Vilna. Una capital (orgullosa) en constante ebullición

La capital de Lituania se ha convertido en una de las grandes sorpresas de Europa para quienes buscan ciudades con alma, historia y una energía contemporánea alejada de los circuitos masificados.

Imagen de Vilna, capital de Lituania, bañada por el río Neris.
Imagen de Vilna, capital de Lituania, bañada por el río Neris. (© GOVILNIUS, Augustas Didzgalvis y Myrrcha)
Ariadna Fraile

Ariadna Fraile

Periodista, paradójica y posmoderna. Ariadna habla en tercera persona desde los tres años.

23 junio, 2026
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Hay capitales europeas que son un tesoro por descubrir, y Vilna es una de ellas. Y, además, una de las que enamoran. Bañada por el río Neris, cuenta con casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que es uno de los más grandes de Europa del Este, y despliega una fascinante mezcla de arquitectura gótica, renacentista, barroca y neoclásica que convierte cada calle en una postal. La mejor manera de conocerla es caminando. Las callejuelas empedradas conducen a plazas luminosas, patios escondidos y fachadas que harán que llenes tu teléfono de fotografías. El corazón de la ciudad late en torno a la Catedral de Vilna y su plaza, punto de partida ideal para explorar la urbe.

Entre los imprescindibles destaca la Torre de Gediminas, símbolo indiscutible de la ciudad. Situada sobre una colina, ofrece una de las panorámicas más espectaculares del Báltico. Desde allí, los tejados rojizos, las torres de las iglesias y el perfil verde de la capital lituana dibujan una imagen difícil de olvidar. Cuenta la leyenda que fue donde el gran duque Gediminas soñó con un lobo de hierro, origen mítico de la fundación de Vilna. Su mismo nombre bautiza también la emblemática Avenida Gediminas, que ofrece un paseo mágico por el centro de la capital. Pero si existe un lugar que resume el espíritu más libre de la ciudad, ese es Užupis. Talleres de artistas, galerías, esculturas y terrazas crean una atmósfera bohemia con personalidad propia.

La escena gastronómica también merece atención. En los últimos años, la ciudad ha vivido una auténtica revolución culinaria, que combina la tradición lituana con propuestas de lo más contemporáneas. Restaurantes innovadores, cafeterías de especialidad y mercados gastronómicos que reflejan el dinamismo de una capital que mira al futuro sin renunciar a sus raíces. Uno de los lugares donde mejor puedes comprobarlo es en el Baltas Tiltas Food Hall, un popular mercado gastronómico situado junto al Puente Blanco de Vilna. Y sí, cuenta con una discoteca LGTBIQ+, Soho Club, con dos pistas, dos ambientes y unos lituanos y lituanas que quitan el hipo.

Otro de los grandes atractivos de Vilna es su sorprendente equilibrio entre naturaleza y vida urbana. Más de la mitad de la ciudad está formada por espacios verdes, una rareza entre las capitales europeas. Parques, senderos y miradores permiten desconectar sin salir del centro, reforzando esa sensación de calma que acompaña al viajero durante toda la estancia.

Quizá ahí resida el verdadero encanto de Vilna, en su capacidad para sorprender. Es una ciudad elegante pero accesible, histórica pero moderna, tranquila pero llena de vida. Un destino que todavía conserva el privilegio de sentirse auténtico y que demuestra que, a veces, los mejores viajes comienzan precisamente donde menos te lo esperas.

LITHUANIAN PRIDE 2026

Del 2 al 6 de junio, Vilna fue la cuna de la diversidad y la libertad gracias al Lithuanian Pride que celebró por todo lo alto, y que congregó a unas veinte mil personas de todas partes del mundo. Durante toda la semana, la capital lituana acogió multitud de actividades culturales, encuentros, conferencias y, por supuesto, mucha música. Aunque si hubo un momento para el recuerdo fue su Pride Parade, que llenó de banderas arcoíris la avenida Gediminas y desembocó en un gran concierto al aire libre en el parque Kalnų, donde destacó uno de nuestros grupos favoritos del pop español: Nebulossa. El dúo hizo bailar a todos los asistentes con su divertidísimo repertorio musical, en el que, por supuesto, no pudo faltar su archiconocida Zorra, que se coreó por todo el parque.

 

No fue la única representación patria: la cantante Sandra Carrillo también participó en el festival junto a la francesa Savanah, la drag belga La Diva Live y la suiza Catherine D’Oex, además de talento local como su representante en Eurovisión, Lion Cecaah. El Pride de este año fue todo un acontecimiento que demostró, una vez más, la importancia de mantener espacios de visibilidad y reivindicación para la comunidad LGTBIQ+ en Europa del Este.

Además, la ciudad mira ya hacia el futuro con ilusión: Vilna volverá a ser la sede del Baltic Pride en 2028, el gran Orgullo que organizan Lituania, Letonia y Estonia, cuya sede va rotando cada año entre Vilna, Riga y Tallin. Un gran evento cuyo objetivo es el de visibilizar a la comunidad LGTBIQ+ en los países bálticos.

MÁS INFORMACIÓN EN GOVILNIUS.LT Y EN GOPRIDE.LT

FOTOS: © GOVILNIUS, Augustas Didzgalvis y Myrrcha

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