El caso de Dolores Vázquez es uno de los más sonrojantes de la Justicia española. Más de dos décadas después de su detención, juicio y encarcelamiento por el asesinato de Rocío Wanninkhof, el Estado ha reconocido de forma explícita que fue señalada y condenada socialmente en un contexto atravesado por prejuicios, entre ellos su orientación sexual.
Durante el acto, celebrado en Madrid, Vázquez recibió la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, en un gesto que busca dignificar su figura y reconocer el daño causado tanto por las instituciones como por el clima mediático de la época. La elección de la fecha no es casual: sitúa su caso dentro de una memoria más amplia, la de las mujeres lesbianas que han sufrido discriminación estructural.
En su intervención, Dolores Vázquez se ha mostrado serena y emocionada. Ha agradecido el reconocimiento y ha afirmado que, pese al sufrimiento vivido, ha logrado reconstruir su vida: asegura haber perdonado y aprendido a vivir y a querer. Sus palabras han marcado uno de los momentos más significativos de la ceremonia, que ha combinado el tono institucional con una carga simbólica evidente.
🗣️ «Estoy orgullosa de mí misma».
📽️ Dolores Vázquez tras recibir la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Lésbica. pic.twitter.com/o5aC7zGQlc
— Ministerio de Igualdad (@IgualdadGob) April 27, 2026
El Ministerio subrayó que el caso de Vázquez no puede entenderse únicamente como un fallo judicial. Su detención en 1999 y posterior condena por un jurado popular se produjeron en un contexto en el que los estereotipos sobre su personalidad y su orientación sexual influyeron de manera determinante en su imagen pública. Durante meses, fue presentada como una figura fría, distante y «anómala», rasgos que, lejos de ser pruebas, reforzaron un relato de culpabilidad basado en prejuicios. Incluso se llegó a decir de ella que era una «lesbiana perversa».
Dolores Vázquez pasó 17 meses en prisión, de donde salió tras la anulación del juicio por parte del Tribunal Superior de Andalucía. No fue hasta 2003 cuando la identificación del verdadero asesino, Tony Alexander King, permitió esclarecer el caso y el segundo juicio nunca llegó a celebrarse. Para entonces, el daño ya era irreparable: su vida personal, su reputación y su estabilidad habían quedado profundamente afectadas..
Un acto con carga simbólica
Más allá de la dimensión individual, la figura de Dolores Vázquez se ha convertido en un símbolo. Su historia permite entender cómo la lesbofobia –a menudo implícita– puede influir en procesos judiciales, en la construcción mediática de los casos y en la percepción social de la culpabilidad.
La entrega de la medalla por el Día de la Visibilidad Lésbica refuerza el mensaje político del reconocimiento: el caso de Dolores Vázquez no se recuerda únicamente como un fallo judicial, sino como un ejemplo de cómo la orientación sexual pudo influir en la construcción de la culpabilidad. El acto sitúa su historia dentro de la lucha por la igualdad y la memoria LGTBIQ+ en España.


