Hay nombres que arrastran una herida colectiva, y el de Dolores Vázquez es uno de ellos. Durante años, su identidad quedó sepultada bajo titulares, prejuicios y una condena que nunca debió existir. Hoy, más de dos décadas después, el Estado intenta recomponer ese relato.
El próximo 27 de abril, coincidiendo con el Día de la Visibilidad Lésbica, el Ministerio de Igualdad le entregará la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad en un acto institucional que contará con la presencia de la ministra Ana Redondo y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
No es solo un homenaje. Pretende ser un gesto de reparación simbólica hacia quien fue víctima de uno de los errores judiciales más graves de la historia reciente de nuestro país. Vázquez pasó 519 días en prisión acusada del asesinato de Rocío Wanninkhof, en un proceso marcado por la falta de pruebas concluyentes y una presión mediática feroz. Su orientación sexual –había sido pareja de la madre de la víctima– se convirtió en un elemento central del relato público y alimentó estereotipos y sospechas que terminaron por señalarla como culpable antes incluso del juicio.
El caso, revisado hoy con perspectiva crítica, evidenció hasta qué punto la lesbofobia estructural podía filtrarse en instituciones, medios y la opinión pública. Años después, la aparición del verdadero asesino, Tony King, desmontó la acusación, pero no logró borrar el daño.
Visibilidad y memoria
El reconocimiento llega en una fecha cargada de significado. El Día de la Visibilidad Lésbica, celebrado cada 26 de abril, nació precisamente para combatir la invisibilización y los prejuicios hacia las mujeres lesbianas en el espacio público. En este contexto, la figura de Dolores Vázquez se resignifica: ya no solo como víctima de un error judicial, sino como símbolo de cómo la discriminación puede amplificar la injusticia.
El acto incluirá también un coloquio sobre lesbofobia con activistas y expertas, que refuerza la dimensión política del homenaje.


