22/01/2020

América, madre de Alaska: “Me encanta comprar en Primark”

22 marzo, 2017
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América Jova es la madre de Alaska. Conocer a América es comprender mejor a su hija. Si duda, un fenómeno como Alaska solo podría surgir con una madre como ella. Divertida, curiosa, culta, interesada por todo y extremadamente educada, América acaba de debutar como escritora con Memorias de América, de Cuba a Alaska“Me quedan muchas cosas por contar, de lo que he vivido, de lo que me falta por vivir no, porque ahora estoy muy tranquila: una noche al casino, mis partidas de póker y salir a comprar a los chinos o al Primark. Poca cosa más. Yo no quiero más años, ¡lo que quiero son menos!”.

Quedamos con Alaska y América en el restaurante madrileño Casa Lucio, sede de la peña periodística Cuarto Poder, y donde las entrevistamos. Allí América nos contó cómo era la Alaska más joven y cómo es la de hoy…

SHANGAY ⇒ América, ¿viviste la movida con Alaska?
AMÉRICA JOVA ⇒ No. Tanto como ella, no. Solo la veía.

SHANGAY ⇒ ¿Te gustaba? 
AMÉRICA JOVA ⇒  A mí… no. Me gustaban las cosas que ella hacía, porque se divertía. Pero yo me lo tomaba como un juego de una niña, no como una cosa seria ni como un futuro para ella. Le decía “todo menos dejar el colegio”. Y cuando terminó, le dije “ahora, a trabajar”. Por eso la acostumbré a trabajar tanto.

SHANGAY ⇒ ¿La sigues viendo como una niña?
AMÉRICA JOVA
⇒ Sí , los padres siempre vemos a los hijos como niños…

SHANGAY ⇒ ¿Dejabas que fuera vestida así o tenía que cambiarse en el ascensor?
AMÉRICA JOVA
⇒ A regañadientes… peleándola. Cuando fuimos la primera vez a Londres, iba normal. Pero la segunda, que ya no iba tan ‘normal’, y llevaba ya todos los ganchos puestos… En el hotel yo le decía cuando bajábamos a desayunar “hija, por favor, te pones las cosas en el taxi, aquí te vistes bien”, como madre no me gustaba… [Interviene Alaska: “Recuerdo en ese viaje a Londres que íbamos por Kings Road y nos encontramos con una manifestación  punk y, claro, nos apuntamos. Iban todos punks, ¡y mi madre con un abrigo de visón! La recuerdo agarrada a mi brazo! Nos hacían fotos”.]

SHANGAY ⇒ Una madre tan moderna como tú, ¿se escandalizaba por la vida que llevaba su hija?
AMÉRICA JOVA
 Es que no es lo mismo ser moderno que ser madre. Ser madre es muy difícil. 

SHANGAY ⇒ ¿La controlabas mucho? 
AMÉRICA JOVA ⇒ Lo que podía, pero ella hacía lo que quería al final.

SHANGAY ⇒ ¿Y la castigabas o regañabas?
AMÉRICA JOVA
⇒ Bueno, como no contestaba, no había pleito…

SHANGAY ⇒ Mario siempre te encantó. ¿Te pareció siempre el marido ideal para tu hija?
AMÉRICA JOVA
 Sí. Siempre me gustó. Y de momento… Como persona me encantaba, y me encanta.

SHANGAY ⇒ En el libro cuentas que, cuando llegasteis a España, Olvido lo pasó mal en el colegio porque era y hablaba distinto al resto de los niños; tú le dijiste “aquí no hemos venido a sufrir”…
AMÉRICA JOVA
⇒ Yo dije que nos íbamos de España, que nos volvíamos a México. Quien quiso venir fue su padre, y a mí no me gustaba verla venir llorando del colegio, porque hablaba como mexicana y era menos espabilada que los niños de aquí. Mira, yo nunca he sido una madre que haya sabido explicar las cosas, ella aprendió sola.

Alaska y el sexo, su madre nos lo cuenta… Pasa página


Alaska y su madre en Casa Lucio, donde se reunieron con la peña periodística Cuarto Poder.

