20/09/2020

De estrella pop a reverendo gay

17 octubre, 2014

Una historia de sexo gay, drogas, honestidad, redención, religión, VIH y muerte. Esos son los ingredientes básicos que maneja Richard Coles, de 52 años en su autobiografía, titulada Fathomless Riches, que ve la luz en el Reino Unido.

Coles se dio a conocer en los locos 80 como parte del dúo gay The Communards, que compartía con Jimmy Sommerville. Hasta que se separaron en 1988, vivieron años de enorme éxito mundial, gracias a hits como su versión del clásico disco Never Can Say Goodbye. Pero la espiral de éxito, viajes, drogas y sexo casual pudo con sus ganas de hacer música. En una entrevista reciente confiesa que mintió a su compañero de grupo para poder desvincularse de su proyecto en común. “Tuvimos una gran pelea y le dije ‘Soy VIH positivo’. Le mentí para quitármelo de encima”, ha declarado. “Lo más duro para mí era aceptar que existía un cierto glamour oscuro en el hecho de tener el VIH que me atraía”.

Al dejar la música se refugió en la religión. “Sentía mucha vergúenza por ser tan egoísta, loco, irresponsable, por estar todo el rato drogándome, por disfrutar tan insemante mis experiencias de sexo con desconocidos… y por terminar diciendo que era VIH positivo, aunque no era cierto. Necesitaba ser perdonado por todo ello, y la vergüenza que sentía fue la que me llevó hasta Dios”, afirma. Se ordenó sacerdote de la Iglesia anglicana, y ejerciendo su ministerio conoció, en 2007, al que se convertiría en su marido, David Oldham –que ahora tiene 37 años–, también ministro anglicano.

Como la Iglesia anglicana reconoce los matrimonios civiles entre personas del mismo sexo, Coles y su marido viven juntos sin necesidad de ocultar su estado. Aunque la ex estrella pop no oculta que tienen los mismos problemas que cualquier otro matrimonio, gay o no. Como el hecho de que su vida sexual ha ido perdiendo intensidad. “Cuando empezó a pasarnos coincidió con un momento en que la Iglesia de Inglaterra expresó el deseo que de los sacerdotes que tuviesen parejas de su mismo sexo optasen por el celibato. Que no tiene mucho sentido, pero bueno…”.

Coles confiesa que respetar el celibato –a su pesar– es una cuestión que le ha traído quebraderos de cabeza. “No siempre ha sido fácil. Tenemos una estupenda vida íntima, pero hemos renunciado a ese grado de intensidad compartido”. Y no duda en ser crítico con la ‘empresa’ para la que trabaja: “No resulta nada creíble la posición de la Iglesia de Inglaterra respecto a las relaciones gays”

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