Resulta alucinante que su primera novela, La mala costumbre, viera la luz en mayo de 2023 y que sigamos hablando de ella como si se acabara de publicar. Está tan viva y de actualidad como el primer día, y Alana S. Portero es la primera sorprendida. Feliz, y a la vez superada por lo que ha supuesto convertirse en un personaje público. A nivel mundial, ojo. “Lo he llevado bien y mal”, confiesa. “Me sigue costando la exposición pública, aunque me he acostumbrado a ella. Siempre me encuentro frágil, y requiere mucha energía por mi parte. Estoy algo cansada”.

Es lo que tiene haber protagonizado un fenómeno literario de primer nivel. Eso sí, en cuanto pudo, Alana S. Portero comenzó a centrarse lo máximo posible en su próxima novela: “Estaba deseando encontrar el momento de meterme en casa a escribir. Porque necesito mucha rutina para hacerlo; me cuesta mucho hacerlo en aviones, trenes y hoteles. Así que ahora estoy mejor en ese sentido”.
Sorprende que las inseguridades sigan apareciendo cuando La mala costumbre ha sido un éxito tan rotundo y el público ha abrazado a Alana como lo ha hecho: “Ya no me hacen sufrir tanto; las entiendo y las he aceptado, y voy más relajada con ellas. Son 47 años, y eso no va a pasar”. Y son dos años ya del fenómeno que vive con su novela, que se dice pronto. “Es consecuencia única de que el libro se resiste a desaparecer”, confirma. “La novela sigue estando en unas cifras de ventas superiores a las del principio, y va camino de cien semanas entre los veinte libros más vendidos de España”. Lo cuenta con una calma que dice mucho de la humildad que Alana no ha perdido a pesar de todo lo vivido (“sigo estando maravillada y agradecida”).
«Me sigue costando la exposición pública, siempre me encuentro frágil»
El boom le ha permitido reeditar su poemario La habitación de las ahogadas, algo que le ha hecho especial ilusión: “Íntimamente, es el libro más importante de mi vida. Hay una verdad muy cruda en él. La habitación de las ahogadas soy yo: desnuda, gritando en medio de la calle. Entiendo que es complejo y que parece muy críptico, pero cuando lo terminé fue la primera vez que me sentí realmente orgullosa de algo que había escrito”.
2025 fue un año increíble para Alana S. Portero, con mucha exposición, muchos proyectos y todo tipo de aventuras. Una muy llamativa, su trabajo como guionista para Suma Content de la nueva versión de la película Mi querida señorita que ha dirigido Fernando González Molina, y que verá la luz en este 2026. “Ha sido un proceso dificilísimo; a ratos maravilloso, a ratos, una pesadilla”, confiesa. “He tenido que aprender un lenguaje y un oficio. He escrito teatro, pero no cine, y en mi opinión no se parecen en nada. He tenido la suerte de trabajar con Fernando, que ya es mi amigo del alma, y como diría Malú, mi maestro”, y ríe al hacer la cita pop.
Por supuesto, tiene grandes palabras para Javier Calvo y Javier Ambrossi, los productores del proyecto: “Con ellos todo es fácil y divertido; están de tu parte, creen en lo que haces y su confianza es tan ciega que a veces te puede abrumar”. Esa ilusión, y esa confianza que sintió a su alrededor, fue la que le impulsó a subirse a ese barco, en el que tanto ha aprendido a todos los niveles.
Lo primero que tuvo claro es que debía desprenderse del peso de la película de Jaime de Armiñán, protagonizada por José Luis López Vázquez en 1972: “Es histórica, imborrable e insustituible. Así que lo que nos planteamos fue un retelling, llevarla a otro tiempo con todo el respeto, para rellenar los huecos que la original dejaba por ser hija de su tiempo. Y poner el foco en contar la historia de una persona intersexual. Porque queda mucho por contar de la ‘I’ del colectivo y sigue habiendo concepciones erróneas de lo que significa la intersexualidad. Por no hablar de unos malos tratos clínicos espectaculares”.

