España gana el Mundial de Fútbol 2026: ¿las personas LGTBIQ+ debemos celebrarlo?

En medio de toda la celebración, surge el debate entre aquellos que condenan el fútbol y los que han vivido el Mundial como unos forofos más.

Los campeones levantando la Copa del Mundo.
Los campeones levantando la Copa del Mundo.
David Pallarés

David Pallarés

Con siete años vi a Madonna besarse con Britney Spears en la tele y desde entonces mi vida cambió.

20 julio, 2026
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Dieciséis años después de que Iker Casillas levantara la Copa del Mundo en Sudáfrica, España vuelve a conseguir la ansiada estrella. La Selección de Fútbol ha hecho historia de nuestro país gracias al gol de Ferran Torres en un disputado partido contra Argentina que millones de personas en todo el mundo han visto y celebrado. Pero… ¿qué pasa con las personas LGTBIQ+?

Durante estas semanas ha surgido el debate en redes sociales y en las calles sobre si está bien o no que la gente del colectivo vea, viva y celebre el fútbol cuando siempre ha sido un espacio que nos han negado y donde hemos sufrido opresión. Mientras unos sostienen que no deberíamos consumir este deporte históricamente hostil hacia nuestra comunidad, otros responden que renunciar a él sería regalar un espacio cultural gigantesco a quienes llevan décadas expulsándonos de las gradas, de los vestuarios y hasta de las conversaciones de bar.

El activista y divulgador LGTBIQ+ Daniel Valero colgaba hace unos días un vídeo en sus redes sociales explicando las razones por las que el fútbol siempre ha sido un lugar en el que las personas LGTBIQ+ no hemos sido bienvenidas: desde cánticos homófobos hasta –incluso– agresiones. Sin embargo, razonaba así sobre por qué debemos entender que se pueda disfrutar de una competición como el Mundial: «Podemos participar en un evento cultural en el que está participando todo tu entorno y del que no te quieres quedar fuera porque somos seres sociales y es importante que nos reafirmen como comunidad. Y al mismo tiempo es importante mantener el sentido crítico para entender bien en qué estamos participando».

 

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Otros como Helio Roque defienden la decisión de que cada uno vea y celebre lo que quiera: «¿Qué hay de perverso en que te cojas una camiseta y te vayas a la plaza de tu pueblo con el fresco con el resto de tus vecinos a celebrar los goles de Oyarzabal? El mensaje que saco de aquí es que si eres maricón… Eurovisión, Drag Race y poco más. Si estás viendo el fútbol eres un traidor, cuando precisamente, estos comentarios son los que siguen perpetuando esos estereotipos de los heteros y de los gais«.

También leíamos a Hornella Góngora compartir en su cuenta de Instagram su repulsa al fútbol y a aquellos que habían decidido verlo, o a muchas personas criticar a artistas como Aitana y Rosalía que han vivido el Mundial con mucha pasión y no han hecho lo mismo con el reciente Orgullo LGTBIQ+.

Shakira en el show del Mundial.

La realidad es que ambos argumentos parten de una verdad: el fútbol continúa teniendo un problema evidente con la diversidad. Mientras otros deportes han visto cómo deportistas de élite hablan abiertamente de su orientación sexual o identidad de género, el fútbol masculino profesional sigue siendo un territorio donde salir del armario parece un acto casi heroico. Los insultos homófobos siguen escuchándose en algunos estadios y las redes convierten cualquier gesto de apoyo a la diversidad en motivo de odio.

No obstante, no deja de ser un gran evento cultural del que incluso han formado parte iconos para la comunidad como Madonna y Shakira, que une a millones de personas y es siempre una buena excusa para juntarnos con amigos y celebrar. Un chute de alegría que no quita el pensamiento crítico y la conciencia de todo lo que rodea a este deporte y que, después de la fiesta, seguirá estando vigente. Aunque no hay que olvidar que, precisamente, nuestra Selección ha demostrado valores de igualdad y respeto que son un ejemplo para todos, como el apoyo de Borja Iglesias, que ha defendido la diversidad y libertad de las personas LGTBIQ+, la opinión de Lamine Yamal sobre el conflicto con Palestina o, incluso, historias que nos han divertido como el ficticio romance entre Ferran y Pedri.

 

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¿Una narrativa reduccionista?

¿Reducir el fútbol a esta realidad es justo? Debemos quedarnos con la idea de que podemos vivir y celebrar un evento cultural e histórico como este, acompañados de los nuestros y festejando con el resto del país, sin olvidar toda la toxicidad y masculinidad heteronormativa que rodea a este deporte y que, gran parte del colectivo, ha sufrido siempre desde la más tierna infancia. Sobre todo en una competición que anima a la unión de las naciones y a la hermandad entre compatriotas, donde podemos sentirnos más incluidos y dejarnos llevar por la euforia que esto levanta.

Es un buen momento para sentirse orgulloso de ser español. Nuestro cine y nuestra música están dando la vuelta al mundo, la cadena pública decidió retirarse de Eurovisión por una cuestión moral frente a la participación de Israel, y acabamos de proclamarnos como la mejor selección de fútbol. Lo que hoy es celebración, mañana puede seguir siendo reivindicación y lucha por nuestros derechos, por que nuestra voz siga oyéndose en cualquier espacio y en reclamar nuestro lugar. No olvidaremos que el fútbol seguirá siendo fútbol, pero… ¿y si lo empezamos a conquistar?

Los campeones con la Copa del Mundo.

Las personas LGTBIQ+ no deberíamos pedir permiso para emocionarnos cuando España levanta una copa, al igual que tampoco tenemos la obligación moral de renunciar a una alegría colectiva para demostrar nuestro compromiso con los derechos humanos. Esa exigencia rara vez se aplica a quienes consumen cine plagado de machismo, escuchan artistas con discursos cuestionables o utilizan redes sociales donde la LGTBIfobia campa a sus anchas.

La cuestión no debería ser si vemos o no el Mundial. La pregunta es qué hacemos cuando se apagan los focos. ¿Seguiremos denunciando la homofobia en los estadios? ¿Exigiremos protocolos eficaces? ¿Apoyaremos a los jugadores que algún día decidan salir del armario? ¿Defenderemos a los aficionados que todavía reciben insultos por llevar una bandera arcoíris a un partido? Celebrar la victoria de España no significa ignorar las heridas del fútbol. Quizá el mayor gesto de resistencia no sea marcharnos del fútbol, sino quedarnos. Ocupar las gradas, las peñas, las retransmisiones y las conversaciones. Porque el fútbol será verdaderamente de todos cuando nadie tenga que preguntarse si tiene derecho a sentirse campeón.

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