Ya lo vimos en Maspalomas, una de las películas españolas de 2025, y es una realidad que afecta a muchas más personas de las que creemos. Más de la mitad de las personas mayores de 65 años viven solas, pero si hay un colectivo especialmente vulnerable a este aislamiento es el de las personas mayores LGTBIQ+, marcadas por décadas de discriminación, invisibilidad y, en muchos casos, ruptura de sus redes afectivas.
En este contexto nace Marimar, un restaurante en Alicante impulsado por Juan Lledó y Rodrigo Gomes que, más allá de su propuesta gastronómica, funciona como un auténtico refugio. La idea es sencilla pero poderosa: crear un espacio donde nadie tenga que volver «al armario» al envejecer y donde la compañía surja de forma natural, casi inmediata. “En dos minutos puedes estar hablando con alguien”, cuentan algunos de sus clientes.

Juan Lledó y Rodrigo Gomes, gerentes de Marimar.
El proyecto, vinculado a la Fundación Mar a Mar, surgió inicialmente con la intención de convertirse en un centro de día, pero la falta de recursos llevó a sus creadores a reformular el concepto. Detectaron que uno de los momentos más duros del día para muchas personas mayores es la hora de la comida, cuando la soledad pesa más. Así, transformaron esa necesidad en oportunidad: un restaurante abierto a todo el mundo, pero con una misión clara de acompañamiento y comunidad.
Ahí también impulsan actividades culturales, fomentan la interacción entre personas y dan apoyo social a quienes lo necesiten. La clave está en generar un entorno seguro donde compartir desde una conversación ligera hasta emociones más profundas. «Hablamos, bebemos y lloramos si hay que llorar», explican desde dentro.
Un antídoto contra la soledad
La iniciativa responde a una realidad histórica: muchas personas mayores LGTBIQ+ han vivido etapas marcadas por el estigma, la represión o la pérdida de vínculos durante crisis como la del VIH. Todo ello ha dejado una huella que se traduce hoy en mayores niveles de aislamiento.
Frente a eso, espacios como Marimar proponen algo revolucionario desde lo cotidiano: convertir un bar en hogar, una comida en red de apoyo y una mesa compartida en el inicio de nuevas relaciones. Porque, como resume su filosofía, envejecer no debería significar desaparecer.



