'Los Estunmen': el gamberrismo lírico (y colosal) de Nao Albet y Marcel Borràs en Teatros del Canal

Los creadores catalanes vuelven a hacer gala de su estilo personal e ironía que les caracteriza en esta disparatada ópera sobre la violencia.

Imagen de 'Los Estunmen'.
Imagen de 'Los Estunmen'.
David Pallarés

David Pallarés

Con siete años vi a Madonna besarse con Britney Spears en la tele y desde entonces mi vida cambió.

3 junio, 2026
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¿Debería el arte tener responsabilidad sobre los actos de las personas que lo consumen? ¿Puede el teatro, el cine o la música incitar a alguien a la violencia? ¿O es el hombre cruel y violento por naturaleza? Son muchas las preguntas que proponen Nao Albet y Marcel Borràs en Los Estunmen, una singular ópera contemporánea que ha producido el Teatro Real con la coproducción de los teatros Liceu y Lliure de Barcelona y Teatros del Canal de Madrid, donde este 2 de junio se ha estrenado en la capital y donde podrá verse hasta el 14 de junio.

Los actores firman el libreto y la dirección de esta obra, que cuenta con la música de Fernando Velázquez, en la que caben multitud de géneros, idiomas, acrobacias e ideas disparatadas. Pero, sobre todo, donde se propone un intenso debate alrededor de la violencia.

Imagen del espectáculo 'Los Estunmen'.

En ella, una madre –interpretada por Nuria Lloansi– decide iniciar un viaje de no retorno después de la trágica muerte de su hijo, en busca de algo que sacie su sed de venganza y acabe con el dolor que la corroe por dentro. Y lo hace con una puesta en escena que, a simple vista, puede parecer sencilla y minimalista pero que se convierte en algo bestial y espectacular conforme transcurre la historia. Y, aunque en ocasiones pueda resultar sucia y desordenada, juega a su favor la propia estética feísta que acompaña al tema.

La ópera sirve también como un homenaje a la figura de los especialistas de cine, a los que compara con los antiguos héroes de las gestas clásicas y su imaginario, y a los que podemos ver haciendo acrobacias y saltos mortales sobre las tablas. Un juego que se aprecia también en el elenco, donde los propios especialistas y actores de la representación cuentan con sus propios dobles mezzosopranos, tenores y contratenores para hacer playback durante las escenas.

Imagen del espectáculo 'Los Estunmen'.

La música de Velázquez cumple su papel al servicio del humor de Albet y Borràs, pero se luce y coge más presencia durante el último acto, donde las arias se tornan más dramáticas y melódicas. Sobre todo habría que destacar la estupenda Aria para seis armas de fogueo, donde Sandra Ferrández deja a un lado su voz para interpretar la música disparando diferentes pistolas de fogueo sobre el escenario. Todo un ejemplo del gamberrismo que se respira durante toda la función.

Homo homini lupus

Esa sinvergonzonería y retranca no está vacía, pues se sostiene sobre un discurso férreo alrededor de la violencia y la masculinidad. Un dato curioso que se explica durante la obra, es que tan solo 9 de los más de dos mil tiroteos masivos que han sido cometidos en la historia, han sido provocados por mujeres, todos los demás los han hecho los hombres. En la ópera, la protagonista va transmutando en una monstruo que poco tiene que ver con una mujer y que se parece más a lo que se supone que es un hombre, y dice que es por culpa de la cólera contenida.

Pero, ¿es el hombre violento por naturaleza? Hemos escuchado muchas veces eso de que el mundo sería otra cosa si estuviera gobernado por mujeres, y tal vez sea así. En Los Estunmen se ironiza mucho sobre la imagen de la masculinidad hiperbólica, que cumple el canon de hombre fuerte y agresivo al que hay que temer. Sin embargo, es otra cosa la que nos hace humanos y nos diferencia de los animales: los gestos de amabilidad, las caricias y los cuidados.

Imagen del espectáculo 'Los Estunmen'.

¿Y qué papel juega el arte en todo esto? Una película de Tarantino –su aparición en la obra es uno de los momentos álgidos de la ópera–  cargada de sangre, muerte y violencia no debería ser responsable de lo que provoque en aquellos que la ven. El arte no debería condicionarse ni censurarse en pos de lo que el público pueda pensar, decir o hacer con las sensaciones que causen en ellos. El cine, el teatro y cualquier expresión artística, debería sentirse completamente libre, y no tendría que servir de excusa para esos hombres que ven en Sylvester Stallone o Bruce Willis la representación de lo que un hombre debe de ser.

Porque si de algo tendría que responsabilizarse el arte es de generar preguntas y debates como este. Para eso sirve, para hacer una pausa en esta violencia que nos rodea como sociedad y encender una llama en mitad del teatro que nos haga reflexionar sobre quiénes somos, los actos que cometemos y las razones por las que lo hacemos.

Imagen del espectáculo 'Los Estunmen'.

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