El verano invita a descubrir calas secretas, a rendirse a siestas largas, a disfrutar de cócteles al atardecer en una bonita terraza… ¿Hay ganas, eh? Pero ¿y si a todo eso podemos añadirle un toque de cultura? No sólo serías la persona más cool e interesante del chiringuito, sino que además enriquecerá y refrescará más tu imaginación. Porque sí, queridas, se puede ir a la playa sin renunciar al arte. Y no hablamos de ir a museos con aire acondicionado polar cuando vas con la chancla o las sandalias, sino de algo mucho más chill y apetecible. Hablamos de disfrutar de alojamientos a pie de playa para dormir rodeado de obras de arte que normalmente verías pagando una entrada y que aquí encuentras nada más salir del ascensor.
¿Ya te imaginas dónde? ¡Sí! Nos referimos a Paradores. Esos alojamientos singulares, entre los que hay castillos, monasterios, palacios… pero también edificios modernos junto al mar o en la montaña y que presumen de albergar, sin exagerar, en torno a 10.000 piezas artísticas repartidas por sus 99 alojamientos. Un inventario que recorre siglos y estilos y que incluye restos arqueológicos, pinturas, esculturas, fotografías, tapices, mobiliario… Así que sólo tienes que seguir leyendo para elegir tu destino, del Mediterráneo al Atlántico, pasando por el Cantábrico y empaparte de toda esa colección clásica y también contemporánea, entre acantilados que quitan el hipo, playas de arena dorada y bahías con un encanto especial.

El arte de Modest Cuixart preside este luminoso salón abierto al Mediterráneo, en el Parador de Aiguablava.
Prepara el bañador, la crema solar y te vena más cultureta para saltar de museo en museo con toalla incluida porque en estos cinco alojamientos el arte también toma el sol y se va contigo a la playa.
Costa Brava, Miró en la pared y el Mediterráneo en la ventana
¿Buscabas el paraíso del postureo? Lo tenemos. El Parador de Aiguablava, renovado en 2020, se asoma a un acantilado de la Costa Brava con unas vistas que quitan el hipo y esa luz que hace todo más cinematográfico. Y dentro, te espera la joya de la corona: un museo improvisado de arte contemporáneo catalán que te recibe con nombres que suenan a subasta de Christie’s: Dalí, Tàpies, Miró, Antoni Clavé…

¿Imaginas darte un baño con estas vistas en el Parador de Aiguablava?
Las icónicas columnas de entrada, obra del escultor José Luis Sánchez, marcan el inicio de este recorrido donde convive el surrealismo y la abstracción, con auténticas joyas, como el “Monegros” de José Beulas o la pieza de Modest Cuixart inspirada en Cennino Cennini. Todo ello bañado por la luz mediterránea que entra a raudales por los ventanales. ¿A que te quieres ir ya?
Pues cuando ya te hayas empapado de arte, tocará mojarse de verdad: cala Aiguablava, cala Fornells, Sa Tuna… Aguas transparentes que parecen totalmente photoshopeadas pero que son así al natural. Un plan irresistible y completo que incluye arte por la mañana, chapuzón al mediodía y cena con vistas al mar. Y si te falta inspiración, es que no has mirado bien.
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Su spa está pensado para tu relax y desconexión.
El arte de Cuixart en el Parador.
Un momento para ti en la terraza de la habitación.
El restaurante Mar i Vent listo con los mejores platos.
En las zonas comunes del Parador descubrirás todo su arte.
Impresionante terraza de la habitación suite.
Vistas de las zonas comunes con el arte catalán.
Desayuno en la terraza del Parador.
Pop art, Mediterráneo azulísimo y un toque irreverente
Si el arte pop fuera un destino, sería Jávea. Y si el arte pop fuera un alojamiento, sería este Parador. Aquí, el Mediterráneo entra por todas partes: por las habitaciones, por los jardines, por las playas cercanas… y también por la obra estrella del lugar: “La Factoría y yo”, una serigrafía sobre lienzo de Equipo Crónica (Rafael Solbes y Manolo Valdés), ese dúo valenciano que revolucionó los años 60 con una mirada crítica, colorista y descarada, que decora una de las paredes de este alojamiento tan veraniego. La pieza, de gran formato, reinterpreta el retrato de Felipe IV de Velázquez con flores a lo Warhol, formas a lo Lichtenstein y guiños a los medios de masas. Vamos, que si Velázquez levantara la cabeza, pediría un mojito para procesarlo.

El pop art inunda las zonas comunes del Parador de Jávea.
Ya fuera del Parador, Jávea te regala calas de agua transparente como la Granadella o Portitxol, paseos marítimos llenos de vida y ese ambiente mediterráneo que te hace replantearte mudarte aquí para siempre. Arte pop dentro, pop-up de felicidad fuera. Lo tienes todo.
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Esculturas que parecen vivas y fotografías que cuentan historias frente al Atlántico
Si lo tuyo es el dramatismo estético –ese que encaja con un paseo frente al mar escuchando a Rosalía por los auriculares–, el Parador de Costa da Morte es tu sitio. Enclavado frente a la playa de Lourido, el edificio, en plena ladera, se mimetiza con el paisaje gallego para convertirse en un homenaje al territorio, la memoria y la cultura local.

