20/06/2019

Alaska y el WorldPride de Madrid: “Chueca es algo único en el mundo”

21 junio, 2017
Léetelo en 10 minutos

Alaska forma parte del Orgullo y de la historia de Chueca. Con motivo del WorldPride Madrid 2017, la hemos entrevistado para que nos cuente en primera persona cómo ve la evolución de barrio, y nos cuente también cómo recuerda aquellos primeros Orgullos, cuando ella era el único personaje conocido que se subía en una carroza, que no era otra que la nuestra, la de Shangay. Con Alaska iniciamos una serie de entrevistas a personajes que forman parte de la historia del barrio gay de Madrid, uno de los más importantes del mundo. 

Pero también hemos hablado con ella del momento en que vivimos, en el que las redes sociales se han convertido en terreno abonado para que el insulto y la descalificación campen a sus anchas, algo que Alaska ha vivido en primera persona. Ella no tiene pelos en la lengua y responde contundente: “Todos queremos la tolerancia a base de imponer nuestra propia dictadura, pero esto no es así. Y el anonimato que permiten las redes sociales además amplifica las posibilidades de ser agresivo”.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas aquel Chueca de finales de los ochenta?
ALASKA
⇒ Pues era todavía un Chueca más de noche, es decir, salvo el berkanismo [se refiere a la librería Berkana, pionera en el Chueca como foco cultural LGTB, al margen del ocio] y poco más. Ya no era aquel erial de yonquis de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando la salida del metro era un sitio ‘peligrosón’. Lo que pasa es que siempre habían existido esos baluartes, como el Black & White (del que ya tengo que hablar en pasado), que mantenían una cierta vida distinta a lo que era ese barrio degradado. Todavía no era la gentrificación, ni teníamos un Chueca bonito ni todo el mundo paseaba por la mañana, pero ya era un reducto. Por ejemplo, donde primero se puso house en Madrid, fue en Black & White, en el año 87, imagínate… Y cuando todavía las discotecas ‘heteras’ estaban muy perdidas, en Chueca se estaba poniendo house.

SHANGAY ⇒ Eres una mujer de centro, urbana, de las que ‘queman’ el asfalto. ¿Te has ‘quemado’ mucho Chueca?
ALASKA
 ⇒ Sí, porque además siempre me ha gustado que Chueca ha tenido la ventaja de que no se perdió el barrio, y esto no creo que sean cosas que se hagan ni queriendo ni pensando: son cosas que ocurren. No se perdió el mercado, no se perdió la señora, pero se adquirió también otra calidad de comercio, otro tipo de visitante, de café… Y todo convivía. Eso siempre me parecerá el modelo perfecto.

SHANGAY ⇒ ¿Cuáles son tus sitios míticos del barrio? De los nuevos, ¿nos desvelas tus secretos?
ALASKA
 ⇒  No puedo desvelar secretos de los nuevos, porque el nuevo Chueca no es un sitio al que yo haya ido. Cuando vuelvo a Chueca siempre lo hago a los clásicos, supongo que es una cuestión de edad [risas]. Para mí, Chueca es sobre todo el Black & White, porque más allá del mundo de la primera planta, el mundo de los ‘chicos’ y el de los encuentros, el sótano del Black & White, con los distintos disc jockeys que pasaron por ahí, era un lugar cuando, a mediados de los ochenta, cuando no era nada ‘total’ poner a ABBA ni a Village People, porque era música teóricamente pasada de moda, allí se seguía poniendo. E insisto en que el house también empezó allí… Así que siempre tendré mi corazón con el Black & White.


