19/11/2018

¿Informar solo sobre los altercados del Orgullo fomenta la enfermiza asociación LGTBI-vicio?

11 julio, 2018
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“Balance del Orgullo Gay: veinte detenidos, nueve reyertas y 300 atendidos por el Samur”. Así titula el periódico Abc un artículo ¿alertando? sobre los altercados vividos durante el Orgullo LGTBI de Madrid. Sin mencionar que, pese a que más de un millón de personas se reunieron en la capital durante esta semana, son cifras ridículas teniendo en cuenta la magnitud y los logros del evento. Logros que tampoco resalta.

Con este titular, que puede rozar lo provocativo, tan solo han dejado patente una imagen de desacuerdo con la reivindicación. Una imagen que puede dejar en el lector la impresión de violenta, incívica o poco respetuosa, cuando justamente se busca y se celebra para promover valores opuestos como el respeto, el amor y la diversidad.

En cualquier evento tan multitudinario como el Orgullo de Madrid, el alcohol es un elemento ‘clave’ para su desarrollo por la relación ancestral y cultural de alcohol y diversión/celebración. Como también ocurre en la Fallas, los Carnavales, los Sanfermines, en Fin de Año, etc. Que un buen número de personas sobrepasen los límites razonables de consumo de alcohol no debería sorprender a nadie. Es algo que sucede en cualquier boda, despedida de solterx, cena de Navidad, partido de fútbol o en las celebraciones por un ascenso en el trabajo.

Como decimos, estos altercados se repiten en todos y cada uno de los eventos y festividades organizadas en cualquier rincón de nuestra geografía, sin tener en cuenta si es por x o y motivo. La Semana Santa, evento eminentemente religioso que cada vez se centra más en la diversión y menos en la tradición, ha sufrido desde siempre altercados de todo tipo. El año pasado, en la famosa Madrugá de Sevilla se produjeron avalanchas que acabaron con un centenar de heridos y ocho detenidos. Por ello, este año plantearon medidas como el cierre anticipado de bares para evitar el consumo excesivo de alcohol. Por no mencionar los accidentes de tráfico habituales en este tipo de celebraciones.

Hace unos días, con el comienzo de San Fermín, volaron puñetazos en Pamplona por una confrontación de ideas políticas, donde las peleas son más que tendencia. Además, en 2017 se pusieron casi 1.700 denuncias, de las cuales un gran porcentaje se debieron a hurtos. También se recogieron 14 denuncias por agresiones y abusos sexuales. Junto a esto, decenas de asistencias sanitarias protagonizan las fiestas navarras.

Este año, la Feria de Sevilla contó entre sus altercados con una agresión homófoba de un vigilante de seguridad o la batalla campal, con sillazos incluidos, que se sufrió en ese mismo evento.

La noche de San Juan en los últimos años ha visto cómo se han dado varios fallecimientos y decenas de heridos e intoxicados por diversas sustancias. Todo esto, sin entrar en detalles de las toneladas de desechos y basuras almacenadas que los asistentes dejan frente a sus hogueras como si con el fuego y el viento se fueran a disipar. Esta situación despertó una avalancha de quejas por la falta de civismo de la ciudadanía y la intolerancia con el medio ambiente.

Foto del estado en el quedaron las playas en la noche de San Juan.

Sin embargo, y respecto al Orgullo, artículos como este solo se centran en los desperfectos y altercados sucedidos, sin tener presente la gran función y objetivos de estas reivindicativas fiestas. Como vemos, la imagen que se ha vuelto a dar y su balance desembocan en un refuerzo de la relación que el colectivo mantiene de drogas, alcohol y el denigrante cliché de vicio.

Teniendo en cuenta que desfilaron por la manifestación del Orgullo más de 700.000 personas y que otros miles se sumaron a la fiesta en los diversos espacios LGTB, resulta inevitable que se produzcan diversas incidencias.

El porcentaje de altercados en este festejo no es para nada llamativo y entra dentro de la normalidad de cualquier macroevento. Por ello, fijar en un artículo tan solo los puntos negativos –aunque existan– ofrece al Orgullo una careta que no corresponde con lo que se esconde bajo ella en su cara verdadera.

Continuar con este ‘matrimonio’ de altercados, vicio, alcohol y drogas con la comunidad LGTBI, ya no solo cae en una mentira globalizada, sino que también respalda que para algunos la existencia de el “hazme reír” de Hazte OírVOX y demás organizaciones homófobas tengan en pleno siglo XXI relevancia –e incluso razón con noticias como estas– para la opinión pública.

Informar sobre estas alteraciones es necesario, incluso comprensible, para hacer reflexionar a la sociedad de la falta de civismo y de los abusos que se pueden cometer en muchos festejos. Sin embargo, basar una noticia en únicas y meras informaciones negativas que pueden favorecer el desprecio a lo LGTBI, cuando precisamente esta celebración se realiza para fomentar su aceptación, hace el más flaco de los favores a una, todavía, sociedad conservadora con necesidad de excusar su homofobia.

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