Alana S. Portero es un buen ejemplo, cuando se encamina a los 50, de que la vida te puede dar un vuelco cuando menos te lo esperas. Buen ejemplo de que hay esperanza a cualquier edad para que tu trabajo y tu esfuerzo sean reconocidos. “Absolutamente. A mí esto me empezó a pasar cuando tenía 43 años, en uno de los peores momentos de mi vida”, recuerda la escritora. “Tenía el convencimiento absoluto de que mi vida profesional se había terminado, que solo iba a poder sobrevivir y que no iba llegar ni a jubilarme. Y aquí estamos”.
Con ello no pretende edulcorar la vida de los demás, ni quiere decir que sea algo que le pasará a todo el mundo en un momento dado, puntualiza. “Ni el éxito ni el reconocimiento ni la profesionalidad ni la belleza tienen absolutamente nada que ver con la juventud. Esa es solo una etapa más. Y buscar lo nuevo solo en lo joven es un error gravísimo de nuestra cultura presente. Confundir juventud con frescura, juventud con modernidad, juventud con riesgo… es un error muy grave. Hay muchas personas de 40, 50, 60 y 70 años que tienen cosas muy rupturistas y bellas que contar y que proponer. Con su arte, sus profesiones, sus cuerpos, su manera de estar en el mundo y sus visiones políticas y sociales”.
«Confundir juventud con frescura, juventud con modernidad, juventud con riesgo… es un error muy grave»
A sus 47, puede presumir de pronto de codearse no solo con Los Javis, también con Pedro Almodóvar o Dua Lipa, que se dice pronto. Sonríe cuando se le menciona, consciente de la fascinación –y, por qué no, la envidia– que despierta ese hecho. Otra consecuencia de la recepción de su libro, que le ha hecho llegar a lugares y personas que antes nunca habría imaginado: “Al principio, eso es surrealista. Primero con Pedro, una de las personas y de los artistas que más admiro y he admirado en toda mi vida. Es historia. Para mí es como conocer a Godard o a Buñuel”.
Claro, fue la primera descolocada cuando sucedió. “Al principio no podía evitar que me temblaran un poco las piernas, pero enseguida se te olvida. Ha sido muy generoso conmigo, y me ha ofrecido su amistad de una manera sincera, constante y real. Y llegó un momento en que ya solamente es Pedro”. Asegura que ha sido lo más bonito de todo este proceso vital y profesional. “Es que no solo he conocido a una de las personas más importantes de la cultura mundial en el último medio siglo, también he hecho un amigo maravilloso. Mira, otra cosa que pasa cuando te acercas a los 50, que aparece gente increíble en tu vida”.
Alana S. Portero era consciente de que a Almodóvar le había encantado el libro, hasta el punto de que la llamó por teléfono para hablar con ella un día que estaba comiendo con Tilda Swinton, Julianne Moore y Dua Lipa, recuerda. Asimismo, a partir de ese momento comenzó a tener cierto contacto con la estrella pop, también fascinada con el libro. Poco después, la invitó a su pódcast literario, Service95. “La noche antes cenamos en un restaurante en Madrid, y al verla entrar no pude evitar pensar ‘¿en qué se ha convertido tu vida de repente, Alana?”, dice entre risas. “A los cinco minutos se me olvidó que era esa Dua Lipa que todos conocemos. Es divertidísima, inteligentísima, generosísima y con mucha curiosidad. Y su entrevista fue de las mejores que me han hecho en todos estos años”.

Efectivamente, su vida ha dado un vuelco total en los últimos cuatro años, y celebra su actual privilegio. “Trabajo en lo que me gusta y me pagan bastante bien. No sé si he aprendido aún a usar del todo ese privilegio del que disfruto. Aunque también te digo: tengo menos del que parece. Pero sí, estoy en una de las editoriales de mis sueños, Seix Barral, y ahora escribo sin presión. Al final, de lo mejor de este año es que he tenido la oportunidad de probar cosas diferentes. Si salen bien, bien, y si no, al menos has probado algo que no pensabas que estuviera a tu alcance”. En Esta noche libro, pódcast en el que colaboró el año pasado, confesó que desearía no tener siempre que responder a todo desde una perspectiva de mujer trans, como se le requiere continuamente. “Porque sé cómo usan la palabra trans muchos medios que no son queer”, explica. “La utilizan para definir una especificidad tuya que te hace menor a los demás, o porque incluso piensan que no eres nada más que una mujer trans. Y que todo lo que tienes que decir tiene que ver con lo trans”.
«No puedo más con que muchos medios gasten su tiempo en entrevistarme para que vuelva a decir algo que ya he contado 450 veces”
Por ahí no pasa Portero a estas alturas: “Es una manera de estrechar mi trabajo y mi persona. Y me rebelo como una perra rabiosa contra eso”. Ella tiene muchas cosas que contar y sobre las que opinar, y no acepta esa visión reduccionista de los medios generalistas: «Estoy orgullosísima de ser trans, obviamente, pero soy muchas otras cosas. Y no puedo más con que muchos medios gasten su tiempo en entrevistarme para que vuelva a decir algo que ya he contado 450 veces”.
Imposible no preguntarle por cómo va su nueva novela, lógicamente esperadísima. «Va muy bien. Estoy moderadamente contenta; progresa adecuadamente (como se decía en las notas de nuestro tiempo) y es justo lo que quiero escribir, sin miedo a experimentar». Sorprende que haya dado ciertas pistas sobre su argumento con tanta antelalación, porque ya sabemos que en ella cuenta el caso de un grupo de mujeres a las que asesinaron en la Guerra Civil. «Yo no sirvo para los plot twists y las sorpresas, digo las cosas enseguida. A mí lo de ponerme estupenda no se me bien», dice entre risas. «Siempre había querido escribir una novela gótica, de brujas, oscura y lorquiana. Como soy una persona irrenunciablemente política, quise ambientarla en la guerra civil, porque siempre me ha obsesionado».
Cuenta que cuando descubrió hace años el caso que ha inspirado la que será su segunda novela, se le rompió el corazón. «Sabía que tenía que hacer algo con eso, y ha llegado el momento». La escribe con una tranquilidad que nada tiene que ver con la manera en que creó su magistral debut. «Puedo dedicarme exclusivamente a escribir, y es algo que no tiene precio… Hay que arriesgar, y lo hago; en algún momento me equivocaré, y no pasará nada. Pero es que La mala costumbre no se puede repetir eternamente, y su éxito tampoco».

FOTOS: MIGUEL ÁNGEL FÉRNANDEZ
VÍDEO: PABLO CARRASCO DE JUANAS


