28/05/2020

Luca Guadagnino: “No llevo bien que se me tache de cineasta recatado, porque no lo soy”

24 enero, 2018

Mucho se ha escrito de Call Me By Your Name. Y ya sabemos que en ocasiones incluso el hype mejor orquestado acaba por tener consecuencias adversas. En este caso, la expectación que ha provocado la nueva película de Luca Guadagnino ha sido casi exclusivamente por las maravillas que se han escrito de ella, y por la emocionada reacción de quienes la han visto –cuando menos, de un 99%–. Este romántico (melo)drama, basado en la novela de André Aciman y con guion de James Ivory –no en vano, el espíritu de su Maurice flota en el aire–, cuenta cómo el joven Elio (prodigioso Thimotée Chalamet) se enamora desesperadamente de Oliver (Armie Hammer), bastante mayor que él, que llega a pasar el verano de 1983 con su familia, en algún lugar idílico de Italia sin determinar, para trabajar en su doctorado y ayudar al padre de Elio, experto en cultura grecorromana (espléndido Michael Stuhlbarg, cuyo monólogo final pone los pelos de punta, y debería haberte reportado una nominación al Oscar, que finalmente no llegó).

Guadagnino retrata con maestría el deseo sexual de Elio, un adolescente nada prototípico, con unas inquietudes culturales muy avanzadas, que guarda en secreto sus impulsos hasta que por fin tiene la seguridad de que van a ser correspondidos. El director italiano, abiertamente gay, he declarado que, aunque vivió circunstancias similares en su adolescencia a las de Elio, la principal diferencia con él es que enseguida puso sobre la mesa sus sentimientos y se atrevió a hablar de ellos. En su sensorial película, las pulsiones sexuales son siempre sugeridas. En Call Me By Your Name, cada pequeño elemento, cada detalle, contribuye a reforzar la tensión evidente entre sus dos protagonistas. No siempre es posible descubrir qué libro lee Elio, aunque hay que intentarlo; albaricoques y melocotones inundan de sensualidad la película; dos pies que se rozan pueden resultar más explícitos que esos miembros que no se ven; unos simples bañadores mojados en la bañera dan a entender mucho sobre su descontrolado deseo; dos manos que se acarician furtivamente, también… Al preguntar a Guadagnino –que nos atiende telefónicamente desde Los Ángeles, inmerso en plena campaña de los Oscars– si era su intención que cada pequeño detalle fuese, efectivamente, fuente no solo de información sino también un refuerzo emocional o sensual, su respuesta es: “Permíteme que le dé la vuelta a la pregunta… ¿A ti te provocó esa sensación todo lo que fuiste viendo? Entonces ya tienes tu respuesta”.


“Para esta película me interesaban más el erotismo y la sensualidad que el sexo explícito”


Se nota incluso a través del teléfono que Luca Guadagnino, de 46 años, es una persona con carácter. El director de Melissa P. (2005) o Yo soy el amor (2010) no parece haberse deslumbrado con los elogios y el interés superlativo que ha despertado su última película, aunque no niega, ni mucho menos, estar encantado con que esta historia que habla del despertar del amor, de los vínculos familiares y del traspaso de conocimiento de unas generaciones a otras esté siendo recibida con tantos elogios. “Te mentiría si dijese lo contrario. Mi principal interés como cineasta es esforzarme por ofrecer trabajos que sean buenos y tengan calidad. El impacto a nivel mundial de Call Me By Your Name es tan fuerte, la generosidad con el que público la está recibiendo y el amor que está demostrando la crítica por ella es tan increíble que solo puedo decir que me siento muy feliz y abrumado”.

En su película, que literalmente nos traslada a unos idílicos 80, a un paraje de ensueño de la Italia más bucólica, Guadagnino apuesta por la sensualidad para contar esta historia de atracción gay en la que se sugiere más que se muestra. “Podía haber tomado dos caminos distintos al contar esta historia en que la sexualidad es clave: uno, centrarme en el disfrute, o dos, en el deseo. Si hubiera optado por el primero, tendría que haber contextualizado los actos sexuales en un espacio y unos cuerpos concretos. Lo cual habría podido llegar a ser tildado de pornográfico”, explica. “Al apostar por representar el deseo, lo que tuve que hacer fue analizar los paisajes emocionales que se desarrollan en el interior de los personajes, para explicar al espectador por qué se lanzan como lo hacen al deseo. Lo cual te lleva al mundo del erotismo y la sensualidad, que me interesa mucho más que la pornografía y el retrato del disfrute explícito”.

