15/12/2018

Boris Izaguirre, tras desvelar que fue violado a los trece años: “Decidí hacerme fuerte”

28 marzo, 2018
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(Fotos de Boris: Carlos Ruiz B.K.)

El escritor venezolano acaba de publicar Tiempo de tormentas, una novela en la que sincera y devela cosas tan duras como que sufrió una violación a los trece años. Pero Boris Izaguirre, fiel a su estilo, lo cuenta de una manera completamente alejada del drama. Aunque no por ello esconde lo que sufrió: “Fue horrible para mí en ese momento. Y cuando conseguí volver a mi casa, pues me di cuenta de que también iba a ser horrible para mis padres… Y mi madre inmediatamente inició pues como una especie de curso de acción en el que ella tenía el control de lo que estaba haciendo, sobre todo para rescatarme. Y eso está contado con la misma verdad”, nos dice. 


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Charlamos con Boris Izaguirre sobre este tema y otros muchos, pues en este libro se desnuda, pero no como lo hacía en el polémico Crónicas marcianas, sino emocionalmente. Hablamos de todo. Por hablar, hasta de Isabel Preysler, a la que considera una mujer que hecho mucho por los derechos LGTB en este país. Sí, sí, tal cual. 

SHANGAY ⇒  Es un libro muy personal, te desnudas. Es algo muy íntimo. ¿Este paso te dio miedo?
BORIS IZAGUIRRE ⇒ No, porque yo quería hacer una buena novela. Y la verdad es que tras mucho intentos, me pareció que la mejor era contar esa relación tan extraordinaria y tan longeva entre mi mamá [le sale el acento venezolano aún más fuerte] y yo, que ha sido mi relación como ‘más columna [vertebral]’. Sobre todo porque siempre pensé que, a pesar de que hemos avanzado muchísimo en la conquista por la tolerancia y tener una sociedad un poco más equilibrada, menos discriminatoria, con más respeto, todavía sigue siendo un tema complicado para una madre y para un hijo homosexual. Establecer cómo va a ser su relación, cómo va a ser su vida. Y me da la sensación de que este tipo de relaciones no las he visto escritas. Me pasa lo mismo con las historias de amor que leía en mi adolescencia: nunca tuve a mano una que fuera como mi amor, eran de otro amor, pero no como el mío. Y me pareció que en ese hueco quizás había un espacio para esta historia que yo quería contar. Como realmente fue tan única esa relación entre mi madre y yo, tenía que utilizar nuestros nombres, no podía inventarme unos personajes, porque entonces no lo estaría contando como tenía que contarlo.

SHANGAY ⇒ Un libro tan íntimo, en el que dices cosas tan duras como que te violaron a los trece años. Y eres capaz de contarlo sin drama, pero sin quitarle ese dramatismo que indudablemente tiene…
BORIS IZAGUIRRE ⇒ Claro. Es que fue así, tal cual. Yo nunca tuve el drama de que mi familia se opusiera, algo que sí le ha pasado a muchísima gente. A mí eso no me pasó. Pero sí que me ocurrió que, pese a que mi familia hizo un universo, llámalo de protección (aunque en realidad era el de ellos mismos: nunca quisieron ser distintos de cómo eran, por lo que en realidad nunca quisieron que sus hijos tuvieran que esconderse, humillarse, doblegarse), estaba la puerta esa de la calle. Y cada vez que cruzaba esa puerta, fuera era todo muy diferente, completamente distinto. A la salida de la calle estaba toda la calle, toda la avenida, toda la autopista repleta de gente que no estaba de acuerdo con nosotros. Por eso yo pienso que aunque había un gran drama, lo cuento desde la óptica de mi casa, donde sí se veía ese drama, pero se respondía a él pues con humor. Para nosotros siempre ha sido la mejor forma de inteligencia, la ironía. Es cierto que la novela es como una montaña rusa, por lo que en ese sentido me parece que es como más real, más verdadera aún; está contado tal cual se vivió. Y en cosas, por ejemplo, como lo de la violación, fue horrible para mí en ese momento. Y cuando conseguí volver a mi casa, pues me di cuenta de que también iba a ser horrible para mis padres. Y mi mamá inmediatamente inició como una especie de ‘curso de acción’ en el que ella tenía el control de lo que estaba haciendo, sobre todo para rescatarme. Y eso está contado con la misma verdad. Es decir: fue horrible, fue violento, pero también fue constatar que esa violencia que estaba siempre amenazante tras la puerta, pues la rompió y entró. Y eso sirvió para hacernos más fuertes, que fue en lo que insistió mi madre…, que no me dejara vencer por todo lo que implicaba un hecho como ese.

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SHANGAY ⇒ Muchas veces insistes en que le das a todo una pátina de frivolidad. Yo lo veo más como ironía o humor, porque no es lo mismo…
BORIS IZAGUIRRE ⇒  Cierto… el castellano es lo que tiene. Es probable que la frivolidad sea una cosa banal, como etérea, pero uno puede convertirla en algo importante. Y lo primero para poder hacer eso, es asumirla, descubrir que es una herramienta. Para mí lo ha sido. En ese momento de inmenso dolor me di cuenta de que tenía que escoger entre recuperarme y reforzarme, es decir, instintivamente hacerme más fuerte, o dejarme llevar por ese dolor y entregarme a que me acompañara toda la vida y me la jodiera. Escogí reforzarme, y mi refuerzo fue la ironía. Y si quieres, para que fuera todavía más encubierta y protectora, la frivolidad. Fue entender que para mí la frivolidad iba a ser una lupa, una retina dentro de la retina. Una mirada, y que desde esa mirada yo iba a poder alcanzar muchísimas más cosas que si la evitaba, que si no la abrazaba. Hace poco me decían “es que es inconcebible que la persona que representas haya pasado por tanto dolor…”. Pues es eso: precisamente tanto dolor y tanto enfrentamiento fue lo que me hizo decidir que mi persona y mi mensaje es desde otro sitio, desde otro punto de vista.

SHANGAY ⇒ Cambiando completamente de tema, ¿eres el nuevo Vargas Llosa, pues pasas de estar con Isabel Preysler a escribir en El País? Y sin anestesia, cuando parecen dos mundos contradictorios…
BORIS IZAGUIRRE ⇒ Para mí Isabel es muy importante. Yo creo que es una de las personas más importantes de mi vida. Terenci [Moix] me la presentó, y ella me presentó a Mario. Un ciclo fantástico. Me parece que los dos juntos representan un desafío extraordinario. Son dos personas que han tenido que vencer obstáculos y esperar a un momento idóneo, con mucho mar de fondo, y con mucha tristeza también. Desde luego que todos extrañamos muchísimo a Boyer, que fue un hombre estupendo, un gran amor. Ellos están viviendo ese amor ahora, cuando por fin lo pueden vivir. Isabel me ha dado una lección increíble de tolerancia, entre otras muchas. Y no solo me parece que me las haya dado a mí, sino a toda España. A Rubén y a mí siempre nos ha invitado como lo que somos: un matrimonio. Y siempre nos ha tratado así. De hecho, cuando Vargas Llosa cumplió 80 años, en aquel evento tan impresionante, con la Academia y todo lo que significó, se acercó a nosotros y nos incorporó a una de las fotos con Mario. Y eso me pareció un gesto increíble, de verdadera integración. Es una de las cosas que ella, a su manera discreta, sin hablar, sin verbalizarlo mucho, porque Isabel es como una imagen, ha hecho extraordinariamente bien. Ha luchado mucho por integrar cosas a esta sociedad, sus matrimonios, su familia que se agranda con sus matrimonios… Ha sido increíble.

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Shangay

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