Como buena peliculera que es, Nathy Peluso representó por última vez el espectáculo con el que ha estado presentando por el mundo su tercer álbum, Grasa, que, sin haber llegado a ser el fenómeno que seguramente esperaba que fuese, defendió con absoluta entrega.

Foto: @manupasik
«No sé si reír o llorar», dijo nada más empezar el concierto Nathy Peluso, que abrió con Corleone, enfundada en un ajustadísimo body negro y con bien de plumas. No estableció un dresscode para acudir pero, por lo que vi en los alrededores del Movistar Arena, y también en pista, sus fans LGTBIQ+ acudieron con ganas de actuar como extras, a juzgar por los creativos looks, en esa trama de gánsters y agentes secretos que se proyectaba para dar paso a los distintos actos del show.
Tras ella, un sobrio telón que funcionaba muy bien como contrapunto dramático a todo lo que sucedía frente a él. Peluso apostó por una banda completa –ampliada con vientos cuando llegó el bloque salsero– porque quedó claro que, a pesar de los ocasionales pregrabados, su concepción de Grasa es orgánica, muy al estilo de las grandes estrellas estadounidenses como Janet Jackson o Mary J. Blige. A pesar del punch que perdían temas como Emergencia (que dedicó «a todas mis raras») o su sesión con Bizarrap, que ella compensó levantando al público y haciéndole corear con pasión.
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— Movistar Arena España (@MovistarArenaEs) February 17, 2026
Su teatralidad tan bien ejecutada fue uno de los puntos fuertes de Nathy Peluso en todo momento En ocasiones, muy Michael Jackson; en otros, muy Beyoncé. Lo que está claro es que ella cree fuertemente en lo que hace, y lo deja bien claro. En ocasiones, con demasiado énfasis. Como en los breaks que aprovechaba para lanzar mensajes inspiradores cargados de clichés de empoderamiento, muy al estilo Lady Gaga. Una vez más, verla tan convencida de su papel le daba licencia para todo.

Nathy Peluso junto a Lua de Santana en Madrid
¿El principal problema del show? Que aunque es cierto que la artista no tiene problema alguno –más bien al contrario– para demostrar su versatilidad, el show estuvo descompensado. Arrancó muy alto, muy centrada en su repertorio más urbano, aunque fue una pena que despachara tan rápido temas como Business Woman o Delito (en el que, tras un poderoso momento, su boina voló y fue cuando, mientras intentaba recuperar el look dijo: «¡se me voló la peluca!»). La realidad es que el primer momento en que todo el respetable llegó al éxtasis fue con Ateo, donde no se echó en falta a C. Tangana y en el que un tórrido beso entre sus dos bailarines hizo subir la temperatura.

Los tres bailarines le acompañaban parecían salidos de un videoclip de Bruce Weber, y aportaban en todo momento un homoerotismo digno de agradecer, sobre todo según iba avanzando la noche. También tuvieron un momentazo cuando en A caballo parecieron rendir tributo a la mítica coreografía del vídeo de Don’t Tell Me de Madonna. ¿Más momentos álgidos de la noche? Cómo encadenó Salvaje y Menina, con el único –si bien breve– featuring de la noche, el de Lua de Santana.
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Llegó Rabiosa, comenzaba la parte explícitamente dedicada a la salsa y el mood cambió por completo. Era hora de dar protagonismo a su reciente EP Malportada, y llegó el momento que buena parte del público –al menos, a mi alrededor– estaba esperando: el de demostrar su arte bailando. Ojo, nada que objetar, que cada cual va a un concierto a lo que quiere. De repente, sus «raras» se vieron eclipsadas por parejas –hetero– que, en ocasiones, daban la espalda al escenario. Aquí, Peluso –con un look rojo pasión bastante menos favorecedor que el negro– se convirtió en maestra de ceremonias entregada, más que nunca, al goce ajeno. Ya dependía de que ese cuarto acto del show te llegara más o menos…

Foto: @manupasik
Si algo quedó claro es que Nathy se ganó al respetable con su entrega. Y también que su poliédrica personalidad como intérprete deja la puerta abierta a que se pueda centrar en próximos proyectos en música más experimental o descaradamente comercial, porque capacidad para defender ambas tiene de sobra. Y para entretener a sus fans, tan diversos, igual.