Inevitable resulta preguntarle por la principal polémica que ha generado la película desde su estreno, especialmente en voces críticas pertenecientes a la comunidad LGTB. En una película en que no se utilizan las palabras ‘gay’ y ‘homosexual’ en ningún momento, y en la que el primer beso no llega hasta entrada la segunda hora de metraje, no han sido pocos los que han reprochado a Guadagnino que no haya desnudos frontales ni momentos de sexo más directo. Es algo que le irrita profundamente, y no lo oculta. “No entiendo esa historia”, afirma en tono grave. “Es algo que no tiene nada que ver con el universo que muestro en la película. Responde a ideas preconcebidas de personas que no han tenido nada que ver en su creación. Parece que si cuentas una historia de dos hombres que se aman, inevitablemente esta tiene que terminar con una escena de sexo en la que se muestren desnudos frontales”. Llegados a este punto, hace uso de su ironía. “Me parece un cliché tan absurdo y random como pensar que si tienes sed, tienes que beber Coca-Cola para que se te quite. ¿Por qué no agua o zumos? Cada cual debe hacer su propia elección. ¿Para representar una relación sexual entre dos hombres es obligatorio mostrar sus desnudos frontales? No, ese es un estereotipo estúpido”. Cuando ya le estoy formulando otra pregunta, me interrumpe. “Tengo 46 años, y llevo dedicándome a mi oficio desde los 22. Mis primeros cortometrajes eran muy explícitos, siempre he rodado desnudos y secuencias de sexo. Por eso no llevo bien que se me tache de recatado, porque no lo soy. Es un tema que considero irrelevante, y estoy harto de que salga continuamente en las entrevistas que hago”.


“El impacto a nivel mundial de Call Me By Your Name es tan fuerte que solo puedo decir que me siento muy feliz y abrumado”


Es tanto lo que tiene que ofrecer en su película que, efectivamente, sorprende que sea una cuestión que ha dado tanto de sí. No sorprende en absoluto que Thimotée Chalamet –nominado al Oscar al mejor actor– haya sido unánimente considerado la gran revelación de Call Me By Your Name, porque sin su gran trabajo no se entendería la fascinación que despierta el filme. La suya es una interpretación de una madurez y una riqueza extraordinaria, sin duda otro mérito de Guadagnino. “Es mi trabajo”, afirma sin atisbo de falsa modestia. “Concibo cómo quiero mostrar personajes en la pantalla y dirijo actores para conseguirlo. Hice todo lo posible para crear una atmósfera en la que todo el equipo, incluidos los actores, se sintieran lo más inspirados posible para expresarse. Y a la vez, les modulaba para obtener lo que buscaba”. De su pareja protagonista le gustaría destacar un detalle que realmente le sorprendió. “Tanto Thimotée como Armie tienen unas cualidades emocionales que les hacen ser personas muy hermosas, se han convertido en grandes amigos”.

En 2017, Moonlight se convirtió en el gran referente de película con personajes LGTB capaz de cautivar a un público más amplio de lo imaginado. Pero no ha sido la única destacada, porque el pasado fue un gran año, gracias a, entre otras, Tierra de Dios, Una mujer fantástica –nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, representando a Chile– o La herida. No quiere dar mayor importancia el director italiano a que la suya se esté convirtiendo en la primera gran película gay de 2018. “En las últimas décadas ha habido películas de gran éxito que han contado relaciones homosexuales, desde Maurice de James Ivory [guionista de su película, también nominado al Oscar] a Brokeback Mountain. Debo reconocer que estoy un poco chapado a la antigua y no estoy muy al tanto del cine actual. Aunque diré que Moonlight me parece una película muy hermosa”.


LA PELÍCULA CALL ME BY YOUR NAME SE ESTRENA EL 26 DE ENERO EN CINES.

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