Te guste o no el universo Disney, hay canciones de las bandas sonoras de estas películas que todo el mundo conoce. Temas de La Bella y la Bestia, Pocahontas, El Rey León o uno de La sirenita que resulta, probablemente, el más bonito y popular de todos ellos: Parte de él. ¿Quién no ha cantado aquello de “el exterior, quiero formar parte de él” a voz en grito? No mientas, tú también lo has hecho… Pues esta canción tiene detrás una historia LGTBIQ+ que poca gente conoce.
Era diciembre de 1990 cuando en España se estrenó en cines La sirenita –en Estados Unidos había llegado a la gran pantalla un año antes–, la cinta de la factoría Disney que recuperaba, a su manera, un cuento del danés Hans Christian Andersen que, originalmente, reflejaba una historia de amor imposible entre el autor y su amigo íntimo Edvard Collin.
No cabe ninguna duda de que Disney pasó por alto este detalle, y a día de hoy sigue sin visibilizar personajes y realidades queer, pero sí que confió en el colectivo para crear uno de sus mayores logros que fue, efectivamente, la canción Parte de él.
El autor de este tema es Howard Ashman, un dramaturgo y compositor estadounidense que unos años antes había firmado, junto a su amigo Alan Menken, el musical Little Shop of Horrors, basado en la película homónima de 1960. Este musical también fue llevado al cine y le sirvió a Ashman para lograr su primera nominación al Óscar.

El compositor Howard Ashman.
Este éxito hizo que Disney pusiera el foco en él y le contratara para escribir las canciones de La sirenita y producirla. Como curiosidad, se dice que fue él quien decidió que la malvada Úrsula estuviese inspirada en el icono LGTBIQ+ Divine.
En su versión original, no la letra en español que todos conocemos y cantamos en la ducha, Parte de él dice más de lo que creíamos. Howard Ashman escribió el tema cuatro años después de que su novio falleciera por sida. Y, durante la producción de la película, él mismo fue diagnosticado con la enfermedad. “Creo que, como hombre gay, Howard creció sabiendo lo que era sentirse marginado, deseando formar parte del mundo que lo rodeaba pero sin poder integrarse por completo», escribe su compañero Alan Menken en la plataforma The AIDS Monument.
Y continúa diciendo que “durante dos años, mientras se rodaba La sirenita, Howard sabía que tenía VIH, pero ocultó su enfermedad a todo el equipo, incluyéndome a mí. La noche en que ambos ganamos nuestros Óscar, me dijo que teníamos que hablar seriamente, y al regresar a Nueva York, me reveló que tenía sida. Acabábamos de alcanzar la cima de nuestras carreras tanto en el teatro como en el cine, y habíamos trabajado codo con codo durante once años, pero mi querido amigo mantuvo en secreto ante todos sus compañeros que padecía una enfermedad terminal incurable. Ese era el tipo de miedo con el que vivía la gente entonces: miedo al rechazo, a la muerte, a una enfermedad fatal sin cura. Y había muchísimo estigma y discriminación».
Howard no se rindió ante la enfermedad, y decidió seguir trabajando todo el tiempo que pudiera. Tras su increíble trabajo en La sirenita, fue contratado para encargarse de la banda sonora de La Bella y la Bestia y Aladdin. Pero, la salud del compositor le impedía viajar con facilidad, y finalmente tuvo que compartir su realidad. “Hacia el final de su vida, Howard y yo escribimos la canción Príncipe Alí desde su cama del hospital. Pesaba solo 36 kilos. No podía ver y apenas podía hablar”, escribe Menken en la plataforma.
Ambos ganaron el Óscar a la Mejor canción por La Bella y la Bestia, pero Ashman no pudo recoger el premio en la gala de 1992. Unos meses antes, en marzo de 1991, Howard Ashman fallecía a los 40 años dejando un legado de canciones que forman parte de la banda sonora de estas películas y de nuestras vidas. Historias sobre personas que intentan encajar en una sociedad que no siempre es amable, sobre la soledad, el amor y la esperanza.


