15/06/2019

Soleá Morente: “No me interesa el divismo”

17 febrero, 2016

Habla a media voz, en un tono pausado. Pero habla mucho. No siempre te tropiezas con artistas encantados de hablar de su música cuando están inmersos en maratonianas jornadas de promoción; Soleá Morente es una de ellas. A sus 30 años, defiende con muchas ganas Tendrá que haber un camino, su primer disco, que ha logrado ser uno de los finalistas al primer Premio Ruido, recientemente entregado por los Periodistas Musicales Asociados –y que recayó en el Niño de Elche, al que precisamente alaba un poco más adelante Soleá–.

La música ha formado siempre parte importantísima de su vida, algo fácilmente entendible si tenemos en cuenta que su padre era Enrique Morente. “Mi madre me cantaba desde pequeñita para dormirme, y eso se te queda dentro”, añade. Si encima tu hermana mayor es Estrella Morente, poco hay que añadir. Aunque aquí la importante es ella, que presenta su álbum en Madrid el 25 de febrero, en la sala Joy. “Hablar con los periodistas me está ayudando mucho a hacer autoanálisis en este momento de tanto estrés y tantas emociones: ‘¿Qué me ha traído hasta aquí?, ¿qué he hecho?, ¿dónde estoy?, ¿quién soy en este momento?’. Centrarse y sentarse con uno mismo está muy bien”.


“El legado de mi padre y de mi hermana es impactante, y te impone responsabilidad, pero orgullo a la vez”


¿Como está Soleá Morente en este momento? Habrá que preguntárselo, claro. “Estoy segura y tranquila, porque he hecho el disco que sentía y que me apetecía. Es importante confiar en el criterio propio. Y ahora intento dar lo mejor de mí en los directos”.

Su primer apellido está ahí, y ella lo vive de una forma natural, como cuando en el colegio la llamaban Morente al pasar lista. “El legado de mi padre y de mi hermana es impactante, y te impone responsabilidad, pero orgullo a la vez. Mi apellido me ofrece posibilidades maravillosas, así que no puedo estar más feliz de formar parte de esta familia”.

Desde que tiene uso de razón la música ha sido parte de su vida. Veía a su padre, sus abuelos, sus primos, sus tíos, sus hermanos y para todos era igual… “Por eso lo he vivido de una manera natural. Lo mismo me subía al escenario con mi padre que con Estrella, o con otros muchos primos que se dedican a la música”. Su padre le aconsejó que antes de entregarse profesionalmente a ella, si así lo quería, estudiara una carrera. Gran amante de las letras, Soleá apostó primero por la Filología Inglesa, pero solo hizo un año. “Me resultaban muy duras las clases en inglés”, confiesa. Y se pasó a la Filología Hispánica, que sí terminó esta apasionada de la lectura.


“Tenemos la oportunidad de escribir nuestro destino y el derecho a equivocarnos. ¿Por qué tenemos que hacer lo que unos pocos impongan?”


No ha sido casual que titulara su disco Tendrá que haber un camino. Necesitaba marcarse su propia hoja de ruta, para distinguirse como intérprete. “Es importante tener un discurso propio, que cada artista comparta lo que siente y lo que piensa”. En ningún caso quiso poner distancia con sus principales referentes. “Aprendo cada día de mi hermana, una de las personas que más admiro. Y de mi padre, qué voy a decir… Cojo de ellos lo que puedo, y después busco dentro de mí para poder elaborar mi propio mensaje”.

El proceso de búsqueda personal y musical ha dado como resultado un álbum entre dos aguas. “Está el flamenco, porque mi identidad, mi genética y mi forma de cantar son flamencas. Pero también quería investigar en lugares desconocidos. Porque, como dice Elias Canetti, todos los lugares donde no he estado me mantienen viva”.

De ahí el ramalazo indie del disco, otra de sus señas de identidad, enriquecido por colaboraciones como la de La Bien Querida. “Me gusta mucho Ana, y le dije que me gustaría hacer algo con ella; por pedir, que no quedara. A los pocos días me envió Todavía, que hice por bulerías. Y la guitarra flamenca se mezcla con la acústica, que es más indie”. Se mueve entre esos dos mundos y no quería renunciar a ninguno a la hora de mostrar esta carta de presentación. “La música alternativa me interesa mucho porque refleja una actitud ante el mundo actual muy importante. Hay que intentar liberarse de lo que nos domina”.

