Javier Camarena, apoteosis histórica en el Teatro de La Zarzuela

El mexicano debuta en el género con un éxito clamoroso, lo que le consolida como la gran estrella de la lírica mundial. Para muchos, Javier Camarena es el mejor tenor del momento.

Si hay algo que nos gusta a los periodistas es practicar el ejercicio romántico de buscar relevos: ‘el nuevo Plácido Domingo, ‘el sucesor de Alfredo Krauss o ‘el heredero de Pavarotti. Pero si algo demostró Javier Camarena en su debut en el Teatro de la Zarzuela (y en el género que da nombre al coliseo, pues era la primera vez que el tenor daba un concierto íntegro de zarzuela), es que no es el ‘nuevo nadie’. Es Javier Camarena con nombre propio, y no viene a hacer una sustitución, sino a dejar su nombre grabado con letras imborrables.

Para muchos, estamos ante el mejor tenor del momento en el mundo. Su ‘duelo de bises’ con Juan Diego Florez en el Met neoyorkino en 2014 le puso en los titulares de la prensa mundial. Fue cuando el tenor peruano canceló el estreno de La Cenerentola en el templo de la lírica de Manhattan y el mexicano le sustituyó. El éxito fue tan apoteósico que la dirección del coliseo le permitió bisar un aria, algo que no suele estar bien visto por los más puristas, pues repetir el tema ‘rompe’ con la dramaturgia de la ópera y nos devuelve a la (olvidada) era de los grandes divos. Cuando Florez, ya recuperado, se incorporó a la cuarta función de la ópera de Rossini, no paró hasta conseguir bisar Si, ritrovarla io giuro. Este ‘duelo’ posicionó a Camarena como una estrella emergente, rol en el que hoy está más que consolidado.

El domingo, Camarena debutó en el Teatro de La Zarzuela con un programa íntegro de romanzas. Desde que salió al escenario se palpaba el éxito y la expectación. Pero fue ya cuando cantó De este apacible rincón de Madrid (Luisa Fernanda, de  Federico Moreno Torroba) cuando ya empezó una apoteosis que no paró hasta los más de diez minutos de aplausos que cerraron la tercera propina, Granada, de su compatriota Agustín Lara. Entre medias, dos horas de canto puro, fraseo perfecto, voz potente y presencia escénica. Todo ello al servicio de algunas de las romanzas más conocidas del repertorio zarzuelístico.

 

La apoteosis final en los aplausos, tras cantar Granada como propina.

 

“Eres la honradez de la lírica”, le dijeron desde uno de los pisos  de anfiteatro. Y es cierto. Como suele ser habitual en estos recitales, la comunión entre el público y la escena suele dar divertidos momentos. Los del pasado 19 de noviembre en La Zarzuela lo hicieron aún más histórico. Los aficionados tenemos ‘mono’ de cantantes de verdad, honestos, puros. Camarena lo es. Unas semanas antes había arrasado en las funciones especiales de La Favorita en el Teatro Real para celebrar los veinte años de la reapertura del coliseo.

En ese mismo teatro había bisado hace unos años el aria Ah! Mes amis, de La Fille du Régiment ante el éxito que tuvo en la producción de Laurent Pelly que había cantado por medio mundo Juan Diego Florez, el que –en teoría– es el tenor por excelencia para ese rol. Ahora, en La Zarzuela, Camarena (que pidió perdón por tener la voz tocada por la sequedad del ambiente de Madrid sin los aspavientos de estar bebiendo agua o tocándose la pajarita, como hizo Florez en el Real en su último recital por lo mismo) enamoró. Y lo hizo de tal manera que se consagró en un nuevo campo, nuestro patrimonio lírico, en el templo mundial por excelencia del género. “Estoy muy nervioso, aunque no se lo crean”, dijo. Normal. Es lo que tiene ser honrado, profesionalmente hablando: tener respeto y miedo cuando se hace algo nuevo. El reconocimiento duró en aplausos casi más que el recital. Solo nos queda verlo en una zarzuela representada. Todos los grandes lo han hecho, paseando, además, nuestro patrimonio musical por el planeta. Los mejores teatros líricos están a sus pies, y La Zarzuela es el templo mundial de este género. Camarena es el gran tenor de lo que llevamos de siglo en su campo, y seguro que no nos falla. Porque en México también se habla mucho de zarzuela, como bien dice el famoso chotis sobre Madrid.

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