“Para mí Chueca es, sobre todo, el Black & White, del que ya tengo que hablar en pasado, el primer sitio de Madrid en el que se pinchó house. El día más triste que he vivido en el barrio fue el cierre del Hotel Mónaco”


SHANGAY ⇒ ¿Cuál es la historia más bonita que te ha pasado en el barrio?
ALASKA ⇒ A ver, no sé… tendría que pensar. Pues no hay una. La propia posibilidad de tener un barrio, de pasearlo, de vivirlo, convivir con los vecinos y la gente que está de paso, ya me parece una historia lo suficientemente bonita. No ocurre en ningún otro país del mundo. De verdad que no valoramos lo que tenemos. Vas a Londres, a Old Compton Street, y es una calle con unos bares, y una tienda de látex; tienes el [bar] Old Compton, tienes el musical [en el teatro Prince Edwards, que está en esa calle], pero eso no es vida de barrio. Vale, muy bien, pero nada más. Insisto, no valoramos lo que tenemos. Chueca ha sido un ejemplo muy extraño. Nueva York, con Cristopher Street, tampoco tiene una vida de barrio, bueno, Estados Unidos tampoco se puede decir que sea un país de barrio… Pero lo que ha habido en Chueca es único en el mundo.

SHANGAY ⇒ Tus dos míticos locales, Morocco y Stella, no estaban en el barrio, pero de alguna manera llevaron ese espíritu al off Chueca. ¿Por qué no los montaste en la zona?
ALASKA
 ⇒ Creo mucho en el off… Y supongo que los locales que tuve eran marginales a Chueca, uno por un lado hacia Malasaña, y otro hacia Sol. ¿Sabes por qué? Pues porque a mí lo que me gustaba era ocupar lugares que ya existían y los de Chueca ya estaban el funcionamiento, no había ninguno que estuviera cerrado y que yo pudiera ocupar. Bueno, sí quise ‘okupar’ el Hotel Mónaco, es una de mis espinitas… ¡Pero si no había que hacer nada! Solo mantenerlo tal y como estaba. Para mí, cuando lo cerraron fue uno de los días más tristes de la historia de Chueca.

Para recordar con Alaska sus orígenes en las carrozas del Orgullo, pasa página

SHANGAY ⇒ Hablando del Orgullo y del WorldPride, fuiste la primera persona conocida que se subió a una carroza, la de Shangay. Cómo han cambiado las cosas, ¿no?
ALASKA 
⇒ Hablando con vosotros, me decís que es el año 97 mi primera carroza. El año anterior también estuve en la mani. Y creo que en 95, porque recuerdo ir con una compañera de la UNED, donde estudiaba yo entonces. ¿Cuántos éramos en Sol? ¿Quinientos, mil? Al año siguiente, mil cien. De repente… ¿un millón? Eso fue así, casi de un día para otro. Y es bueno. Y digo sobre nuestra manifestación algo muy parecido a lo que he dicho con Chueca. Vas a la de Londres o a la de París y, bueno, pues la gente más o menos ve desfilar carrozas. Pero es que en Madrid se anda con las carrozas, y también se espera a las carrozas. Pero la gente que espera a las carrozas son matrimonios con niños, pequeñas gays que llegan del pueblo y están fascinadas con lo que están descubriendo, señoras que están paseando al perro… Y vuelvo a decir que eso es una cosa que solo se ha conseguido en Madrid.


“Claro que hay muchas cosas que faltan por conseguir, y tiene que ver con los niños, con la transexualidad, con la libertad de cada uno… Y si no se dicen, es como si no existiera. Además, las leyes igual que están se pueden derogar, un cambio de Gobierno, una vuelta de tuerca”


SHANGAY ⇒¿Recuerdas el ‘trono’ en el que te sentabas año tras año en nuestra carroza?

ALASKA ⇒ Era un trono muy aparatoso ese en el que me sentabais. Y el primer año, si no me equivoco, llevaba un vestido con la bandera. El segundo me puse un sari, como solo tenía que estar sentada… [risas] Era más de andar por casa todo. De hecho, con el paso de los años, de las carrozas y de las multitudes, se me ha hecho un poco difícil estar en la manifestación si no estoy parapetada sobre una carroza, no me sería posible participar, no puedo pretender lo que no es. Era un ambiente casi familiar y creo que muy acogedor. Este año, el sábado estoy tocando fuera.

