Todos recordamos aquella nevada histórica de Filomena que cubrió Madrid de un manto blanco y sacó a la gente a la calle para jugar entre copos, muñecos de nieve y peleas de bolas. En ese momento tan bello, Carolina África dio a luz a su hija, pero un resbalón a la salida del hospital le fracturó la pierna y la obligó a tener que estar ingresada de nuevo y separada de la recién nacida.
“Fue algo muy bizarro. Diez días separada de mi bebé y de mi otro hijo, en una habitación donde la calefacción no funcionaba, con una mujer nonagenaria a mi lado que se desnudaba, se pellizcaba las tetas y se caía al suelo. Estaba desesperada pero me permitió parar y darme cuenta de que la vida es otra cosa, que reside en las caricias y los gestos, en las palabras amables y las pequeñas cosas, que había dramas más graves que los míos y que a veces nos ahogamos en problemas pequeños cuando hay gente ahí fuera que son auténticos luchadores y supervivientes. Por eso decidí escribir esta obra, para agradecer a esas personas que, en ese momento de fragilidad, me abrieron los ojos y reordenaron las prioridades”, explica África, que firma el texto, dirige y protagoniza Una buena vida, en el Teatro María Guerrero, junto a Ahimsa y Jorge Kent, con los que comparte escena.

La obra recrea esa habitación de hospital donde estuvo ingresada en plena pospandemia, un momento en que se aplaudía a los sanitarios mientras que ahora vemos cómo se tienen que manifestar para exigir una situación laboral más digna: “Tenemos un tesoro que es la sanidad pública y no podemos permitir que unos pocos la desmantelen. No podemos convertirnos en ese Estados Unidos donde la gente pide que no se les lleve al hospital cuando lo necesitan porque no pueden pagarlo. Están apretando las listas para que no nos quede otra que ir a la privada. El equipo sanitario está explotado, ¿cómo podemos pretender que esos que nos cuidan y nos salvan la vida lo hagan bien si sus condiciones no son dignas? Solo espero que, si esta obra sirve de algo, sea para reavivar esta conversación”.
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También explica cómo ha querido representar a esos enfermeros que se hallan al frente de los cuidados, algo que siempre ha estado ligado a la mujer, y esa masculinidad frágil y sensible: “Hay muchas personas LGTBIQ+ trabajando en el campo de la sanidad, y me gusta pensar que caminamos hacia un mundo más igualitario. En la obra, el personaje de Jorge Kent está inspirado en el enfermero que cuidó de mí durante esos días, que era un hombre del colectivo, y me gustaba reflejar también a toda la gente de la comunidad que trabaja en los hospitales y esa delicadeza con la que lo hacen”.
El poder del arte
Carolina África dice que la ficción te ayuda a superar un duelo, romper una relación que no te hace feliz o perdonar a un padre y una madre: “El arte te habla directamente y te remueve. Ver la vida a través de los ojos de otro ayuda a que puedas conectar con tu propia vida. Igual que hay armas de destrucción masiva, las hay de construcción masiva, y el teatro es una de ellas”.
UNA BUENA VIDA PUEDE VERSE HASTA EL 21 DE JUNIO EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO








