Manuel Carrasco y David Bisbal actuaron juntos en el estadio de La Cartuja de Sevilla, y, lo que parecía un bonito momento musical, terminó convirtiéndose en un nuevo ejemplo de cómo la homofobia sigue presente en las redes sociales. Más allá del concierto, la conversación en Internet se ha centrado en la ropa que llevaban los artistas. Vestidos con tirantes y prendas ajustadas, ambos han recibido una avalancha de comentarios homófobos en Instagram.

Numerosos usuarios han hecho insinuaciones sobre su orientación sexual con términos despectivos y estereotipos asociados tradicionalmente a los hombres homosexuales. Varios de esos mensajes hacia Manuel Carrasco y David Bisbal fueron recopilados por el influencer Antonio González, que mostró ejemplos de comentarios en los que se ridiculizaba a ambos artistas por su apariencia: «Qué gays van vestidos», «dos señoras muy elegantes», «creí que eran travestis» o «Carrasco tiene un pie fuera del armario». Las críticas en redes no cuestionaban su actuación musical sino que llevaban ropa considerada no masculina.
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Este episodio nos recuerda que a día de hoy aún persiste la asociación de determinadas formas de vestir con una identidad sexual concreta. Detrás de muchos de los comentarios se encuentra la idea de que existe una manera «correcta» de vestir para los hombres y que cualquier variación de ese modelo puede convertirse en motivo de burla en la sociedad.
La homosexualidad sigue siendo un insulto para los heterosexuales
Que Carrasco y Bisbal sean heterosexuales no ha impedido que hayan sido objeto de ataques basados precisamente en atribuirles una orientación sexual determinada. Además, esto lo hacen de forma peyorativa, como si ser o parecer gay fuera un insulto.
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Más allá del caso concreto, lo ocurrido en redes refleja cómo, en pleno 2026 (y en pleno mes del Orgullo), todavía persisten discursos que se burlan de la expresión personal y la libertad estética.


