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Stonewall, la redada policial que provocó la revolución LGTB

4 junio, 2018
Léetelo en 4 minutos

1:20 de la madrugada del sábado 28 de junio de 1969, Cristopher Street, Nueva York.

Fachada del Stonewall Inn

Este fue el momento y el lugar donde todo comenzó, donde la comunidad LGTB dijo basta a la persecución en la que estaba sumida. Pero, ¿qué fue lo que ocurrió y cómo se llegó a esa situación?

Durante la década de los años 50, la comunidad gay fue duramente perseguida por las autoridades estadounidenses. En 1950, el Departamento de Estado de EE UU incluyó a los homosexuales en la lista de personas consideradas un riesgo para la seguridad. El FBI y los departamentos de policía empezaron a elaborar fichas de homosexuales conocidos: registraban locales y viviendas, y también realizaban arrestos.

El Stonewall Inn era un bar ubicado en la calle Cristopher de Nueva York. Un local clandestino en el que hombres gays, drags, transexuales, mujeres transgénero y lesbianas podían reunirse y bailar, algo completamente prohibido en esa época.

La policía realizaba redadas periódicas, revisaban la documentación de los clientes y los que carecían de identificación o estaban travestidos eran inmediatamente arrestados. Las mujeres transgénero debían portar con ellas al menos tres prendas de ropa masculina para no ser detenidas.

Además, las personas a las que arrestaban eran expuestas y humilladas públicamente en los medios de comunicación, por lo que no solo tenía repercusión para ellos mismos sino también para sus familias. El clima de miedo, hostilidad y abusos policiales no dejó de crecer hasta aquel 28 de junio de 1969.

A la 1:20 de la madrugada, cuatro policías irrumpieron junto a dos oficiales en el local. Pero la redada no fue como de costumbre. Aquella noche, los travestis que debían acompañar a los agentes a los aseos para verificar su sexo se negaron a hacerlo, lo que provocó que el ambiente comenzara a tensarse.

Disturbios de Stonewall

Por lo general, aquellos que no eran detenidos, salían del local y se alejaban lo mas rápidamente posible. Pero no sucedió aquella noche. A los pocos minutos, un grupo de unas 150 personas se había congregado en las puertas del local y comenzaron a entonar cánticos y muestras de apoyo a sus compañeros retenidos que aún se encontraban en el interior.

En un momento dado, un policía empujó a una transexual y esta le respondió dándole un golpe en la cabeza con el bolso, lo que provocó el júbilo de los presentes, que comenzaron a arrojar monedas, botellas y cualquier objeto que tuviesen a su alcance.

Pero la situación se descontroló cuando una mujer salió esposada del local y comenzó a rebelarse contra los cuatro policías que la escoltaban y se giró para gritar: “¿Por qué no hacen algo?“. Cuando un agente logró detenerla y la subió al coche, la gente comenzó a alborotarse y se hizo el caos: acababa de comenzar una revolución que no podrían parar.

Cuanto más trataba la policía de controlar a los manifestantes, más se les iba el asunto de las manos. No paraba de llegar gente de todas partes y el grupo se había multiplicado por diez en cuestión de minutos.

Un grupo de transexuales liderado por Marsha P. Johnson comenzó a arrojar proyectiles contra la policía. Una lluvia de ladrillos, piedras, botellas y contenedores cayó sobre los agentes, que no tuvieron más remedio que retroceder y salir como pudieron del lugar.

Marsha P. Johnson

Sylvia Rivera es una mujer transexual que estuvo dentro del Stonewall y recordó: “Nos habéis tratado como mierda todos estos años, ¿no? ¡Ahora nos toca a nosotros!… Fue uno de los momentos más grandes de mi vida”.

El hartazgo hacia la persecución social y estatal, las continuas humillaciones y abusos que durante décadas habían sufrido, provocaron que aquella noche, aquella redada policial, no fuese una más y se convirtiera en la famosa gota que colma el vaso.

Ellas y ellos son el motivo por el que cada año celebramos, a finales de junio, el día del Orgullo gay. Esas personas, que aquella noche dijeron basta, son las ‘culpables’ de que hoy, en 2018, podamos ser más libres y tengamos cada vez más derechos. Por ello, no nos queda más que agradecerles su valentía y coraje y salir a mostrar al mundo cada 28 de junio que existimos, que estamos juntos y que, como hicieron ellos, no vamos a parar hasta que no alcancemos todas nuestras metas.

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