SHANGAY ⇒ ¿Ni siquiera los temas de sexo?
AMÉRICA JOVA
⇒ Nada. Ella ,cuando llegó aquí, pensaba que existía Santa Claus, que había un ratoncito que se llevaba el diente y que los niños venían con la cigüeña. Tenía diez años y estaba grandísima, [entra de nuevo Alaska en la conversación con una gran carcajada: “¡Estaba como estoy ahora! Yo dejé de crecer ahí, tenía la misma estatura que ahora] y llegó a casa diciendo que los niños se reían de ella porque pensaba que los niños los traía la cigüeña y le decían que no, que salían de la barriga de la madre. Yo le contesté: “Sí, es verdad, te enteraste ya… Ya estás al día, se acabó”.

SHANGAY ⇒ Tu única hija, y tan transgresora… ¿Te hacía caso?
AMÉRICA JOVA
⇒ Ella me escuchaba, o eso pienso, pero luego hacía lo que le daba la gana.

SHANGAY ⇒ ¿Pero te daba quebraderos de cabeza?
AMÉRICA JOVA
 Nunca en la vida.

SHANGAY ⇒ ¿Cuando se estrenó Pepi, Luci y Bom, qué te pareció?
AMÉRICA JOVA
⇒ A mí me pareció muy graciosa, pero mis amigas estaban escandalizadas. Las mujeres de los socios de mi marido la veían como porno.

SHANGAY ⇒ ¿Imaginabas que llegaría a ser lo que es? 
AMÉRICA JOVA ⇒ No, en el primer momento no. Ella era muy corta [vuelve a interrumpir Alaska: “Traduzco para evitar malentendidos: ‘corta’ en Cuba es tímida”], todo le daba pena [“Y ‘pena’ es vergüenza! He tenido que corregirle ciertas cosas en el libro porque si no parecía que decía otra cosa”, ríe y aclara de nuevo Alaska].

SHANGAY ⇒ En tu libro hablas de tus dos maridos, pero, ¿en España has tenido algún amor? 
AMÉRICA JOVA  Uno no, varios, pero están tan viejos ya… En la actualidad no hay ninguno. No me apetece ya, ¡qué horror! Los hombres siempre me han influido para bien, creo que me han amado más de lo que yo he amado, que no he amado mucho: yo lo he pasado bien, nada más. He cogido lo que me ha gustado. Mal de amores tuve cuando era jovencita y lloraba mucho. Y como estaba entonces gordita, mi madre me dijo: “¿Quién ha visto una gorda llorando? ¡Las gordas no lloran!” [Interviene Alaska otra vez: “Mi madre siempre dice que a las personas hay que dejarlas cuando ya no te hace sufrir el dejarlas, antes no. Sufrir por ello no merece la pena”.]

SHANGAY ⇒ ¿Has sido infiel alguna vez?
AMÉRICA JOVA
⇒ [gran carcajada] Pero bueno, ¿quién no ha sido infiel? Que tire la primera piedra. Afortunadamente…

SHANGAY ⇒ ¿Le has dicho alguna vez que tenga un bebé porque quieres ser abuela?
AMÉRICA JOVA
 No, nunca. Es que no quiero ser abuela. Me gustan los niños, mucho, pero para los demás.  Aunque yo hubiera tenido más, todos los que hubieran venido, con marido o sin marido. A la vida nunca le tuve miedo, hay mujeres que tienen que depender del marido. Pero nietos, no.

SHANGAY ⇒ ¿Tienes algún vicio inconfesable?
AMÉRICA JOVA
⇒ No tengo ni he tenido vicios. Porque acostarte con un hombre no es un vicio. Me han gustado mucho las joyas, pero ya tampoco. Eso sí, me gusta mucho la ropa, vestirme, me gusta gasta gastar dinero: el dinero se hizo para gastarlo. Conozco a millonarias que viven peor que yo. Y yo ya no tengo nada, lo que mi hija me da. Pero compro en el mercadillo, en el Primark, en los chinos… Hay amigas mías que se avergüenzan de ir a los chinos.

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