar con la comunidad filipina residente en Madrid, que no visita mucho los teatros”. Además, celebra haber trabajado mano a mano con Lucía Miranda porque no solo ha sido su directora, es una amiga: «Cuando la amistad se cruza de por medio, es todo más hermoso, porque desaparece un objetivo personal para cada una de las partes, hay claramente un objetivo común. Remangarme para acompañar a mi amiga en su viaje, no supone un esfuerzo; es algo que te llama, no puedes no hacerlo».
«Tanto discurso de odio y narcisista se compensa con la fuerza colectiva del teatro»
Además de actor, se considera un gran espectador de teatro, y su pasión por sentarse en la butaca para dejarse sorprender no cesa. «Me derrito de admiración yendo al teatro», afirma. «Y de las cosas que más padezco cuando trabajo es que no puedo ir a ver otras funciones. He encontrado mi propia emoción, incluso mi llanto, más en la butaca de un teatro que en mi propia vida o actuando».

Foto: Koldo Olabarri
Celebra también que, a día de hoy, los teatros, y prácticamente cualquier espectáculo artístico, cuelguen con facilidad el cartel de ‘no hay localidades’… «Es un fenómeno fascinante. Te encuentras comprando entradas para un espectáculo del Centro Dramático Nacional con la misma ilusión que haciéndolo para un concierto de Bad Bunny«, dice sonriente. «Hay un anhelo de lo colectivo, más en este momento tan gris del mundo. Tanto discurso de odio, tanto movimiento narcisista y absolutamente individual, se compensa mucho con esta fuerza colectiva».