Vistas de ensueño desde el Parador Costa da Morte.
Dentro, el arte tiene también acento gallego. Encontrarás esculturas de Francisco Leiro, maestro en hacer que la madera cobre vida, y la espectacular “Ola” de Álvaro de la Vega, compuesta por 75 piezas de eucalipto reciclado. Una obra que parece moverse con el viento del Atlántico. La fotografía también tiene aquí su sitio: imágenes en blanco y negro de Caamaño, Manuel Ferrol, Virxilio Vieitez o Ruth Matilda Anderson, que retratan una Galicia ya desaparecida, llena de costumbres, emigración, dureza y belleza. Y para una mirada más contemporánea, ahí están Manuel Sendón y Xurxo Lobato, con su icónica foto del Prestige.
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Entre foto y foto, puedes perderte en la biblioteca del Parador, con más de 300 volúmenes de literatura gallega. Y si te fijas en los nombres de las habitaciones, descubrirás cartas náuticas, faros y rías. Y si esa magia te permite salir al exterior, a esa naturaleza en tonos verdes y azules, no te olvides de las playas salvajes de la zona; del Dolmen de Dombate; del Camiño dos Faros desde Malpica a Finisterre (uno de los mejores itinerarios de senderismo de la Costa gallega); de las cascadas de la Ruta das Fervenzas de Carballo; ni del fondo marino, porque aquí está la WAOH! Route, la primera ruta europea de buceo orientada al patrimonio subacuático. Dentro y fuera del Parador y dentro y fuera del agua, he aquí Galicia en estado puro.
Tapices de Rubens en una fortaleza frente al Cantábrico: el orgullo de Aquiles
El Parador de Hondarribia ocupa el Castillo de Carlos V, un edificio del siglo X que ha visto pasar emperadores, reyes y hasta a Velázquez cuando era “decorador real”. Y ahí no queda todo. Ahora, además de sentir toda esa historia latente, hay atractivos mucho más tangibles: sus habitaciones de ensueño, sus acogedoras estancias y una colección de seis tapices de la serie “La Historia de Aquiles”, diseñados por Pedro Pablo Rubens entre 1630 y 1635. Piezas enormes, bordadas con hilos de oro y plata, tejidas en Bruselas por grandes maestros del arte textil que son una auténtica maravilla. Arte barroco en formato XXL, en un salón digno de una audiencia con los Targaryen.

Espectacular vista al Parador de Hondarribia.
Y cuando quieras salir de esa fantasía medieval, que invita a imaginar espadas y dragones, Hondarribia te espera con su casco histórico colorido, su ambiente gastronómico y la playa de Hondarribia a un paseo. Vamos, un planazo épico: mañana de playa, tarde de Rubens, noche de pintxos. Aquiles estaría orgulloso.
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Escultura contemporánea, océano infinito y un Parador que parece una galería futurista
Del Cantábrico bajamos al Atlántico luminoso para llegar hasta el Parador de Cádiz, uno de los más vanguardistas de la red: líneas limpias, piscina infinita, sí, sí, de esas que te hacen suspirar, luz por todas partes y un pasillo que funciona como galería de arte contemporáneo del siglo XXI.

Surtido de fritos gaditanos en el Parador de Cádiz.
Al entrar, la pieza que te recibe es una inmensa obra de Jan Hendrix, artista visual holandés que trabaja con aluminio y formas inspiradas en la naturaleza. Y a partir de ahí, un recorrido por esculturas de la colección ARS FUNDUM, con nombres como Josep Maria Riera y Aragó, Esther Pizarro, Álvaro Matxinbarrena, Joan Cortés, Florentino Díaz, Carlos Valverde o Begoña Goyenetxea. Toda una visual de materiales como madera, plomo, hierro o acero dialogando con ese océano y esa atmósfera de alegría gaditana. Comprobarás que es un Parador que se presta siempre al selfie en cualquier rincón. Y repararás en ese olor a pescaíto que te persigue hasta que caes en la tentación. No te arrepentirás. Sentarse en La Tacita del Atlántico e hincar el tenedor en ese plato que sabe a mar con un atardecer de fondo es maravilla pura.
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Y cuando sales del Parador, te recibe La Caleta, con sus barquitos balanceándose, el barrio de La Viña, el Castillo de Santa Catalina… Mucho más que sol, playa y chapuzones. Aunque de eso también hay doble ración en Cádiz. Y en verano no hay nada más apetecible que mojarse. Y, si es con arte, mucho mejor.


































