23/05/2019

La esquizofrenia le pasa factura a Jennifer Lopez

9 julio, 2014

El pasado 6 de julio apareció radiante en el desfile de Atelier Versace que inauguraba la gran cita de la alta costura en París. Nadie habría imaginado que está pasando por un momento profesional complicado, porque su último álbum está siendo un fracaso de proporciones estratosféricas. A.K.A. es un disco muy especial para Jennifer Lopez, porque es el décimo de su carrera y confiaba que se convirtiese en un trabajo sonado, a la altura de hitos comerciales como J.Lo. Y no va a poder ser salvo que ocurra un milagro.

No podrá decir la diva latina que A.K.A. no vende por falta de promoción. Ha contado en los meses previos a su publicación con una plataforma impagable, el programa American Idol, en el que ejerce de jueza. Y aunque el álbum no incluya –por suerte– We Are One (Ole Ola), el tema oficial del Mundial de fútbol de Brasil, sí tuvo el privilegio de interpretarlo en la ceremonia inaugural junto a Pitbull y Claudia Leitte, y de paso millones de personas la vieron y se enteraron de que tiene disco nuevo que vender.

A pesar de su presencia constante en los medios, a Jennifer Lopez le está ocurriendo lo mismo que a Mariah Carey. Las dos son divas indiscutibles que, una vez superados los 40 –y aun demostrando una estupenda forma a nivel artístico–, ya no logran enganchar a las masas. Carey ha lanzado su mejor disco en muchos años, Me. I Am. Mariah… The Elusive Chanteuse, y ha tenido unas ventas irrisorias. Igual de flojo ha arrancado A.K.A., en teoría esperadísimo por los fans de la polifacética estrella de origen latino. ¿Qué ha fallado? ¿Por qué un single como I Luh Ya Papi, con un vídeo al rojo vivo, ni siquiera ha enganchado de forma unánime a sus admiradores gays?

Siempre ha resultado interesante observar la obsesión de Jennifer Lopez por defender una identidad sólida e inequívoca, como mujer y como artista, y a la vez jugar a varios palos y cultivar una imagen y un estilo cambiantes. Por más que se empeñe en mantener vivo su espíritu de barrio, en ocasiones la posee una dominatrix amante del bling-bling. En otras, una drama queen inestable que quiere que la quieran. En algunas, una señorona conservadora que busca complacer a su hombre o que llora sus desamores porque solo sabe vivir en pareja.

Con 44 años y diez álbumes a sus espaldas, J.Lo sabe mejor que nunca cómo dosificar sus múltiples personalidades artísticas y cómo combinarlas. Es lo que hace en A.K.A., donde por primera vez se la ve igual de segura en todos los registros. ‘Jenny la del barrio’ sale igual de victoriosa cuando se mide con la joven Iggy Azalea (Acting Like That) que con el veterano Nas (Troubeaux). La baladista latina encuentra en Let It Be Me el mejor vehículo para lucirse dentro de sus limitaciones vocales. Sabe mantener a raya tanto a Rick Ross (Worry No More) como a Pitbull (Booty), y en ambos casos sabe bordear el déjà vu con una actitud poderosa. Y cuando se lanza a zorrear en TENS saca a la travesti que lleva dentro con una profesionalidad encomiable. ¿Hay muchas J.Lo en una definitivamente? ¿Y no será además mejor actriz/intérprete de lo que algunos creen?


¿Por qué crees que J.Lo no está triunfando con su nuevo disco?

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Shangay

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