La filóloga que lleva dentro quizá es la responsable de que interprete un poema de Antonio Machado –Yo escucho los cantos, musicado por su padre– o que versione a Leonard Cohen en Dama errante (Winter Lady). “Si se hace con ilusión y con amor, ¿por qué no? Si me apetecía cantar a Machado o a Cohen, ¿por qué no? Igual que me gusta el sonido de Los Planetas, me encanta la música electrónica o el fandango del Albaizyn, y todo eso ha quedado reflejado en el disco”.

A quienes tengan una idea preconcebida de ella o un prejuicio por apellidarse Morente, Soleá les pide que escuchen Oración, que es donde mejor están reflejadas sus intenciones. “En ella defiendo la libertad de expresión, de que todos tenemos la oportunidad de escribir nuestro destino y el derecho a equivocarnos. ¿Por qué tenemos que hacer lo que unos pocos impongan? Y eso se da mucho hoy día, cuando este mundo es de todos”.

Mientras estudiaba, si su hermana tenía un bolo apetecible, no lo dudaba y le pedía que se la llevara. “Así me subía al escenario con ella, me ganaba un dinerillo y no perdía el contacto con la música”. Estrella Morente da la sensación de ser una mujer rotunda, que puede llegar a imponer. ¿Cómo es para su hermana? “Es una gran figura, sí. Pero luego es muy divertida y muy humilde. Es una tía genial, que además de contar con ese don sobrenatural tiene muy buen fondo”.

Según Soleá, Estrella no tiene ni un ramalazo de diva. “Tiene una personalidad fuerte pero es muy sencilla a la vez. La veo por la calle con su chándal, su moño y sus niños, yendo a tomar una cervecita, y pienso lo mucho que mola que sea así”. Soleá está encantada de que su hermana sea así de natural. “No me interesa el divismo”, dice con la mayor de las dulzuras. “Me interesa más el ser humano que la diva, si tiene una gran personalidad, eso es lo que me atrapa”.


“Todos necesitamos ser escuchados. Luego ya, que te acepten o no, es otra cosa”


Sí que admira enormemente a divas que dejaron para la historia un gran legado y pruebas evidentes de tener personalidades inimitables. “La pared de mi dormitorio en Madrid está llena de fotos de Billie Holiday. No se puede tener más glamour y a la vez haber pasado más fatigas en su vida. Su autobiografía Lady Sings The Blues es increíble. Y ella para mí, todo un estandarte”.

No ha podido ver entero todavía el reciente documental que narra la vida de otra de las divas que adora, Amy Winehouse. “Me habría encantado conocerla en persona, me da la sensación de que debía ser hipersensible. El documental me cuesta, me impresiona muchísimo”.


“No he podido terminar de ver el documental de Amy Winehouse, me impresiona muchísimo”


A Soleá Morente le duele en ocasiones lo que canta, pero es un dolor gratificante. Afirma que no concibe cantar sin sentir, “si no es muy difícil transmitir, y el arte tiene que estar lleno de verdad”. Por eso admira a artistas como Niño de Elche. “Me da mucha alegría que exista alguien tan atrevido como él, mola que proteste y que reivindique”.

También incluye en ese grupo de privilegiados a PXXR GVNG. “Es importante que se dé voz a quienes no la tenían hasta ahora, y PXXR GVNG cuentan muy bien lo que pasa en cierto sector de la sociedad. Respetarnos y escucharnos unos a otros contribuye a que todo vaya mejor”. En ocasiones la descolocan, y eso le gusta. “Entonces digo ‘qué cojones tienen’… Todos necesitamos ser escuchados. Luego ya, que te acepten o no, es otra cosa. Pero no hay que callarse”.

EL ÁLBUM TENDRÁ QUE HABER UN CAMINO ESTÁ EDITADO POR EL VOLCÁN/OCTUBRE/SONY MUSIC.

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