Todos sospechamos que Cristiano Ronaldo es homosexual. Los indicios llevan años sumándose: hijos por fecundación in vitro, miradas comprometedoras, fiestas sin mujeres, amistades marroquíes muy íntimas… Nos gustaría saberlo de sus propios labios, pero eso ya no va a ocurrir nunca, porque el armario del que debería salir no es ya el de la homosexualidad, sino el del colosal engaño que ha construido a su alrededor el futbolista.

Josh Cavallo, futbolista LGTBIQ+
Los estadios de fútbol son lugares en los que los hombres se tocan y se abrazan casi eróticamente ante cincuenta mil personas que aplauden, pero a pesar de eso siguen siendo el último gran armario de las sociedades occidentales (junto con el de las monarquías).
En pleno siglo XXI no existe ningún futbolista profesional de élite que haya declarado ser gay. En el Mundial que se está celebrando ahora, no existen los gais. Es cierto que en el resto de los deportes –en el fútbol americano o en el baloncesto, por ejemplo– tampoco hay muchos. Por eso una serie como Más que rivales se convirtió en un fenómeno de masas.
El estadio es uno de los pocos espacios donde en 2026 se puede gritar “negro”, “moro” o “maricón” para insultar al adversario sin que en la práctica pase nada. El fútbol reúne y amplifica los peores instintos de las sociedades en las que vivimos. La grada es la zona franca de lo que queda de nosotros cuando nadie nos pide cuentas. El microcosmos del que los fascistas nunca se fueron.

Estadio Benito Villamarín del Real Betis
Las redes sociales, por el contrario, hacen lo que pueden con los materiales disponibles. El fandom lleva meses construyendo la pareja imaginaria de Pedri y Ferran Torres –‘Fedri’ se les llama– a partir de miradas en el campo, de gestos espontáneos y de abrazos o besos en la celebración de goles. Lo llamativo es que dos futbolistas que son guapos y se llevan bien resulten tan excepcionales como para que Internet los convierta en pareja de ficción. La amistad masculina sin códigos rígidos parece tan inhabitual que necesita una explicación homoerótica.
Los únicos que parecen haber entendido algo son Héctor Bellerín y Borja Iglesias, dos jugadores que coincidieron en el Betis. Bellerín lleva años diciendo que el colectivo LGTBIQ+ no se siente cómodo en un estadio, que tiene amigues a los que ha invitado a partidos y no han querido ir. Un antropólogo le explicó que los jugadores que no se consideran heterosexuales van abandonando el fútbol categoría a categoría, porque son espacios hostiles.
El fútbol no los expulsa de manera explícita; los va desgastando hasta que se van solos. Borja Iglesias hizo algo que en cualquier otro contexto sería banal: declararse aliado del colectivo. Lo llamaron maricón reiteradamente. Ambos son heterosexuales que se alejan del estereotipo. Cuesta imaginar lo que les habría ocurrido de ser realmente gais.
🏳️🌈 Sen medo. Sen etiquetas. Sempre con orgullo.
Por un fútbol máis diverso. pic.twitter.com/8q80hzWxvq
— Celta (@RCCelta) June 28, 2026
Hay un curioso contraste: el fútbol femenino es el deporte de equipo con mayor visibilidad lésbica del mundo. La estadounidense Megan Rapinoe, varias internacionales europeas, jugadoras de la liga española… El mismo deporte, a dos metros de distancia, con una cultura radicalmente distinta. El problema no está en el deporte en sí ni en los vestuarios: está en la masculinidad tóxica hegemónica, que tiene ahí uno de sus bastiones inexpugnables.
Hay algo perverso en el sistema: representantes que aconsejan a sus jugadores no exponerse, clubes que consideran la sexualidad ambigua un riesgo reputacional, federaciones que organizan competiciones en países donde la homosexualidad es ilegal, como Qatar, y leyes que permiten que el odio campe a sus anchas en los espacios públicos. Los futbolistas gais calculan los costes y llegan a la conclusión de que son demasiado altos. Los gais tampoco hemos engrosado históricamente las hinchadas. Eurovisión sí, pero la Champions League no.

Manuel Neuer
Hemos renunciado a conquistar el espacio de los estadios. Y eso a pesar de que hay razones sobradas para hacerlo. Voy a dar la alineación de los once más guapos del Mundial, para que los curiosos tengan la oportunidad de aficionarse, aunque sea por lujuria: en la portería, Neuer; Kimmich, Van de Ven, Nuno Mendes y Theo Hernández, en la defensa; Bellingham, Gavi y João Neves, en el centro del campo; y Brahim Díaz, Ferran Torres y Bergvall en el ataque. Quien se resista a este equipo no tiene alma.