SHANGAY ⇒ El WorldPride coloca a Madrid como capital mundial LGTB. ¿Cómo ves este salto?
ALASKA 
⇒ Es un salto cualitativo estar como sede del WorldPride. Pero creo que es justo. En España han sido muy rápidos los últimos años en cuanto a conseguir leyes, garantías. Eso en el lado de lo legal, porque yo siempre digo que una cosa es la ley y otra la educación. Pero cuando tienes la ley de tu mano, es muchíiiiiiisimo más fácil imponer la educación: a ti te pueden decir maricón por la calle, pero ahora el que puedes ir a denunciar eres tú, antes ibas a denunciar y te metían en el calabozo. Claro que es un reconocimiento que se le dé a Madrid la entidad de WorldPride.


“Aquí hay un problema de dictadura: todos queremos la tolerancia a base de querer imponer nuestra propia dictadura. Y esto no es así. Y el anonimato que permiten las redes sociales además amplifica las posibilidades de ser agresivo, inconsecuente y creo que, incluso, de ser delictivo”


 SHANGAY ⇒ ¿Está todo conseguido o hay que seguir peleando por ello?

ALASKA ⇒ Me paso el día haciendo entrevistas y muchas de ellas con gente que, posiblemente, no sepa lo que son las siglas LGTB. Me resulta bastante común que me digan el típico “pero si lo habéis ya conseguido todo, ¿qué más queréis?”. Es una pregunta recurrente. Para empezar, conseguir las leyes no significa que estas tengan luego una respuesta en la sociedad, que es lo que digo que forma parte de le educación. Y segundo: ¡cuidado! Las leyes pueden ser de ida y vuelta. Hay que tener muchísimo cuidado con eso. Igual que se conceden, las leyes se derogan. Puede haber una vuelta de tuerca en un Gobierno, una situación internacional desfavorable y, de repente, nos encontramos con que lo que tenemos dejamos de tenerlo. En España hubo divorcio a finales del siglo XIX, y dejó de haberlo durante casi un siglo. Cuidado con las cosas que hacemos. Y no es una cuestión de ‘conseguir’,  sino de ‘manifestar’ y de ‘estar’, de no estar escondido. Y claro que hay muchas cosas que faltan por conseguir, y tienen que ver con los niños, con la transexualidad, con la libertad de cada uno… Y si no se dicen, es como si no existieran.

 

¿Qué opina Alaska de los haters que la atacan en las redes? Pasa página

SHANGAY ⇒ Hablas de educación, y en estos momentos, bajo el anonimato de las redes sociales, tú misma has sido atacada e insultada en un intento de desprestigiarte por si trabajas en tal o cual medio. Y la gente que te ataca igual no sabe que toda la vida, desde los años ochenta, has sido colaboradora y has escritos en medios como el Abc, haciendo Gente del sábado y defendiendo desde esas plataformas tu modo de pensar. Que no es algo que hayas empezado a hacer ahora y antes no te criticaban por ello…
ALASKA ⇒ Efectivamente… [risas] Pero aquí hay un problema, bueno, a ver [se lo piensa antes de decirlo], de dictadura: todos queremos la tolerancia a base de imponer nuestra propia dictadura. Y esto no es así. Y el anonimato que permiten las redes sociales además amplifica las posibilidades de ser agresivo, inconsecuente y creo que, incluso, de ser delictivo. Tendría bastante poca mano con esa falsa libertad de expresión en las redes sociales. Sigo borrando cada día comentarios donde llaman ‘travelo’ a mis amigas. ¡Cada día! A veces es verdad que te ofende más lo de los demás y borro de lo de ‘travelo’ pero no me dedico a borrar en otros perfiles –en el mío sí borro todo porque, mal rollo, ¡no!– donde te pueden juzgar por declaraciones que haces, por otras que no haces, por titulares donde trabajas… Pero ahí ya estamos hablando de falta de cultura azuzada, además, casi como un derecho. Y eso es muy peligroso. Y es el momento que vivimos.

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Shangay

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